Gertrudis.—¡Desgraciada! ¿Veis esto, señor?
Ofelia.—Blancos pañales le vestían
como la nieve del monte,
y al sepulcro le conducen
cubierto de bellas flores,
que en tierno llanto de amor
se humedecieron entonces.
Claudio.—¿Cómo estás, graciosa niña?
Ofelia.—Buena: Dios os lo pague... Dicen que la lechuza fué antes una doncella, hija de un panadero... ¡Ah!... Sabemos lo que somos ahora. Pero no lo que podemos ser... Dios vendrá á visitarnos.
Claudio.—Alusión á su padre.
Ofelia.—Pero no, no hablemos más en esto; y si os preguntan lo que significa, decid:
De san Valentino
la fiesta es mañana:
yo, niña amorosa,
al toque del alba
iré á que me veas
desde tu ventana,
para que la suerte
dichosa me caiga.
Despierta el mancebo,
se viste de gala.
Por el sol te juro
que no lo olvidara,
si tú no te hubieras
venido á mi cama.
Claudio.—¡Graciosa Ofelia!