—«Agesilao —le dice—, quiero estar unido contigo por los lazos de la hospitalidad.

—Yo te recibo como huésped.

—No lo olvides.»

Inmediatamente toma su lanza que era muy preciosa y la da a Agesilao; este la recibe, y quitando los magníficos adornos del caballo de su secretario Ideo, los da al joven, quien salta sobre su caballo y corre para alcanzar a su padre. Posteriormente otro de los hijos de Farnabazo, durante la ausencia del padre se apoderó del poder y destierra al hijo de Parapita. Entonces Agesilao rodéale de cuidados y hace cuanto puede para que el hijo del ateniense Evalces, de quien se hallaba prendado, sea admitido en Olimpia al combate de la carrera, a pesar de ser el de más edad entre los muchachos.

Conforme lo había ofrecido a Farnabazo, Agesilao evacuó en seguida el territorio de aquel; acercábase ya la primavera. Llegado a la llanura de Tebe, acampa junto al templo de Diana Astirene[123], y allí ocúpase en reunir numerosas tropas de todas partes para aumentar las que tiene, pues se preparaba para penetrar tan adentro como pudiera en el interior de Asia, creyendo que cuantos pueblos dejase atrás se sublevarían contra el rey.

CAPÍTULO II.

Hallábanse así las cosas[124], cuando los lacedemonios, sabedores positivamente de que se han derramado por Grecia grandes cantidades de dinero, y que las ciudades más importantes se han coaligado contra ellos para hacerles la guerra, consideran en peligro su república y juzgan necesaria una campaña. Mientras están preparándolo todo para este objeto, envían junto a Agesilao a Epicídidas, quien le expone el estado general de los negocios y le transmite la orden de marchar inmediatamente en auxilio de su patria. Experimenta Agesilao vivo sentimiento por esta noticia, al pensar los honores y esperanzas de que se halla privado; juntando, sin embargo, a los aliados[125], les muestra las órdenes de su patria y les dice que es necesario vayan a prestar auxilio a aquella; «pero podéis estar seguros —añade—, oh aliados, de que cuando marchen bien los asuntos, no solo no os olvidaré, sino que volveré en medio de vosotros para poder llevar a buen término lo que todos deseáis.» Al oír esto, muchos derraman lágrimas y todos decretan ir con Agesilao a socorrer a Lacedemonia, y que si, como es de esperar, todo marcha bien, conservándole como jefe, vuelvan de nuevo a Asia, por lo cual se preparan para seguirle. Deja Agesilao en Asia al gobernador Éuxeno al frente de las guarniciones, en número no inferior a cuatro mil hombres, para que pueda conservar las ciudades; pero al apercibirse de que la mayor parte de los soldados tienen más deseos de quedarse que de ir a combatir con otros griegos, queriendo llevarse en buen número a los mejores, ofrece premios a las ciudades que envíen un ejército más aguerrido, así como a los capitanes de tropas mercenarias que le presenten las compañías mejor armadas y disciplinadas, así de hoplitas como de arqueros y peltastas. Anuncia asimismo un premio para el comandante de caballería que del propio modo presente el escuadrón mejor montado y armado. Declara que la distribución de esos premios tendrá lugar en el Quersoneso después que se haya pasado de Asia a Europa, a fin de que comprendan bien quiere distinguir a los que deben formar parte de la expedición. Los premios eran en su mayor parte armas lujosamente labradas, así de infantería como de caballería; algunas de las recompensas eran coronas de oro. El valor total de los premios ofrecidos no bajaba de cuatro talentos, y a pesar de su excesivo coste, consagrose aún mucho dinero a comprar armas de toda especie para el ejército. Después de haber atravesado el Helesponto, establece como jueces a los espartanos Menasco, Herípidas y Orsipo y a un ciudadano de cada una de las poblaciones aliadas. Después de la distribución de premios se dirige a la cabeza de su ejército a Grecia, por el mismo camino que había seguido el rey[126] en su expedición contra el territorio griego.

Los éforos deciden que comience la campaña, y la ciudad, por la menor edad de Agesípolis, elige a su tutor y pariente Aristodemo, para dirigirla. Así que han pasado la frontera los lacedemonios, reúnense sus enemigos en asamblea para deliberar sobre el modo más favorable de librar combate. El corintio Timolao toma la palabra y dice:

«Aliados: Paréceme que los lacedemonios se asemejan a aquellos ríos que junto a su manantial son pequeños y fáciles de pasar, pero a medida que avanzan se hacen cada vez más violentos por la reunión de otros ríos que a ellos afluyen; del propio modo los lacedemonios, cuando salen de su ciudad, hállanse solos y aislados, pero a medida que se apoderan de las ciudades van engrosando y se hacen más difíciles de combatir. Veo también, añadió, que cuando los que quieren destruir las abejas las persiguen mientras vuelan en libertad, lo único que consiguen es experimentar numerosas picaduras; pero, por el contrario, cuando las atacan con el fuego en el interior de su morada, sin padecer ningún daño se apoderan de todas ellas. Hácenme pensar estas reflexiones, que lo mejor es librar el combate a los lacedemonios lo más cerca posible de Laconia, ya que no se pueda en ese mismo país.»

Esta proposición es aceptada, por parecer a todos tiene razón el orador; pero mientras se discute sobre la jefatura y se acuerda el número de filas en que debe disponerse el ejército para el combate, a fin de que no den los diversos estados demasiado fondo a sus falanges, con lo cual permitirían a los lacedemonios les envolviesen, estos, reunidos ya a los tegeatas y mantineos, avanzan hacia el istmo. Con esta rápida marcha hállanse los lacedemonios en Sición, casi al mismo tiempo en que se encuentran los corintios en Nemea. Adelantan por la Epiecea[127]; pero los gimnetas enemigos[128], arrojándoles dardos y flechas desde lo alto de las colinas, hácenles mucho daño. Bajan entonces de nuevo hacia la costa y avanzan por la llanura, saqueando e incendiando el país. Llegan mientras tanto los corintios y acampan a la otra parte de un torrente[129]; cuando los lacedemonios se hallan a la distancia de diez estadios de sus adversarios asientan también estos su campo y se mantienen a la expectativa.