Guillermo.—Se ha retirado á su cuarto con mucha destemplanza.
Hamlet.—¿De vino, eh?
Guillermo.—No, señor, de cólera.
Hamlet.—Pero ¿no sería más acertado írselo á contar al médico? ¿No veis que si yo me meto en hacerle purgar ese humor bilioso, puede ser que se le aumente?
Guillermo.—¡Oh! señor, dad algún sentido á lo que habláis, sin desentenderos con tales extravagancias de lo que os vengo á decir.
Hamlet.—Estamos de acuerdo. Prosigue pues.
Guillermo.—La reina vuestra madre, llena de la mayor aflicción, me envía á buscaros.
Hamlet.—Seáis muy bien venido.
Guillermo.—Esos cumplimientos no tienen nada de sinceridad. Si queréis darme una respuesta sensata, desempeñaré el cargo de la reina; si no, con pediros perdón y retirarme se acabó todo.
Hamlet.—Pues, señor, no puedo.