No levantándose nadie para hacerles cargos, continúan en sus funciones hasta la llegada de los generales que deben sustituirles, Demarco, hijo de Epícides; Miscón, hijo de Menécrates, y Pótamis, hijo de Gnosias. La mayor parte de los comandantes de las naves juran les harán levantar el destierro así que lleguen a Siracusa; cólmanles de elogios y les dejan marchar a donde quieran. Principalmente los que habían frecuentado la amistad de Hermócrates, le echaban de menos por su actividad, su celo y su amabilidad: en efecto, cada día, mañana y tarde, reunía en su tienda a los comandantes más distinguidos de las naves, así como a los mejores pilotos y marinos; comunicábales lo que tenía intención de decir y hacer, y les enseñaba a hablar, obligándoles unas veces a expresarse sin preparación alguna, y otras después de haber meditado unos momentos. De este modo había adquirido Hermócrates gran consideración en el consejo, y se le tenía por el que mejor hablaba y que daba mejores consejos. Habiendo acusado en otro tiempo a Tisafernes en Esparta[14], y habiendo parecido fundada su acusación, sostenida por el testimonio de Astíoco, Hermócrates se dirige a Farnabazo, quien le ofrece dinero sin aguardar a que lo pida, y reuniendo tropas mercenarias y trirremes, se prepara para regresar a Siracusa. Mientras tanto llegan a Mileto los generales nuevamente nombrados por los siracusanos, y allí toman posesión del mando de las naves y del ejército.

Declárase hacia el mismo tiempo una sedición en Tasos, siendo vencidos los partidarios de Lacedemonia y Eteónico, el harmosta[15] espartano. Pasípidas, oriundo de Esparta, acusado de haber preparado con Tisafernes aquella sedición, es desterrado de su población natal, y como había reunido la escuadra de los aliados, envían a Cratesípidas para que tome el mando, quien la encuentra en Quíos.

En esta misma época, mientras que Trasilo está en Atenas, Agis hace una salida de Decelia[16] y llega, devastando la campiña, hasta los mismos muros de Atenas; Trasilo, al frente de los atenienses y de cuantos allí se encuentran, sale de la ciudad y coloca sus tropas a lo largo del gimnasio del Liceo, en disposición de combatir si los enemigos avanzan, al ver lo cual Agis emprende prontamente la retirada, no sin que sean muertos por las tropas ligeras algunos de sus rezagados. Con este motivo hállanse los atenienses más dispuestos a conceder a Trasilo el auxilio que había venido a impetrar, y decretan que puede reclutar mil hoplitas, cien caballos y cincuenta trirremes.

Al ver Agis desde Decelia que entran en el Pireo con las velas desplegadas gran cantidad de naves cargadas de trigo, declara que ninguna utilidad pueden prestar sus tropas bloqueando por tierra a Atenas, si no se les impide el aprovisionamiento por mar, y que el mejor partido sería mandar a Calcedonia y a Bizancio al hijo de Aristómenes y a Clearco, hijo de Ranfias, huésped público[17] de los bizantinos. Habiéndose adoptado este parecer en Lacedemonia, se hace a la vela aquel con quince naves, equipadas por los megarenses y demás aliados, si bien eran más propias para el transporte de soldados que para navegar con velocidad; por lo cual tres de ellas son echadas a pique en el Helesponto por las nueve naves atenienses que vigilan continuamente los buques enemigos, y las restantes huyen a Sesto, y de allí se refugian en Bizancio.

Así terminó este año, durante el cual invaden Sicilia los cartagineses, bajo el mando de Aníbal[18], con un ejército de cien mil hombres; y en el espacio de tres meses se apoderan de dos ciudades griegas, Selinunte e Hímera.

CAPÍTULO II.

Al año siguiente, el de la nonagesimatercia olimpiada[19], en la cual Evágoras de Elea alcanzó el premio en la carrera del carro tirado por dos caballos, y Eubotas, el cireneo, el del estadio, siendo éforo en Esparta Evárquipo, y arconte en Atenas Euctemon, los atenienses fortifican Tórico, y Trasilo, tomando los buques que le han sido decretados, arma como peltastas[20] cinco mil marineros para que puedan hacer igualmente los dos servicios, y se hace a la vela en dirección a Samos, al comenzar el verano. Permanece allí tres días, partiendo después para Pígela[21], cuyo territorio devasta, y comienza el sitio. Habiendo acudido en auxilio de los sitiados algunos habitantes de Mileto, persiguen a las tropas ligeras atenienses que se hallaban en desorden; pero los peltastas y dos cohortes de hoplitas[22], acudiendo a socorrer a las tropas ligeras, dan muerte a casi todos los milesios, toman unos doscientos escudos y levantan un trofeo. Al día siguiente se hacen a la vela en dirección a Notio[23], y después de hacer sus preparativos, se dirigen a Colofón, cuyos habitantes les reciben amistosamente. Invaden durante la noche inmediata las comarcas de Lidia, en que el trigo está ya en sazón, incendian varias poblaciones y se apoderan del dinero, de los esclavos y de un rico botín. El persa Estages, que se hallaba en dicha comarca, aprovechándose de un momento en que los atenienses se hallaban dispersos fuera del campamento para saquear por su cuenta, se arroja sobre ellos con su caballería, les mata siete hombres y les hace un prisionero. Trasilo, después de esta proeza, recoge a su ejército junto al mar para dirigirse a Éfeso; pero adivinando Tisafernes sus designios, reúne numeroso ejército y envía gente de a caballo para exhortar a todos a que vayan a socorrer a Ártemis Diana en Éfeso.

Diez y siete días después de la invasión se hace a la mar Trasilo en dirección a Éfeso, y desembarcando a sus hoplitas junto al Coreso[24], ordena a su caballería, a los peltastas, a los marinos y al resto de sus tropas se queden junto a los pantanos, a la otra parte de la ciudad, y así que apunta el día hace avanzar a sus dos cuerpos de ejército. Las tropas de la plaza, con el refuerzo de los aliados mandados por Tisafernes y el de los siracusanos (así los de las veinte naves primeras como los de otras cinco que habían llegado recientemente con los generales Eucles, hijo de Hipón, y Heraclides, hijo de Aristógenes) y además con dos naves de Selinunte[25], se dirigen a su encuentro. Reunidas todas esas tropas, derrotan primeramente a los hoplitas acampados junto al Coreso, y después de ponerles en fuga, de causarles unas cien bajas y de haber perseguido hasta el mar a los fugitivos, se dirigen contra las tropas de los pantanos; son asimismo derrotados los atenienses, que perecen en número de unos trescientos. Los efesios levantan allí un trofeo y otro junto al Coreso; dan premios por su valentía a los siracusanos y a los selinusios, así en general como a algunos de ellos en particular, y conceden inmunidad completa de impuestos al que quiera domiciliarse en la ciudad. Conceden asimismo el derecho de ciudad a los selinusios cuya patria había sido recientemente destruida[26].

Los atenienses, después de recoger sus muertos por una tregua, regresan a Notio; les dan allí sepultura, y se hacen a la vela en dirección a Lesbos y al Helesponto. Mientras están anclados delante de Metimna, ciudad de Lesbos, distinguen a veinticinco naves siracusanas que volvían de Éfeso, y arrojándose a ellas, se apoderan de cuatro con todo su equipaje, y persiguen hasta Éfeso a las restantes. Trasilo envía a Atenas los prisioneros, y suelta únicamente al ateniense Alcibíades, primo y compañero de destierro del otro Alcibíades. Con el resto del ejército se hace a la vela para Sesto, y de allí pasa a Lámpsaco. Llega, sin embargo, el invierno, durante el cual los cautivos siracusanos, que habían sido encerrados en las canteras del Pireo, perforando la roca se evaden de noche y huyen unos a Decelia y otros a Mégara. Quiere Alcibíades formar en Lámpsaco un solo cuerpo de ejército con todas sus tropas; pero sus soldados veteranos, que nunca habían sido vencidos, no quieren reunirse con los de Trasilo, que acaban de sufrir una derrota. Pasan todos el invierno en Lámpsaco fortificando dicha plaza, y verifican una expedición contra Abido, en la cual, acudiendo en socorro de esta Farnabazo con numerosa caballería, es derrotado y tiene que declararse en fuga. Alcibíades le persigue con sus caballos y ciento veinte hoplitas mandados por Menandro, hasta que la oscuridad les impide seguir en su persecución. Después de este combate, mézclanse los soldados y fraternizan los suyos con los de Trasilo. Realízanse en el mismo invierno algunas excursiones en el continente, en las cuales son devastados los territorios del rey. Durante este tiempo los lacedemonios, gracias a un tratado, dejan retirarse libremente a los hilotas sublevados, que habían huido a Corifasio[27] desde Malea. También en dicha época los aqueos hacen traición a los colonos de Heraclea de Traquinia[28], en un combate general contra los eteos, sus enemigos; de manera que perecieron unos setecientos de ellos, con Labotas, harmosta lacedemonio.

Así terminó este año, en el que los medos sublevados contra Darío, rey de los persas, volvieron a acatar su autoridad.