Pocofondo.—¿Qué tal, señor cura? Buenos días, buen señor Hugh. Quien quiera hacer una maravilla, que separe de los dados á un jugador y dé su libro á un estudiante.
Slender.—¡Ah, dulce Ana Page!
Page.—Dios os guarde, buen señor Hugh.
Evans.—Él os bendiga á todos por su misericordia.
Pocofondo.—¡Qué! ¿La espada y la palabra? ¿Estudiáis una y otra, señor cura?
Page.—¿Y todavía andáis en cuerpo, como un jovencito, en un día tan crudo y reumático?
Evans.—Hay motivos y razones para ello.
Page.—Hemos venido á encontraros, señor cura, con ánima de hacer una buena acción.
Evans.—Muy bien. ¿Cuál es?
Page.—Allá hay un venerable caballero, que juzgándose ofendido por alguna persona, está en la más terrible lucha que se pueda ver con su propia gravedad y paciencia.