Casio.—¡Oh querido hermano! Esta noche ha tenido un mal principio. Que jamás semejante disensión surja entre nuestras almas! No dejéis que suceda, Bruto.
Bruto.—Ya está bien todo.
Casio.—Buenas noches, mi señor.
Bruto.—Buenas noches, buen hermano.
Ticinio.—Buenas noches, Bruto, mi señor.
Bruto.—Adios á cada uno. (Salen Casio, Ticinio y Messala.—Vuelve á entrar Lucio con la túnica.)—Dame mi túnica. ¿Dónde está tu instrumento?
Lucio.—Aquí en la tienda.
Bruto.—¡Qué! ¿Hablas medio dormido? Pobre bellaco, no te culpo: has vigilado con exceso.—Llama á Claudio y algunos otros de mis hombres. Los haré dormir en mi tienda sobre almohadones.
Lucio.—¡Varro y Claudio! (Entran Varro y Claudio.)
Varro.—¿Llamáis, señor?