Laertes.—Adiós.

ESCENA IX
POLONIO, OFELIA

Polonio.—¿Y qué es lo que te ha dicho, Ofelia?

Ofelia.—Si gustáis de saberlo, cosas relativas al príncipe Hamlet.

Polonio.—Bien pensado, en verdad. Me han dicho que de poco tiempo á esta parte te ha visitado varias veces privadamente, y que tú le has admitido con mucha complacencia y libertad. Si esto es así (como me lo han asegurado, á fin de que prevenga el riesgo), debo advertirte que no te has portado con aquella delicadeza que corresponde á una hija mía y á tu propio honor. ¿Qué es lo que ha pasado entre los dos? Dime la verdad.

Ofelia.—Ultimamente me ha declarado con mucha ternura su amor.

Polonio.—¡Amor! ¡ah! Tú hablas como una muchacha loquilla y sin experiencia en circunstancias tan peligrosas. ¡Ternura la llamas! ¿Y tú das crédito á esa ternura?

Ofelia.—Yo, señor, ignoro lo que debo creer.

Polonio.—En efecto es así, y yo quiero enseñártelo. Piensa bien, que eres una niña, que has recibido por verdadera paga esas ternuras que no son moneda corriente. Estímate en más á ti propia; pues si te aprecias en menos de lo que vales (por seguir la comenzada alusión), harás que pierda el entendimiento.

Ofelia.—El me ha requerido de amores, es verdad; pero siempre con una apariencia honesta, que...