(7) No hallo q̃ la acompañaſſe en eſte cõflicto, de los Portugueſes, màs q̃ el Prior de S. Iuan: porque el Cõde de Barcelos andava ya tan tibio en eſte bando, deſpues que le viò caydo; q̃ ſe fue a ſus tierras de la Beira, i ſolo tratò de aſſegurarſe: i el Arçobiſpo D. Pedro que era ſu cuñado, acomodandoſe con los tiempos; procuró ſalvarſe en el ſagrado de ſu Igleſia, de los fines, que comunmente reſultan deſtas diſſenſiones.
(8) Fue el Arçobiſpo una de las perſonas de maior lugar, que tuvieron aquellos ſiglos, en eſte Reyno; i verdaderamente merece gran culpa en negar ſu autoridad, i talento, a la quietud i deſcanſo de la Reyna, de quien era tio, primo hermano del Rey ſu padre; porq̃ ceſſaran los rompimientos, que dieron motivo a que la Reyna murieſſe deſpues deſterrada, i afligida quando por el oficio de buen paſtor era obligado a unir ſus ovejas, i no derramarlas. Però con eſto moſtrô bien los daños, que cauſan Prelados, q̃ ſiendo Ecleſiaſticos, en la profecion, ſon en los cuidados ſeglares. Con el deſamparo, q̃ hizo de ſu Igleſia, andava Lisboa tan ſuelta, que los ciudadanos con motines, i otras licencias, pareciã arbitros de la paz, i la guerra; i como procedian con las conſciencias rotas, moſtravan tambien enfermas las fidelidades; porque de una corrupcion nacia la otra; ſiendo cierto, q̃ el eſtrago de las conciencias es la fuente de todos los males, que padece una Republica; que eſtas ſon ſus enfermedades intrinſecas, q̃ como no trahen dolores publicos; quando ſe curan es con deſcuido; i como no ſanan nũca, van creciendo poco a poco haſta llegar a ſer irremediables; i aſsi el Arçobiſpo atropellando eſtos inconvenientes, trepeçava en otros maiores, con menos decencia, de lo q̃ permitia la razon, dando lugar a que ſe murmuraſſe de ſu codicia; que lo llevava a tratar de coſas tan agenas de ſu obligacion, en tiempo, que ſu Igleſia neceſsitava tanto de cuidado, vigilancia, i reformacion; por los vicios, que ſe originavan de las deſordenes referidas.
(9) El retiramiento de la Reyna ſoſſegó apparentemente los animos Portugueſes, obedientes ya ſin contradicion alguna al Infante D. Pedro; mas deſpues de auer governado dos años, q̃ fueron el de quarenta i uno, i dos; conſiderò eſte Principe quanta neceſsidad tenia de velar ſobre las coſas de Caſtilla, pues era ſolo la parte de donde ſe podia temer, q̃ la Reyna hallaſſe recurſo a ſus deſſeos. Andavan ſus hermanos tan ſeñores en aquel Reyno, que la voluntad del Rey Dõ Iuan eſtava màs a ſu diſpoſicion, que los pueblos; porq̃ los grandes con el odio q̃ tenian al Cõdeſtable no repararõ en el deſluzimiento de ſu Principe, conociendolo por facil para mouerſe a qualquier accidente. Cõ eſtos i otros referidos en las hiſtorias Caſtellanas q̃ dexo, porq̃ no ſon de mi juriſdicion; Llegó el Condeſtable D. Aluaro de Luna a valerſe de Portugal; confederãdoſe primero cõ el Maeſtro de Alcantara; porq̃ herido de la miſma enfermedad, neceſsitava del miſmo remedio: ſuſtẽtavan ambos ſus eſtados mui a pedaços, porq̃ los Infantes diſcurrian victorioſos por todas partes, ganandole los mayores lugares. Apretados pues, recorrierõ al Infante Gouernador, el qual temeroſo de q̃ eſte rayo le alcãſaſſe a herir, viendo que la Reyna no ceſaua un momento en ſu pretenſion; determinó ſocorrerlos con acuerdo de los Infantes ſus hermanos, i de los ſeñores, i cavalleros del Conſejo; perſuadieronſe a eſto por cartas del Rey de Caſtilla, que el Condeſtable envió al Infante Gouernador; en que ſe quexava de los cuñados grauemente, i permitia al Condeſtable meter gente, i armas eſtrangeras para defender ſus rentas, i eſtados; pareció eſte pretexto baſtante al Infante para entrar en eſtas coſas, no como medianero, mas como parte; porque como la guerra ſe auia de hazer em nombre del Rey; La confederacion, i amiſtad que tenia con el de Caſtilla lo forſaua a ſemejante ſocorro: pediòlo a gran prieſſa el Maeſtro de Alcantara; porque ſe iua rindiendo ſu eſtado con la miſma, a la voz de los enemigos; parte con el miedo, i lo más con las armas; i como quedaua lo más del en eſtremadura. Iuſgò el Infante Gouernador, que aquello era acercarſe mucho a Portugal; i con eſte recelo tratò de acudirle breuemente; juntò dos mil cauallos diuididos em quatro cõpañias, a quienes ſeñalò por capitanes, caualleros todos de nombre valor, i ſangre.
(10) Nombrò entonces por general deſta empreſa a Don Duarte de Meneſes; i eſta es la ultima confiança, que ſe puede dezir de ſu fidelidad, pues auiendo ſeguido a la Reyna a los principios, en quanto juſtificò ſu cauſa; deſpues ſe quizo valer el Infante, de ſu valor para ſuſtentar la contraria.
(11) Partiò Don Duarte la buelta de Alentejo; entrò en Caſtilla por aquella parte de la ciudad de Badajòz haſta la fortaleza de Mõtanches, donde le eſperaua el Maeſtro de Alcantara: ſin llevar orden cierta, ni inſtruccion de lo que auia de hazer, que el Infante lo remitiò todo a ſu parecer, i prudencia, cõformandoſe con el tiempo, i los ſucceſſos: aunque en eſta incertidumbre bien conociò Don Duarte que lo màs iua a parar en deſtruir los Infantes de Aragon: ſalieron ſus gentes a impedirle el paſſo, i quiſieron inueſtille antes que ſe juntaſſe con el Maeſtro; porque llevavan partido muy auantejado; però Don Duarte recebiendolos con notable brio los desbaratô en tan pocas horas, q̃ parece encarecimiento referirlo, y le degollò màs de quinientos hombres.
(12) Eſta rota fue de grande importancia para el Maeſtro, porque en todo aquel contorno no quedò fortaleza que no ſe le rindieſſe: solo la de çalamea ſe puſo en defenſa, ſobre la qual fue luego Don Duarte. Es çalamea ò como otros pronuncian Zalamea, villa pueſta en el deſtricto de la ſerena cabeça de ſu encomienda: ſu nombre le dieron los Arabes Mahometanos, ó porque eran de los Arabes Salameos, que a differencia de las otras naciones ſe llamaron aſsi, por ſer confederados, i compañeros de los Nabatheos; ſignificando en ſu lengua Arabica la palabra, Salama, lo miſmo que, Paz: ô por otra cauſa que ſe ignora, quitandole el ſuyo antigo, que no ſin grande fundamento algunos entienden, que es la antiga Ilipa de la qual haze memoria Tito Liuio; Ptolomeo, llamandola Ilipula: i la ſitua cerca de la Luſitania en los Turdetanos, i aſsi eſtá quatro leguas de Guadiana, i veinte de Cordoua; conformando todo una hermoſa columna, que oy ſe vè en ella, i la trahe Ambroſio de Morales, en la qual eſtâ vna elegante Inſcripcion: i en ella Municipium Iulipenſe. No dudo que de la mudança deſtos nombres de Ilipa a Zalamea: fueſſe por ventura alguna razon ſuperior, ó por la ſignificacion del nombre de la Paz, por la que oy tiene eſte lugar con la Imagen de un Chriſto crucificado de modeſta eſtatura, pueſto en el trono de la Cruz, repreſentando bien al vivo, la paz, que nos truxo del cielo, i la eſtà dando, i repartiendo de ſus precioſiſsimas llagas, con gran liberalidad, i largueza derramando rios caudaloſiſsimos de gracias, i dones de ſalud ſpiritual, i corporal; de que yô vi muchos milagros authenticos. Don Duarte rindio en dos dias a Çalamea: retiroſe la gente al Caſtillo que era fuerte con buen foſſo, i murallas; però los Portuguezes alentados con la victoria paſſada en el ſegundo aſſalto lo entraron con muerte de muy pocos. El Maeſtro dio la villa a ſaco por acariciar los ſoldados, i moſtrar a los rebeldes el fin de ſu porfia: con eſte exemplo fueron mejorando ſus coſas notablemente: mas el offendido de la gente de algunos lugares, quizo que Don Duarte vzaſſe con ellos de la licencia de vencedor, paſſando unos a cuchillo, i otros deſpojandolos. Mas Dõ Duarte, por no mãchar la piedad; con q̃ tratava los vencidos, deſviò eſto con buenas palabras; i no ſe ſupo ſe tenia inſtruccion en ſecreto del Infante Governador, para quitar eſta ganancia a los ſoldados; porque los deſentereſados juzgavan a gran cordura no adelantarſe tanto en deſtruir los ſubditos de un Rey amigo, i vezino, aunque fueſſe con permiſsion ſuya; que ſuele acaecer, que acabadas las diſſenciones domeſticas conociendo el engaño en que andava, i cahiendo en la razon de quanto le conviene vaſſallos proſperos, tener por affrenta lo que antes juzgava por neceſsidad; i entonces aborrece a los inſtrumentos de ſu colera.
(13) Los Infantes de Aragon aunque por eſta parte no trahian tan proſpera la fortuna; con todo aſſegurandoſe con la perſona del Rey, no oſavã a largarla de ſi un punto: antes con mueſtras de aſsiſtido, i màs venerado le cercavan como prezo, governandole los movimientos por ſus conveniencias: Tubo traça el Condeſtable tras muchas diligencias que el Rey mandaſſe al Infante Dõ Henrique a governar la Andaluzia, en ſon de aquietarla, i reduzirla a ſu obediencia. Engañòſe el Infante con las appariencias, i la codicia: i como ignorava los ſecretos por donde el Condeſtable negoceava; tubo a demonſtracion de amor el deſpacho; mas procedioſe en el con trato tan doble, que luego que llegó a aquella Provincia, no ubo quien le obedecieſſe en ella. El Infante Governador ordenó a Don Duarte paſſaſſe allà unido con las gentes de los Maeſtros de Calatraua, i Alcantara, i Conde de niebla, i otros muchos ſeñores, que tomaron la boz del Rey, i el partido de Don Alvaro ſob color de libertar a ſu Principe de la priſion en que le tenian ſus cuñados. Allanoſe la Andaluzia, i Don Duarte por mandato del Infante ſe bolviò a Portugal.
(14) Entretanto la Reyna Doña Leonor pendiente deſtos ſucceſſos aſsiſtia en Toledo, olvidada de los hermanos, i poco favorecida del cuñado, viviendo con tanta eſtrecheza, i apretura, que fueron notables las neceſsidades que paſsó en aquella ciudad: donde Don Fernando de Noroña, Conde de Villa Real fue ſolo el que de Ceuta le embiò un gran prezente de dinero, joyas, i otras coſas, ſolo a fin de ayudarla a ſu ſuſtento, ſin que en eſto offendieſſe la paz univerſal que gozava eſte Reyno; porq̃ a eſte ſocorro le obligó màs la memoria del deudo, que tenia con aquella Princeza, que novedad de intentar ſu buelta: aſsi paſsô algunos tiempos, haſta que con la ordinaria mudança dellos trató de bolver a Portugal a ſus hijos, i ponerſe en manos del Infante Governador.
(15) Deſta reſolucion reſultò al Infante grande alegria, porque deſeava moſtrar al mundo lo mucho que trabajò, porque la Reyna no llegaſſe a aquel eſtado; però el cielo que ordenava otra coſa, no quizo darle vida para lograr la concordia; porque aviendoſe quaſi capitulado, murió en Toledo por Hebrero de mil quatrocientos i quarenta i cinco: ſu muerte affirman muchos Autores, fue de Veneno diſpueſto por Don Alvaro de Luna, temiendola igualmente, que a ſus hermanos; i ſoſpechando, que por medio de Pero Lopez de Ayala, Alcayde de Toledo perſona de valor, les queria entregar aquella ciudad: eſtas cauſas miſmas dezian mataron la Reyna de Caſtilla quaſi a un tiempo, i el Rey diſsimulò eſtas maldades entre otras que avia permitido al Condeſtable, porque el aborrecimiento con q̃ tratava las coſas de Aragon era igual al amor que tenia a Don Aluaro: i aſsi attendiendo ſolamente a ſu acrecentamiẽto, erã muchos los yerros q̃ ſe ocaſionavã deſta privança; quedando entre los limites de la prudencia dar la mano a los merecimientos, i recompenſar los ſeruicios, porque la virtud adonde ſe halla, ſe ha de honrar en conſideracion ſolo del ſujeto, i la ſufficiencia; que en todos tiempos ha viſto el mundo hombres nueuos en la cumbre de grandes honras.
(16) Bolvio a esforçarſe el partido de Don Alvaro, con las muertes de las dos Reynas, i como no era nada pereçoſo, ni deſcuidado en todo lo que le tocava, hallò ocaſion de acabar de una vez con los Infantes de Aragon; porque por inſtantes ivan de mal en peor ſus coſas, i el Rey Don Iuan deſcubiertamente, i con quexa publica prevenia gente para echallos del Reyno. Por conſejo de D. Alvaro pidiò ſegũda vez ſocorros al Infãte Gouernador por ſus embaxadores, declarandoſe en el diſignio; i el Infante guſtò tanta de la reſolucion i pratica, que aunque no lo manifeſtò con las palabras, facilmente ſe entendió por las obras: porque no ſolo concediò el ſocorro que pidiò Caſtilla, però por authorizarlo, i juſtificarlo mas, mandò a Dõ Pedro ſu hijo mayor con el; moço de haſta quinze años, i el Principe de mayores eſperanças que tenia eſte Reyno; al principio del negocio determinó el Infante gouernador de ir en perſona; però mudò de deſignio pareciẽdole cierto que el gouierno de Portugal no ſufria auzencias, quando los enemigos domeſticos eran tantos, i tan poderoſos, que a penas podia atajar con prudencia, i vigilancia las aſſechanças con que cercauan al Rey Don Alfonſo para hazerle dueño de ſus enemiſtades; i como la edad del Rey no paſſaua de treze años, hallaua mayor peligro, no pudiendo aduertirlo como a hombre, ni guardarlo como a niño. Ivaſe criando en el odio del tio induzido de algunos, a quien oya de contino haſta que echò raizes, i tan grandes, que ſe puede creer, que la ſangre, i memoria de ſu madre tubo tambiẽ harta parte en eſta perſecucion.