Rugbi.—¡Ay, señor! Yo no entiendo de esgrima.

Caius.—Toma tu espada, canalla.

Rugbi.—Tened calma. Aquí viene gente.

(Entran el posadero, Pocofondo, Slender y Page.)

Posadero.—Dios te bendiga, bravo doctor.

Pocofondo.—Él os salve, señor doctor Caius.

Page.—¿Qué tal, mi buen doctor?

Slender.—Os deseo buen día, señor.

Caius.—¿Á qué habéis venido todos, uno, dos, tres, cuatro?

Posadero.—Á verte batiéndote, yendo á fondo, parando, replicando, yendo de aquí para allí, dando golpes de punta y de filo, haciendo tus pases, dando tus estocadas en tercia, en cuarta, y, en fin, tu flanconada. ¿Ha muerto, etíope mío? ¿Ha muerto, Francisco mío? ¡Ah, bravo! ¿Qué dice mi Esculapio, mi Galeno? ¿Mi corazón de saúco? Ah! ¿Está muerto, bravo Stale? ¿Está muerto?