Ofelia.—Sí, voy á acabar: sin jurarlo, os prometo que la voy á concluir.
¡Ay, mísera! ¡Cielos!
¡Torpeza, villana!
¿Qué galán desprecia
ventura tan alta?
Pues todos son falsos,
le dice indignada:
antes que en tus brazos
me mirase incauta,
de hacerme tu esposa
me diste palabra.
Y abriendo las puertas
entró la muchacha,
que viniendo virgen
volvió desflorada.
Claudio.—¿Cuánto ha que está así?
Ofelia.—Yo espero que todo irá bien... Debemos tener paciencia... (Se entristece y llora). Pero yo no puedo menos de llorar considerando que le han dejado sobre la tierra fría... Mi hermano lo sabrá... preciso... Y yo os doy las gracias por vuestros buenos consejos... (Con mucha viveza y alegría). Vamos, la carroza. Buenas noches, señoras, buenas noches. Amiguitas, buenas noches, buenas noches, buenas noches.
Claudio (á Horacio).—Acompáñala á su cuarto, y haz que la asista suficiente guardia. Yo te lo ruego.
ESCENA XIV
CLAUDIO, GERTRUDIS
Claudio.—¡Oh! todo es efecto de un profundo dolor; todo nace de la muerte de su padre; y ahora observo, Gertrudis, que cuando los males vienen, no vienen esparcidos como espías, sino reunidos en escuadrones. Su padre muerto, tu hijo ausente habiendo dado él mismo justo motivo á su destierro), el pueblo alterado en tumulto con dañadas ideas y murmuraciones sobre la muerte del buen Polonio, cuyo entierro oculto ha sido no leve imprudencia de nuestra parte; la desdichada Ofelia fuera de sí, turbada su razón, sin la cual somos vanos simulacros, ó comparables sólo á los brutos, y por último (y esto no es menos esencial que todo lo restante), su hermano, que ha venido secretamente de Francia, y en medio de tan extraños casos, se oculta entre sombras misteriosas, sin que falten lenguas maldicientes que envenenen sus oídos, hablándole de la muerte de su padre. Ni en tales discursos, á falta de noticias seguras, dejaremos de ser citados continuamente de boca en boca. Todos estos afanes juntos, mi querida Gertrudis, como una máquina destructora que se dispara, me dan muchas muertes á un tiempo.
(Suena á lo lejos un rumor confuso, que se irá aumentando durante la escena siguiente).
Gertrudis.—¡Ay Dios! ¿Qué estruendo es éste?