Lucio.—Pero ¿qué haré, señora? ¿Nada más que correr al Capitolio? ¿Y regresar lo mismo que he ido, y nada más?
Porcia.—Sí, y avísame si tu amo parece bien, porque se fué un poco enfermo; y observa bien lo que hace César, y qué séquito le rodea.—¡Escucha! ¿Qué ruido es ese?
Lucio.—No alcanzo a oir nada, señora.
(Entra el adivino.)
Porcia.—Acércate, mozo. ¿Por dónde has andado?
Adivino.—En mi propia casa, señora.
Porcia.—¿Qué hora es?
Adivino.—Cerca de las nueve, señora.
Porcia.—¿Ha ido ya César al Capitolio?
Adivino.—Todavía no, señora. Voy á tomar un sitio para verle pasar al Capitolio.