ACTO V
ESCENA PRIMERA
Cementerio contiguo á una iglesia
Sepultureros primero y segundo
Sepulturero 1.º—¿Y es la que ha de sepultarse en tierra sagrada, la que deliberadamente ha conspirado contra su propia salvación?
Sepulturero 2.º—Dígote que sí: con que haz presto el hoyo. El juez ha reconocido ya el cadáver, y ha dispuesto que se la entierre en sagrado.
Sepulturero 1.º—Yo no entiendo cómo va eso... Aun si se hubiera ahogado haciendo esfuerzos para librarse, anda con Dios.
Sepulturero 2.º—Así han juzgado que fué.
Sepulturero 1.º—No, no, eso fué se offendendo; ni puede haber sido de otra manera, porque... ve aquí el punto de la dificultad: Si yo me ahogo voluntariamente, esto arguye por de contado una acción, y toda acción consta de tres partes, que son: hacer, obrar y ejecutar; de donde se infiere, amigo Rasura, que ella se ahogó voluntariamente.
Sepulturero 2.º—¡Qué!... Pero óigame ahora el tío Socaba.
Sepulturero 1.º—No, deja, yo te diré. Mira, aquí está el agua. Bien. Aquí está el hombre. Muy bien... Pues, señor, si este hombre va y se mete dentro del agua, se ahoga á sí mismo; porque por fas ó por nefas, ello es que él va... Pero atiende á lo que digo. Si el agua viene hacia él y le sorprende y le ahoga, entonces no se ahoga él á sí propio... Compadre Rasura, el que no desea su muerte no se acorta la vida.
Sepulturero 2.º—Y qué, ¿hay leyes para eso?