(20) Con todo ſe aliviò mucho con ver a D. Duarte, el qual deſpues de bezarle la mano, i entregarle Doña Leonor de Meneſes, ſu hermana (q̃ recogió en palacio) ſin dar quexas, ni ofrecer memoriales de ſervicios, ſe mezclò entre los demàs corteſanos, moderãdo cõ eſtas virtudes la fama militar, moleſta a los ocioſos, moſtrandoſe tan obediente a las advertencias del padre; que la primera accion, que hizo en la corte, fue disfraçar ſus merecimientos; i luego poco curioſo en el traje, i mui comedido en las palabras, ſe compuſo tanto, que los que ſolian juzgar las perſonas graves por ſolas las apariencias, preguntavã, porque era tan nombrado: mas elRey obligado ya de ſu talento, comunicandole muchas vezes ſobre las coſas de Berberia, en q̃ ocupava lo màs del tiempo, i dandole parte de los negocios ſecretos de maior importãcia; yva provando, i aprovando ſu prudẽcia, valor, i conſejo, con que un dia como en ſatisfacion publica le dixo eſtas, ò ſemejantes palabras delante de los Infantes, i otros grãdes, deſpues de referir los muchos ſervicios, que havia recebido de ſu mano.
Don Duarte, mucho pueden vueſtros meritos, pues llegan a obligar a un Rey, a que ſe mueſtre culpado, i arrepentido; ſiendo la coſa mâs indigna de la mageſtad, por lo que arguye de haverſe governado ſin conſejo, i con paſsion; teſtigo es Dios, que no la tuve quando os quité la ſuceſsion de Ceuta, pues ni por darla a un hijo mio lo hiziera; perô llevome a eſte yerro alguna informaciõ menos cierta, que la que es justo ſuene a los oydos reales. En eſto os confieſſo mi culpa, i la condeno, pues di maior credito a una embidia, que a la fama, que me aſſegurava de vos lo que aora veo. El daño es mio ſolamente, pues me quito vueſtra perſona del pueſto, que mâs le ajuſtava: pero mientras no ocupais los muchos, en que eſpero poneros, para ſatisfazerme deſta offenſa, quiero, que aſsiſtais a mi lado, dõde con vueſtro conſejo, i virtud me ſereis de igual utilidad, que en Ceuta. Sus peligros tiene el aconſejar los Principes: no os doi deſcanſo, ſino trabajo, ni premio, ſino merecimiẽto. Los q̃ grangeò vueſtro valor en la guerra cõtinuarâ en la paz vueſtra prudencia: uno i otro conſidero igualmẽte en vueſtro animo, con q̃ me obligais a no reparar en edad tan deſigual para eßo, preciandome de elegiros por conſejero, quando a penas llegais a veynte i quatro años.
Callô, i D. Duarte ſin alterarſe, ni enſoberbecerſe (ſiẽdo los favores de los Principes poderoſos a deſcomponer la modeſtia del eſpiritu màs hõrado) reſpõdio humilde, i agradable.
(21) Iurô con eſto de conſejero, oficio ſiẽpre de grande eſtima, i ſolo de rieſgo en tiẽpo de un mal Principe; poco deſpues le hizo Alferez maior, q̃ vacò por muerte de ſu padre, i le diò en propriedad la tenencia del caſtillo de Beja, ciudad de la provincia de Alentejo, una de las tres chancellerias, que los Romanos tuvieron en la Luſitania, conocida por el nombre de Pax Iulia. A eſtos cargos añadiò algunas rentas, i luego la muger; porque lo caſó con Doña Iſabel de Melo, hija de Martin Alonſo de Melo cavallero mui conocido en las hiſtorias Portugueſas, por ſu esfuerço, i calidad; viuda ya de Iuan Rodrigues Coutiño; el qual no dexando herederos, lo fue D. Iſabel de los bienes libres del primer marido, con que llevò gran dote al ſegundo.
(22) Eſtas, i otras mercedes tuvieron termino con la muerte delRey, que ſucediò a breves dias deſpues, porque ſe cansò la fortuna de ver premiar a un hombre, que lo merecia. Bolviò a picar la peſte en Avis, i elRey huyẽdo della, como de daño irreparable, ſe paſſó a Thomar; conociendo, que aquellas aflicciones eran pregoneros de Dios. Alli enfermò herido deſte mal (a lo que algunos dizen) ſi bien otros le dan por motivo el gran diſguſto, que le cauſó la perdida de Tanjar, i ſaber los malos tratamientos, que padecia el ſanto Infante D. Fernando en ſu cautiverio; porq̃ viendo el de Fez, que ſe dilatava la entrega de Ceuta, i que los Chriſtianos no paravan en ſus correrias penſó reduzirlos con el mal trato, que hazia al Infante, de cuyo fin, i virtudes diremos algo adelante.
(22) ElRey acabo de treze dias de ſu enfermedad, muriò a los nueve de Septiembre, de mil quatrocientos i treynta i ocho, a los quarenta i ſiete de ſu edad: perdida tan general creyeron pronoſticava el cielo eſpantoſo, el año antes, con ſeñales. Vieronſe cometas de exceſsiva grandeza, en diverſas partes. Padeciò el Sol eclypſe el miſmo dia de ſu muerte: en la de ſu coronacion, le avisô un Aſtrologo gran judiciario, i medico, por nombre Guedeja, reynaria poco, i ſiempre infelicemente: fue tan verdadero, q̃ no durò ſu govierno màs que cinco años; ſiẽpre con muertes, i entierros continuos. Los Portugueſes fatigados con tantos accidentes hizieron grandes demõſtraciones en ſu muerte; porq̃ lo contavan entre los mejores Reyes que tuvieron; ſiendo tan ſabio, i virtuoſo, como deſdichado: i quanto es dificil hallarſe un Rey tan bueno, i querido, como el lo fue de ſus ſubditos, tanto màs lamentavan eſta falta, perſuadidos, a que como es merced rara del cielo, un Principe tal, raramente ſe alcançan otros ſemejantes. Dexô de la Reyna Doña Leonor, hija delRey D. Fernando el primero de Aragon, i Cicilia, cinco hijos: el Principe D. Alonſo, que ſucedio en el Reyno, quinto deſte nombre, i el primero, que tomò aquel titulo, en vida del padre; los Infantes D. Fernando padre, que fue delRey D. Manuel: Doña Leonor, muger del Emperador Federico tercero: D. Catalina, que ſiendo deſpoſada con el Rey de Inglaterra, muriò ſin concluyrſe el caſamiento: D. Iuana ſegunda muger del Rey D. Henrique el quarto de Caſtilla. Con tan luzida poſteridad, parece, que el cielo quiſo reſtituir deſpues de muerto, al Rey, las fortunas, que merecia, ſiendo vivo.
(23) Al ſegundo dia de ſu muerte aclamarõ por Rey D. Alfonſo niño de ſeis años en la plaça de Thomar, i luego juraron por Principe heredero, en falta de que no tuvieſſe hijos, a ſu hermano el Infante D. Fernando. Eſta diligencia diſpuſo la fidelidad, i valor del Infante D. Pedro tio de ambos; porque notava como prudente inconvenientes, que ſe atajavan por eſta via, aſſegurando la ſuceſsiò de ſus ſobrinos, quando eſte Reyno eſtava lleno de tantos ſujetos Reales; que facilmente podian aſpirar al ſupremo imperio, guiados de alguna ambicion, i de otras novedades, q̃ por la maior parte ſe ocaſionan en los reynados de Principes moços: tãbien ſe puede preſumir, q̃ la preuencion del Infante, fue neceſſaria para grangear al pueblo, por el amor que moſtrava a los niños; como prendas del Rey D. Duarte, cuya memoria no ceſſavan de llorar affectuoſamente con el dolor reciente de ſu perdida.
(24) Aſsiſtiò D. Duarte en aquel acto, haziẽdolo, ſegũ la coſtũbre de Portugal, cõ grãdes ceremonias; andãdo por las calles la nobleza, i los eſtados: en los lugares màs publicos; rõpẽ el dia antes los eſcudos de las armas reales, por el Principe muerto, cõ grãdes lutos, i lagrimas: i luego al otro dia, veſtidos de gala, i alegria, diziẽdo a vozes: Real real por el Rey de Portugal, ſe apellidã por todo el pueblo; ſiendo en todo Reyno cõ real põpa; en la corte lleva el Alferez maior, el eſtandarte arbolado el dia del alevantamiento. Cumpliò D. Duarte con ſu oficio mui enteramente; i el Infante D. Pedro deſpues q̃ concluyò todo lo q̃ tocava a eſte acto, convocò a cortes para aquel proprio lugar; accion, q̃ acoſtũbran hazer todos los Principes en la entrada de ſu govierno, para acariciar los animos, i conocer el que tienẽ los ſubditos en ſu obediencia: aunq̃ el Infante lo reſolviò con maior neceſsidad por dar cũplimiento al teſtamẽto del Rey, en el qual, entre otras diſpoſiciones ſobre la educaciõ de ſus hijos, dexava a la Reyna ſu muger por tutora, i curadora de ellos, i governadora del Reyno, mientras duraſſe el impedimiento de la edad del Rey.
(25) Causò deſabrimiento eſta reſolucion al pueblo, diziendo, como ſe havia de ſufrir, q̃ haviendo en el Reyno los Infantes D. Pedro, D. Iuan, i D. Henrique; Principes naturales, i cada uno capaz de qualquier gran govierno, ſe le antepuſieſſe la Reyna eſtrangera; que de fuerça no havia de ſaber los eſtilos, coſtumbres, i fueros Portugueſes, ni librarſe de las imperfeciones, a q̃ el ſexo feminil eſtá ſujeto.
(26) Son tan varios los deſſeos, i diferẽtes los pareceres de los hõbres, q̃ no ſe puedẽ hazer obras, ni dezir palabras, con aplauſo general. Eſtas del pueblo tuvieron ſus contradiciones en la nobleza; i aunque al principio no pareció màs que un juyzio ſuelto, i a penas con fundamento; llegò poco a poco a hazerſe ſedicion popular, començando por los inquietos, en corrillos, i lugares ſolos, haſta que penetrò a los más apartados en las plaças publicas. Eligieron cabeça a propoſito, i con motin ya declarado, con la ordinaria confuſion, con que ſuele el pueblo deſsear las coſas; pidierõ al Infante D. Pedro por governador; i entendiaſe, que en nada deſto era culpado el Infante, por ſu poca codicia, i mucha modeſtia. Irritòſe la Reyna con la propueſta, i como muger, que con facilidad ſe mueven a iras, i dificultoſamente las diſsimulan; no ſe contentò con moſtrar ſu enojo, i publicarlo con palabras aſperas contra el cuñado; perô notando, que ſu remedio conſiſtia en haver ſeparacion entre los Infantes, por deſunirlos, i grangear alguno, que ſe oppuſieſſe a la autoridad de D. Pedro; tẽtò traher a ſy a D. Iuan; eſto por medio de ſus acreſcentamientos, que ſon los que violentan, i deshazen la conformidad màs compueſta.