Bernardo.—Con la misma figura que tenía el difunto rey.
Marcelo.—Horacio, tú que eres hombre de estudios, háblale.
Bernardo.—¿No se parece todo al rey? Mírale, Horacio.
Horacio.—Muy parecido es... Su vista me conturba con miedo y asombro.
Bernardo.—Querrá que le hablen.
Marcelo.—Háblale, Horacio.
Horacio (se encamina hacia donde está la sombra).—¿Quién eres tú, que así usurpas este tiempo á la noche, y esa presencia noble y guerrera que tuvo un día la majestad del soberano dinamarqués que yace en el sepulcro? Habla: por el cielo te lo pido.
(Vase la sombra á paso lento).
Marcelo.—Parece que está irritado.
Bernardo.—¿Ves? Se va como despreciándonos.