Pistol.—Á la prueba: venid.

Evans.—Venid. ¿Arderá esta madera?

(Le queman con sus bujías.)

Falstaff.—¡Oh! ¡Oh! ¡Oh!

Aprisa.—¡Corrompido, corrompido y manchado por la lujuria! Á él, duendes y hadas. Entonad una canción de desprecio, y mientras saltáis, idlo pinchando á compás.

Evans.—Es justo. Está lleno de lujuria é iniquidad.

Canción.

¡Vergüenza para quien ama
la sensualidad y el vicio!
Su pasión es una llama
que se extiende más y más
desde el corazón impuro
donde la aviva el deseo:
es fuego de un antro oscuro
que no se extingue jamás!

Pinchadle, una por una,
por su villano intento,
y en torno de él girando
quemadle sin piedad,
mientras hay luz de luna
que alumbre el firmamento,
y estrellas derramando
su pura claridad.

(Durante la canción, las hadas pinchan á Falstaff. El doctor Caius llega por un lado y se escapa con una hada vestida de verde; Slender por otro lado se lleva á una vestida de blanco. Y llega Fenton y se lleva á Ana Page. Se oye adentro ruido de caza: todas las hadas huyen. Falstaff se quita la cabeza de gamo y se levanta.—Entran Page, Ford, señora Page y señora Ford, y se apoderan de él.)

Page.—No hay que huir. Me parece que esta vez os hemos atrapado. ¿No habrá nadie sino Herne el cazador que haga vuestro negocio?