Messala.—¿Cómo murió mi señor, Strato?

Strato.—Mantuve su espada y se arrojó sobre ella.

Messala.—Octavio, tomadle y que os siga, pues prestó á mi señor el último servicio.

Antonio.—Este fué el más noble romano entre todos ellos. Todos los conspiradores, excepto él, hicieron lo que hicieron sólo por envidia al gran César; sólo él, al asociarse á ellos, fué guiado por un pensamiento de general honradez y del bien común á todos. Su vida era pura, y de tal modo se combinaron en él los elementos, que la naturaleza, irguiéndose, puede decir al mundo: «¡Este era un hombre!»

Octavio.—Tratémosle conforme á sus virtudes, con todo respeto y solemnidad en sus funerales. Sus restos descansarán esta noche en mi tienda como los de un soldado con los debidos honores. Haced, pues, que reposen las tropas y vámonos á compartir las glorias de este afortunado día!

(Salen.)


COMO GUSTÉIS.