LIBRO TERCERO.

(1) GOvernó la Reyna un año, q̃ fue el de mil quatrocientos i treynta i nueve, con mando abſoluto, en virtud del nombramiento del Rey ſu marido: peró fueron tantas las contradiciones del pueblo, que interpueſtos los cuñados por bien de paz, ſe conformaron en dexar a la Reyna la educacion de ſus hijos; proviſion de oficios, i mercedes. Al Infante D. Pedro, las armas, i defenſa del Reyno; al Cõde de Arrayolos, la adminiſtracion de la juſticia: era hijo ſegundo del de Barcelos, de gran ſujeto, i valor, i tan apartado de las paſſiones del padre, que no le ſeguia, en lo que no mirava a la utilidad publica, que era ſolo ſu animo. Apaſiguaronſe con eſte triunvirato los exteriores del pueblo; mas fue por tan corto tiempo, que llegò arrebantar deſpues con maior violencia, como mina encubierta; porque el remedio, que ſe tomò en eſtas recõciliaciones, dividiò de nuevo los animos entereſſados, no quedando alguno de los tres abſoluto para ſus conveniencias, que era lo que cada uno deſſeava, i juntos todos aborrecian. Dizian, que haviendo tantas cabeças vivian ſin una, que los governaſſe triſtes, i afligidos: que de la miſma manera que la Religion no permitia muchas deidades, ni el cielo dos ſoles: tal eran los Reynos, porque ſiendo uno ſolo ſu cuerpo, ſe avia de regir por la prudencia de uno; que hazer lo cõtrario ſeria confundir las coſas, i dar motivo, a que con la diſſenſion de los que governavã, ſiendo muchos, ſe hizieſſen parciales los ſubditos, llevados de ſus particulares; que era facil de anegar la nave, donde los marineros no eran conformes; que las màs vezes por odio, ó por ambicion, ſe opponian a los pareceres unos de otros, con que alteravan los acuerdos neceſſarios a los peligros, i la execucion, ò ſe ſuſpendia, ò ſe negava: que ſiendo eſto caſi proprio a todos los Reynos: en el de Portugal, aun militavan otros fundamentos màs apretados; pues los Portugueſes de puro brioſos, i altivos, llevavan mal cortejar, i aſsiſtir a tantos; i de no hazerlo, ó perdian ſu autoridad los que governavan; ò los pretendientes ſu negocio, ſin eſta ordinaria adulacion: que los buenos por la maior parte encogidos, ſe encerravan en los limites de ſu bondad, i no andavan de ordinario en la plaça, i a los ojos de los governadores; dõde los malos, como gente más eſparſida, i aſiſtente, disfrutavan el premio de ſus merecimientos: que no havia duda, que governando uno, ſe cercenavan reſpetos de ſangre, i familiaridades; coſas que fatigan de ſuerte a una Republica, que no ay aflicion, que ſe le aventaje: porque la opreſsion de haver muchos previligiados, es tan dañoſa, como la de los enemigos; que no lo ſon menos los reſpetos, pues alcança generalmente a todos, que no exceptua perſonas, llegando a obrarſe coſas injuſtas ſin culpa de los que goviernan, porque los inferiores miden ſus utilidades ſiempre por razones extrinſecas, como ſon el deudo, ò la amiſtad.

(2) Eſtas, i otras razones, andavan en boca, no ſolo de los prudentes, i zeloſos, que llorã de cõtino las afliciones publicas; pero tambiẽ en la de todo el pueblo; el qual como ſi fuera obligacion ſuya mudar el govierno, lo emprendiò hazer; primero con quexas en ſecreto, i luego conjuntas, i ſediciones, como la vez paſſada, en otro levantamiento màs peligroſo: porque no quedô de la gente popular, i ordinaria, oficial alguno mecanico, que no tomaſſe las armas, i corrieſſe a palacio atrevidamente. Es el impetu, i furia de un pueblo, de manera que por falta de conſideracion no echa de ver los peligros, que le eſtà amenazando, aunque aya llegado al punto de caerſe en ellos, i naturalmẽte ſe inclina ſiẽpre al peor conſejo, ſin que baſte a perſuadirle el ſaber, ni la prudẽcia de los hombres graves, i bien experimentados; i con eſta ſu condicion cae en el atoladero de ſu daño, i ſe llega a rendirſe, es con el cuchillo en la gargãta. Para ſoſſegar eſta muchedumbre ſalierõ D. Duarte, i otros muchos cavalleros de los màs principales, i bien quiſtos del pueblo, cuya preſencia ſuele ſerenar maiores tormẽtas: peró en eſta tenian por ſoſpechoſa a la nobleza; i como era fundada tambien en la aficion, que moſtravan al infante D. Pedro, a quien pidian por governador ſolamente, ſin compañeros; fue neceſſario, que el miſmo, como a quien màs tocava la quietud de tal deſconcierto, hablaſſe a los principales fautores. Iuntólos en la Igleſia de los Carmelitas, i eſtrañòles el modo, diziendo; que no era de la lealtad de los Portugueſes tales demonſtraciones con ſus Principes: intentavã en la paz, lo que ni aun los enemigos ſe atrevieran en la guerra; que las ſediciones civiles diſponian los Reynos a ruinas ciertas; i con la fuerça offendian la mageſtad, i deſluſtravan la antigua fama de ſus maiores: eligieſſen procuradores, a quien dieſſen inſtruccion de lo que pretendian pedir en Cortes. Es razon amigos (continuó el Infante) q̃ vueſtro zelo, i moderado, ſea la mancha de mi reputacion: que diran mis enemigos? que los mal intencionados? ſino que os incito, i ſin ambicion lo cauſa, i os dà las ordenes de lo que intentais; ſabeis la verdad, i a ella ſolo apelarè deſte agravio: ah no esforceis ſu malicia! Siempre los motines fueron deſagradables al Principe, de igual peligro a quiẽ los mueve: vueſtro buen animo ya le conoſco, i agradeſco: no deis lugar a la ira, miniſtra ſiẽpre de deſaciertos, i conſejera de deſordenes. En un punto quereis perder la fama, que en tantos ſiglos alcançaſtes, de leales. Ah Portugueſes, que diran las naciones eſtrangeras? Como, i havra quien os aventaje en obediencia; ſiendo tan ſeñalados en valor. Encareciôles con eſto el de los Infantes ſus hermanos; a quien devian reſpeto, i amor. El que les tenia la Reyna; ſu virtuoſo proceder, i ſingulares meritos. Oyeron eſto poſtrero deſapaſiblemente, i tanto que moſtraron no admitir quietud, menos que con dexar la Reyna el govierno: porque las perſonas, que cõ maior atencion notavan eſta muchedumbre; cõsideravan los animos de un pueblo, que no hazia nada dividido; ni por parecer de pocos, ſinó que todos juntos ſe entendiã a una voz, i juntos callavan con la igualdad, i firmeza, que ſe pudiera creer, que tenian, quiẽ los governaſſe. La Reyna, como muger facil a enojos, i poco aſtuta en ocultar ſentimientos; de todo el que moſtrava, hazia culpado al Infante D. Pedro, publicandolo por autor deſta rebelion: mas lo cierto era, que manifeſtava aora, con màs claridad, el odio heredado, que por diſcurſo de años tuvo encerrado en el coraçon, ſegun ſe entendiò ya en vida del Rey ſu marido. Para eſte aborrecimiento ſeñalavan como cauſa principal, las diſſenſiones, que huvo entre el Rey D. Fernãdo de Aragon, padre de la Reyna, i el Conde de Vrgel ſuegro del Infante; ſobre la ſuceſsiõ de aquella corona; en que por el derecho de ſu muger, moſtrava el Infante ſer heredero forçoſo della; i conſideravaſe, la Reyna temia, que el Infante, una vez apoderado del govierno abſoluto de Portugal, quedaria con fuerças, i poder para alentar eſta pretenſion; porque eſtava el derecho en las armas del màs poderoſo, que con eſte titulo lo poſſehia el Rey D. Fernando de Aragon.

(3) Andava Caſtilla igualmente por eſte tiẽpo, tan trabajada, como Portugal; i aunque ſea con brevedad, que profeſſo; darè noticia de las cauſas, por lo mucho que ſe mezclarõ con las nueſtras, i parte, que le alcançò a Don Duarte. Reynava en aquel Reyno D. Iuan el ſegundo; Principe menos cuidadoſo, que otros de ſu autoridad: porque la mucha aſtucia del Condeſtable D. Alvaro de Luna, le havia reduzido de manera a ſu voluntad, q̃ parece no tenian ambos coraçones, màs que un movimiento. Deſta privança tan prodigioſa, ſe ofendieron gravemente los grandes, i ſeñores de Caſtilla: creyẽdo, que la inclinacion facil del Rey llegava a hazer dueño al Condeſtable de ſus vidas, honras, i haziẽdas; i como aun entonces durava en ellos el deſſear parecerlo en las acciones, i brios: moſtraron a ſu Rey el daño, que reſultava a ſu corona de tener un valido tan codicioſo, como dizian era D. Alvaro; el qual abusò de manera de ſu fortuna, que vino los tiẽpos adelãte a ſer el monſtruo, i exemplar más vivo de ſus mudanças, i deſconciertos; determinaron cõ eſto deshazer el pezo del privado, reſervando el de la fidelidad; perô en union tan apretada fue impoſsible diſguſtar al valido, i agradar al Rey: i aſsi atropellando todo rompieron el ñudo de la obediencia, con que quiſieron ſer desleales, por parecer zeloſos. Haviã entrado en Caſtilla entonces los Infantes de Aragon D. Pedro, i D. Henrique, cuñados del Rey; i ſiendo por naturaleza inquietos, i ambicioſos, ſufrian tambien mal a D. Alvaro; porq̃ no lo hallavan propicio a ſus aumẽtos; i los aborrecia ſumamente conociẽdolos por enemigos, ſiẽdolo el tan declarado ſuyo, que determinó echallos de Caſtilla, por aſſegurarſe en la valia; repreſentando maior peligro en la oppoſicion de los Infantes, que en el deſabrimiento de los grandes; haſta que juntandoſe todos, experimentò, que el privado no tiene mayor adverſario, que ser aborrecido de muchos: concluyeron pues todos en procurar su ruina; porq̃ el favor, que el Rei le hazia, como mal repartido, cauſava zelos a los grandes, a los iguales embidia, i a los pequeños odio; viendo tambien, que el Reyno ſe yva empobreciendo con las riquezas del valido; i las ordenes de los negocios ſe pervertian; i el enteres particular ahogava el publico: començaron a desacreditar al Rey, cõ que ſolo lo era en el nombre, i luego menospreciandole con engañoſo pretexto, acudieron a las armas con voz de bien publico, que es ſiempre la cubierta deſtas maldades: el Rey con eſta demonſtracion andava combatido por todas partes ſin ſaber reſoluerſe, porque la afficion del Condeſtable le obligaua a no reparar en el peligro, i cõ eſte deſcuido fue creciendo de manera, que los Infantes excluyeron al Condeſtable del govierno, i ſe apoderaron de la perſona del Rey: matandole la luz màs biva que tiene la Mageſtad Real, i haziendo ſu authoridad imaginada: pues dura es la condicion de un Principe, que no puede en tanto numero de criados eſcoger alguno màs digno de confiança, por dicha de eleccion, ó fuerça de merecimiento: quando a los vaſſallos puede eſtar bien, q̃ la dignidad reconoſca el merito, i la afficion ſuſtente el ſeruicio.

(4) Destas diſcordias de Caſtilla, ſe alentaron de nueuo las de Portugal, porque el Infante Don Pedro aviendo llamado a Cortes quietò al pueblo: i la nobleza deſeando la compoſicion deſtos Principes, offrecio a la Reyna tratar de concordias; però ella induzida de la proſperidad que los hermanos trahian en Caſtilla, communicandolos muy a menudo; i alentando ſus eſperanças con las promeſſas que les hazian: cerró los oydos al trato, eſcuchando ſolamente aquellos que le aconſejauan; procuraſſe la Ruina del Infante, por qualquier medio que fueſſe, ſin deſiſtir del gouierno, ò largar de ſu mano la perſona del Rey ſu hijo; que mientras lo tenia en ſu poder tendria las coſas a ſu guſto; que los ſocorros de Caſtilla eran ciertos, i aſsi no le quedava que temer ruin ſucceſſo a ſus deſeos: Contrarios eran a eſto los diſcurſos de Don Duarte, i a ſi màs conuenientes al bien de la Reyna i Reyno; notaua en q̃ de las diſcordias ciuiles ſuele ordinariamẽte nacer la perdicion de los eſtados, con que ſe cõſumen, i deshazẽ unos a otros, i tal vez quãdo ſe entremeten fuerças eſtrangeras ſe leuantã con todo, ò lo deſtruyen haſta el fundamento. Hablò a la Reyna con eſta reſolucion, y dixo.

Grande es la confiança de un buen criado, pues llega pareciendo locura oponerſe a la voluntad de ſu Principe: i pedirle la razon de lo que haze. Como es poſsible (ſeñora) que no pondere V. Alteza el modo con que ſe và deſpeñando, (ſeame licito dezillo aſsi) en un negocio, de cuyo acierto pende ſu vida, i la de tantos ſeruidores ſuyos; los que deßean hazer algun hecho de importancia han de alargar la conſideracion, i eſtenderla por todo el diſcurſo de la obra, porque en el progreſſo, i ſin de las empreſas ſuele auer mayores difficultades, que en el principio dellas: Emprende vueſtra Alteza echar del gouierno publico deſte Reyno, quando menos al ſeñor Infante Don Pedro ſu cuñado, hermano del Rey mi ſeñor, Principe de grande authoridad, i credito, aſsiſtido de ſus hermanos; ſolicitado del pueblo; i bien quiſto de la nobleza. Demos que las cauſas de nueſtra parte ſean juſtificadas, el effecto parece impoſsible: pues ſi todos a una boca piden por Gouernador al Infante; ay por ventura quien reſiſta a eſte applauſo? O quien ſea Iuez deſta cauſa; ſi lo es el Reyno, el Reyno lo acclama. Si los Infantes, ellos lo eligen. Si los nobles, ſon los primeros, que lo aprueuan. No fuera perder el ſezo luchar con vna fiera: o impedir la corriente del Occeano? Pues no es menos (ſeñora) ſeguir la reſolucion, que os aconſejan; haſta aqui fundauades en derecho vueſtro intento; ya parece codicia, ô thema, que a ſer zelo del bien publico, eſte os perſuadiera a apaziguar diſcordias, que ſon los incendios que abrazan a una Republica. No ay utilidad para ella, como la paz, i la union, dividiendoſe muere, i unida vive, i ſe conſerva: comiença a arder por vueſtro reſpecto, ſino aplacais el fuego acabarâ, ſin duda, breviſsimamente. Iuzgue V. Alteza, que fama dexarâ a la poſteridad con eſte ſuceſſo. Direis, que vueſtra pretenſion es tratar del Reyno de vueſtro hijo; pues, pregunto, como le quereis deſtruir los ſubditos? i ſi deſſeais hazer mercedes, como entrais primero por caſtigos? Reynaſtes en Portugal, i no os duele ſu miſeria? Los que rehuzan vueſtro govierno, dan por causa, que ſois muger, i eſtrangera. Dadme licencia, a que pergunte, en que moſtrais lo contrario deſto? Eſtà en vueſtras manos el ſociego deſte Reyno, i no le admitis? eſcuchais dos, que os ſiguen, i no muchos, que os niegan? ya que advertis en los amigos, porque no contais los adverſarios; en numero tan deſigual, que puede aconteceros, que no ſea vuestra deſtruicion? aun deſtos pocos, que os reconocẽ, vereis quantos ſon menos en la ocaſion; porque mâs no ſiguierõ vueſtra perſona, ſino vueſtra fortuna. Quando la juzgueis proſpera con el ſocorro, que os prometen los ſeñores Infantes vueſtros hermanos, advertid: que entonces ſe ha de temer la contraria; i prevenirſe mui de ante mano para las adverſidades; pues ſobre coſas tan movibles, es deſvario aßegurar confianças: i aunque havemos de eſperar buenos suceßos, no es justo, que preſumamos tanta certeza dellos; porque que la fortuna es varia, i no ſe dexa regir por razon, ni por fuerça; maiormẽte no paßando, a mi ver, de cumplimiento (ſi bien ſe conſidera) la promeſſa de los Infantes. Son pretenſores de eſtados en Caſtilla; como han de alejarſe a Portugal? Su poder no es firme, i quãdo no ſe funda en fuerças proprias, facilmente derriba el más encumbrado; ſiẽdo cierto, que las confederaciones, i ligas de los potentados, no tienen más ſeguridad, de quanto importa a cada uno en particular; teniendo ſolo por parenteſco ſu conveniencia, pues ſegun las ocaſiones; ſe van afloxando, ò apretando con maña, i arteficio, debaxo de colores diferentes.

La libertad deſta pratica deſabrió a la Reyna de manera que de alli adelante tratô D. Duarte de bolver ſobre ſy; porque anduvo tan prudente, i cuerdo en eſta ocaſion, que pagando a la Reyna la deuda, en que le eſtava por ſu marido, ſervió a ſu Rey, i no ſe odiò con el Infante; ſiendo a todos amable, i a ninguno ſoſpechoſo; ni con eſta templança ſe puede dezir, que fueſſe neutral, pues pueſta la mira en el ſervicio de ſu Rey, moſtró claramente, que no convienen parcialidades cõ la lealtad de ſubditos: ni a eſtos toca alterar el govierno, ò ſeguir voz, q̃ ſuene diviſiõ; pues con ella ſe facilitan peligros a la Republica.

(5) Del vando de la Reyna eran las cabeças principales D. Alonſo Conde de Barcelos, D. Alonſo ſeñor de Caſcais, i ſu hijo D. Fernãdo de Vaſconcelos, el Prior de S. Iuan, D. Nuño Fernandes de Goes, el Arçobiſpo de Lisboa D. Pedro de Noroña, i D. Sancho ſu hermano; però la maior parte deſtos, i otros cavalleros, aſpiravan o a ſus vẽgãças, ò a ſus cõueniẽcias; i aſsi tomavan eſte camino para alcançar lo q̃ deſſeavan conociendo q̃ en los tiempos alterados con el agua rebuelta ſiempre, quedan las manos llenas a los autores de las diſcordias; q̃ por eſta cauſa lo ſon tambiẽ de la paz deſpues q̃ tienẽ en ſy el fruto de ſu malicia. Al revez deſto D. Duarte ſaliô pobre, i honrado deſta guerra domeſtica; porq̃ es punto en que dan los brioſos de zelo, i hõra, no ignorado de alguno, però ſeguido de mui pocos.

(6) Fueron en vano todas las diligencias, q̃ el Infante D. Pedro, i ſus hermanos, D. Hẽriq; i D. Iuan, hizieron para aplacar la Reyna; mas deſengañados del poco efeto, acudierõ al govierno, porq̃ no ſucedieſſe lo q̃ al enfermo peligroſo, q̃ miẽtras debaten los medicos ſobre el remedio, ſe paſſa el tiẽpo de la cura. Tratarõ de llamar a cortes, i determinôſe en ellas que el Infante D. Pedro fueſſe governador, con titulo de regente: notificaronſelo a la Reyna; i poco deſpues largaſse los hijos; porq̃ tãbien ſe reſolviò no cõvenia tenerlos en ſu poder, pues criados en la dotrina de ſus odios, no fueſſen principio de maiores males. Como en eſtas deliberaciones no ſe eſperava el guſto de la Reyna, cõ la brevedad, que fueron decididas; fuerõ executadas; i ella con algunos de ſu bãdo (q̃ ya començavã a faltarle muchos) ſe retirò a Almerin, i de alli cõ maior prieſſa, i en ſon de huyda a la villa del Crato; encomiẽda, i cabeça del Priorato de S. Iuã. Reſolviò eſta retirada ſin neceſsidad, ò aprieto alguno, ſolamẽte por moſtrar miedo al Reyno, de las aſſechanças del Infante, ya governador; i con eſte penſamiento ſaliò de noche de Almerin, fingiẽdo grãdes alborotos, i vozes, de q̃ la veniã a prender, por diſsimular cô las tinieblas el engaño: luego q̃ llegò al Crato divulgò por el Reyno algunas cartas, en que pedia a la nobleza le reſtituyeſſen el govierno, i los hijos, meſclãdo entre otras palabras, muchas amenazas de romper guerra, i meterla en eſte Reyno: tornòſe con eſto a encender el fuego, de que ya no ſe via tãta llama; i el Infante por atajar eſtos, i otros inconvenientes; acudiò en perſona al Priorato, i aſſegurò las fortalezas, que ſe le rendieron ſin alguna contradicion: deſpues marchò la buelta del Crato, donde la Reyna havia metido copia de gente de guerra Caſtellana, a cargo de D. Alonſo Henriques tio ſuyo; perô el Infante, aunque lo ſabia, fue caminando tan de eſpacio, que bien ſe entendiò, que no queria vencer la Reyna, ó detenerla, ſino darle lugar a que ſe arrepentieſſe, ò se retiraſſe. El Prior de S. Iuan, entõces, receloſo del cerco, deſamparò la villa, impoſsibilitado de ſuſtẽtarla; i la Reyna ſe entrò por Albuquerque, en Caſtilla, en Deziembre de mil quatrocientos i quarenta.