Hamlet.—Dejadme.
Horacio.—Creedme, no le sigáis.
Hamlet.—Mis hados me conducen y prestan á la menor fibra de mi cuerpo la nerviosa robustez del león de Nemea. Aun me llama... Señores, apartad esas manos... por Dios... ó quedará muerto á las mías el que me detenga... Otra vez te digo que andes, que voy á seguirte.
ESCENA XI
HORACIO, MARCELO
Horacio.—Su exaltada imaginación le arrebata.
Marcelo.—Sigámosle, que en esto no debemos obedecerle.
Horacio.—Sí, vamos detrás de él... ¿Cuál será el fin de este suceso?
Marcelo.—Algún grave mal se oculta en Dinamarca.
Horacio.—Los cielos dirigirán el éxito.
Marcelo.—Vamos, sigámosle.