No más que una hermosa hija
á quien amaba en extremo.

Polonio.—Siempre pensando en mi hija.

Hamlet.—¿No tengo razón, anciano Jefté?

Polonio.—Señor, si me llamáis Jefté, cierto es que tengo una hija á quien amo en extremo.

Hamlet.—¡Oh! no es eso lo que sigue.

Polonio.—Pues ¿qué sigue, señor?

Hamlet.—Esto:

No hay más suerte que Dios, ni más destino. Y luego, ya sabes:

Que cuanto nos sucede El lo previno.

Lee la primera línea de aquella devota canción, y ella sola te manifestará lo demás. Pero, ¿veis? Ahí vienen otros á hablar por mí.