El salón estará iluminado; habrá asientos que formen semicírculo para el concurso que ha de asistir al espectáculo. Ha de haber en el foro una gran puerta con pabellones y cortina, por donde saldrán á su tiempo los actores que deben representar.
HAMLET y dos cómicos
Hamlet.—Dirás este pasaje en la forma que te le he declamado yo: con soltura de lengua, no con voz desentonada, como lo hacen muchos de nuestros cómicos; más valdría entonces dar mis versos al pregonero para que los dijese. Ni manotees así acuchillando el aire; moderación en todo, puesto que aun en el torrente, la tempestad, y por mejor decir, el huracán de las pasiones, se debe conservar aquella templanza que hace suave y elegante la expresión. A mí me desazona en extremo ver á un hombre muy cubierta la cabeza con su cabellera, que á fuerza de gritos estropea los afectos que quiere exprimir, y rompe y desgarra los oídos del vulgo rudo, que sólo gusta de gesticulaciones insignificantes y de estrépito. Yo mandaría azotar á un energúmeno de tal especie; Herodes de farsa, más furioso que el mismo Herodes. Evita, evita este vicio.
Cómico 1.º—Así os lo prometo.
Hamlet.—Ni seas tampoco demasiado frío; tu misma prudencia debe guiarte. La acción debe corresponder á la palabra, y ésta á la acción, cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza. No hay defecto que más se oponga al fin de la representación, que desde el principio hasta ahora ha sido y es ofrecer á la naturaleza un espejo en que vea la virtud su propia forma, el vicio su imagen, cada nación y cada siglo sus principales caracteres. Si esta pintura se exagera ó se debilita, excitará la risa de los ignorantes; pero no puede menos de disgustar á los hombres de buena razón, cuya censura debe ser para vosotros de más peso que la de toda la multitud que llena el teatro. Yo he visto representar á algunos cómicos, que otros aplaudían con entusiasmo, por no decir con escándalo, los cuales no tenían acento ni figura de cristianos, ni de gentiles, ni de hombres; que al verlos hincharse y bramar no los juzgué de la especie humana, sino unos simulacros rudos de hombres, hechos por algún mal aprendiz. Tan inicuamente imitaban la naturaleza.
Cómico 1.º—Yo creo que en nuestra compañía se ha corregido bastante ese defecto.
Hamlet.—Corregidle del todo, y cuidad también que los que hacen de payos no añadan nada á lo que está escrito en su papel; porque algunos de ellos, para hacer reir á los oyentes más adustos, empiezan á dar risotadas, cuando el interés del drama debería ocupar toda la atención. Esto es indigno, y manifiesta en los necios que lo practican el ridículo empeño de lucirlo. Id á prepararos.
ESCENA IX
HAMLET, POLONIO, RICARDO, GUILLERMO
Hamlet.—Y bien, Polonio, ¿gustará al rey de oir esta pieza?
Polonio.—Sí, señor, al instante, y la reina también.