Lucilio.—(Adentro.)—No tendréis entrada.

Poeta.—Nada me detendrá sino la muerte. (Entra el poeta.)

Casio.—¿Qué hay ahora? ¿qué sucede?

Poeta.—En nombre de la vergüenza, generales, ¿qué intentáis? Amaos y sed amigos cual cumple á dos hombres como vosotros. Porque estoy cierto de haber vivido más años que vosotros.

Casio.—¡Ha! ¡ha! ¡Qué detestablemente rima este cínico!

Bruto.—¡Fuera de aquí, villano! ¡Mozo impudente, fuera!

Casio.—Tened paciencia con él, Bruto. Es su manera.

Bruto.—Yo sabré soportar su genialidad, cuando él sepa escoger la ocasión.—¿Qué tiene que hacer la guerra con estos necios danzantes?—¡Camarada, fuera!

Casio.—¡Fuera! ¡fuera! Marchaos. (Sale el poeta.)

(Entran Lucilio y Ticinio.)