Enrique.—V. A. acaba de hacer justicia imparcial en cuanto ha dicho de él.
Hamlet.—Sí; pero sépase á qué propósito nos enronquecemos ahora, entrometiendo en nuestra conversación las alabanzas de ese galán.
Enrique.—¿Cómo decís, señor?
Horacio.—¿No fuera mejor que le hablarais con más claridad? Yo creo, señor, que no os sería difícil.
Hamlet.—Digo que ¿á qué viene ahora hablar de ese caballero?
Horacio.—¡Eh! ya vació cuanto tenía, y se le acabó la provisión de frases brillantes.
Hamlet.—Sí; señor; de ése mismo.
Enrique.—Yo creo que no estaréis ignorante de...
Hamlet.—Quisiera que no me tuvierais por ignorante; bien que vuestra opinión no me añadiría un gran concepto... Y bien, ¿qué más?