Ofelia.—¡Qué malo, qué malo sois! Pero dejadme atender á la pieza.
Cómico 4.º—Humildemente os pedimos
que escuchéis esta tragedia,
disimulando las faltas
que haya en nosotros y en ella.
Hamlet.—¿Es esto prólogo, ú mote de sortija?
Ofelia.—¡Qué corto ha sido!
ESCENA XIII
Cómico primero, cómico segundo y dichos
Cómico 1.º—Ya treinta vueltas dió de Febo el carro á las ondas saladas de Nereo y al globo de la tierra, y treinta veces con luz prestada han alumbrado el suelo doce lunas, en giros repetidos, después que el dios de amor y el himeneo nos enlazaron, para dicha nuestra, en nudo santo el corazón y el cuello.
Cómico 2.º—Y ¡oh! quiera el cielo que otros tantos giros á la luna y al sol, señor, contemos antes que el fuego; de este amor se apague. Pero es mi pena inconsolable al veros doliente, triste y tan diverso ahora de aquel que fuisteis... Tímida recelo... Mas toda mi aflicción nada os conturbe; que en pecho femenil llega al exceso el temor y el amor. Allí residen en igual proporción ambos afectos, ó no existe ninguno, ó se combinan éste y aquél con el mayor extremo. Cuán grande es el amor que á vos me inclina, las pruebas lo dirán que dadas tengo; pues tal es mi temor. Si un fino amante, sin motivo tal vez vive temiendo, la que al veros así toda es temores, muy puro amor abrigará en el pecho.
Cómico 1.º—Sí, yo debo dejarte, amada mía; inevitable es ya; cederán presto á la muerte mis fuerzas fatigadas; tú vivirás, gozando del obsequio y el amor de la tierra. Acaso entonces un digno esposo...
Cómico 2.º—No, dad al silencio esos anuncios. ¿Yo? Pues ¿no serían traición culpable en mí tales afectos? ¿Yo un nuevo esposo? No; la que se entrega al segundo señor, mató al primero.