Claudio.—Buen Laertes, si deseas saber la verdad acerca de la muerte de tu amado padre, ¿está escrito acaso en tu venganza que hayas de atropellar sin distinción amigos y enemigos, culpados é inocentes?

Laertes.—No, sólo á mis enemigos.

Claudio.—¿Querrás, sin duda, conocerlos?

Laertes.—¡Oh! á mis buenos amigos yo los recibiré con abiertos brazos, y semejante al pelícano amoroso los alimentaré, si necesario fuese, con mi sangre misma.

Claudio.—Ahora hablaste como buen hijo y como caballero. Laertes, ni tengo culpa en la muerte de tu padre, ni alguno ha sentido como yo su desgracia. Esta verdad deberá ser tan clara á tu razón, como á tus ojos la luz del día.

Voces.—Dejadla entrar.

(Ruido y voces dentro).

Laertes.—¿Qué novedad... qué ruido es éste?

ESCENA XVII

CLAUDIO, GERTRUDIS, LAERTES, OFELIA, acompañamiento. Ofelia sale vestida de blanco, el cabello suelto, y una guirnalda en la cabeza, hecha de paja y flores silvestres, trayendo, en el faldellín muchas flores y hierbas.