Simple.—Sí, ciertamente.
Aprisa.—¿No lleva unas grandes barbas redondeadas como la cuchilla de los guanteros?
Simple.—No, en verdad. Tiene una carita escuálida con un poquito de barba amarillenta, barba color de Caín.
Aprisa.—Hombre de espíritu apocado: ¿no es así?
Simple.—Muy cierto; pero tan apto para hacer valer sus manos como cualquiera. Se ha batido con un guarda-caza.
Aprisa.—¿Qué decís? ¡Oh, ya debería recordarlo! ¿No lleva muy erguida la cabeza y se pone tieso al caminar?
Simple.—Exactamente, así es como hace.
Aprisa.—Bien. No envíe el cielo peor fortuna á Ana Page. Decid al señor cura Evans que haré por vuestro señorito cuanto pueda. Ana es una buena doncella, y quiero.....
(Vuelve á entrar Rugbi.)
Rugbi.—Idos. ¡Ay! aquí viene mi amo.