Hamlet.—Sobre mi espada.
Marcelo.—Ved que ya lo hemos prometido.
Hamlet.—Sí, sí, sobre mi espada.
La sombra.—Juradlo.
(Se oirá la voz de la sombra, que suena á varias distancias debajo de tierra. Hamlet y los demás, horrorizados, mudan de situación, según lo indica el diálogo.)
Hamlet.—¡Ah! ¿eso dices?... ¿Estás ahí, hombre de bien?... Vamos, ya le oís hablar en lo profundo. ¿Queréis jurar?
Hamlet.—Que nunca diréis lo que habéis visto. Juradlo por mi espada.
La sombra.—Juradlo.
Hamlet.—¿Hic et ubique? Mudaremos de lugar. Señores, acercaos aquí; poned otra vez las manos en mi espada, y jurad por ella que nunca diréis nada de esto que habéis oído y visto.