César.—Cuando Antonio emprenda la carrera, te colocarás directamente en su camino. Antonio!
Antonio.—César, mi señor.
César.—No olvides, Antonio, en la rapidez de tu carrera, el tocar á Calfurnia; porque al decir de nuestros mayores, las estériles tocadas en esta santa carrera, se libertan de la maldición de su esterilidad.
Antonio.—Tengo de recordarlo. Cuando César dice Haz esto, se hace.
Adivino.—César.
César.—¡Ea! ¿Quién llama?
Casca.—¡Que cese todo ruido! otra vez, ¡silencio!
César.—¿Quién de entre la multitud me ha llamado? Oigo una voz más vibrante que toda la música, clamar César. Habla. César se detiene á oirte.
Adivino.—¡Cuidado con los idus de Marzo!
César.—¿Quién es este hombre?