(17) La prudencia del Infante Gouernador era mucha, i preſumia nouedades de las demonſtraciones menos conſiderables, que iuã ſuccediendo; que un prudente todo lo aduierte, i nada deſprecia, todo le ſirue de auiſo, i de conſejo. Pareciole mejor tentar con beneficios al Conde de Barcelos ſu medio hermano, que era el mas entero emulo que tenia, i cabeça de todos los demàs, i reduzirlo a ſu amiſtad por eſte camino: i como lo conocia por ambicioſo, tomô por inſtrumẽto de las reconciliaciones ſu miſma ambiciõ: diſpuſo al Rey le dieſſe la ciudad de Bragança con titulo de Duque della; acceptó el Cõde la merced; però no la agradeciô al Autor della, ſino al Rey que no ſabia como moço lo que hazia, ni lo que dava; perô quizo de aquella manera disfraſſar ſu ingratitud, i no obligarſe a olvidar ſus paſsiones. Vacò deſpues por muerte de Don Diego, hijo mayor del Infante Don Iuan la dignidad del Condeſtable. El Infante pues conociendo la malicia de la tierra en que avia ſembrado el primer beneficio, rehuzò hazer el ſegundo en el Conde de Ouren primogenito del de Bragança; el qual ſe deſcubriò por pretendiẽte de aquel cargo. Fundava ſu derecho en que era nieto del Condeſtable Don Nuño Aluarez Pereira, por cuyo reſpecto ſe diera al defuncto Don Diego como hijo de Doña Iſabel nieta del miſmo Condeſtable; i aunque la razon era ſufficiente; el derecho era poco, porque la juſticia no ſe funda en conſideraciones, i reſpectos, ſino en fundamẽtos, i verdad; el officio ſin duda eſtava devoluto a la corona, i cõ eſta certeza ſe dio a ſu hijo D. Pedro hijo del Infante. Sintio el Cõde de Ouren mucho eſta proviſion, i retiróſe de la Corte para ſus lugares, i aviendo ſido uno de los que más profeſſaron la amiſtad del Infante ſu tio, entonces ſe declarò por ſu enemigo; borrando con eſta offenſa todos los fauores que avia recibido, porque no ay aggrauio, que no viva ſiglos en un coraçon vengatiuo, ni beneficio, cuyo agradecimiento en el paſſe del momento en que ſe recibe.

(18) Todas eſtas coſas precedieron al ſocorro de Caſtilla, q̃ no deſayudaron a la brevedad, i cuidado con que ſe hizo. Eſtava el Infante Governador en Coimbra por eſte tiẽpo, i llamando del Algarve a D. Henrique ſu hermano para la execucion deſta jornada, aſſentada por ambos; i por el conſejo, i los mayores del Reyno; armò Don Henrique cavallero a ſu ſobrino Don Pedro dos dias antes de ſu partida. Solemnizòſe el acto con muchas fieſtas, i hecho ya Condeſtable, partiò la buelta de ciudad Rodrigo, cõ quatro mil Infantes, i dos mil cavallos, gẽte luzidiſsima, i en q̃ entrava la nobleza de Portugal; porque no ubo cavallero, q̃ por agradar al Infante perdieſſe la ocaſion de adularle con hazer offrecimiento de acompañar al hijo; i el moço de por ſi era amable por ſu buen talle, brio i cortezia, q̃ ſon las partes, que màs facilmente vencen animos del pueblo.

(19) En eſta empreza eſcogiò el Infante Gouernador a Don Duarte de Meneſes, por conſejero, i ayo de Don Pedro, encomendãdole a ſu prudencia el pezo del negocio, i a ſu valor, i arbitrio, la diſpoſicion de la guerra. Mandò al hijo, que en todo le obedicieſſe, i a el que en todo governaſſe al hijo, i cumplieron tan bien los dos con la comiſſion, que no ubo acciõ deſta jornada deſacertada.

(20) Supo el Condeſtable en ciudad Rodrigo, que el Rey de Caſtilla, con las anſias que tenia de deſtruir los cuñados, los cercò en la villa de Olmedo, ſin eſperar por el ſocorro Portuguez; i los Infantes temeroſos, de que las fuerças de los contrarios ſe reforçaſſen con la llegada de Don Pedro; quizieron antes provar ſu fortuna; i ſaliendo de la villa, dieron batalla al Rey en campaña de poder a poder, haziendo todo lo que devian a mui valientes cavalleros; quedaron al fin vencidos muerto Don Henrique, i herido el de Nauarra. Sin embargo deſta nueua obligò Don Duarte al Condeſtable a que marchaſſe adelante con ſu campo, porque no eſtavan ſeguros aun del ſucceſſo que reſultò de la victoria; i como los grandes de Caſtilla andavã tan rebueltos, tanto tiempo avia, no ſe imaginava, que ſe podian ſoſſegar en breve.

(21) El Rey de Caſtilla luego que tubo noticia, de q̃ el Condeſtable no parava con ſu exercito, lo embiò recibir con Don Aluaro de Luna, i otros muchos cavalleros, por la poſta haſta donde pudieſſen; i el ſe fue a eſperarlo a Mayorga con toda ſu Corte; donde llegado le hizo notables fieſtas, i agaſajos; moſtrãdoſe mui liberal, i cortès con los Portugueſes; aunque Don Pedro no le quedô inferior en las dadiuas, porque fueron muchas las q̃ repartiò por los cavalleros Caſtellanos. Todos eſtos aciertos ſe deven a Don Duarte, porque no diſponia menos biẽ las acciones de la paz, que los peligros de la guerra.

(22) Concluyoſe con eſto la de Caſtilla, i las coſas de Don Alvaro ſe mejoraron grandemente; ſi bien deſpues ſe canſô la fortuna en fauorecerle, i con el exceſſo con que le ſubiò con otro mayor le deshizo: cauſando tanto miedo, i eſpanto ſu caida; como admiracion ſu proſperidad; porque ya mas antes del ubo en aquella corona quien alcançaſſe mayores honras mas generales, i menos eſperadas; poſſeyendo largo tiempo ſu govierno heredado por el Rey Don Iuan el Segundo de Caſtilla, adminiſtrado, i repartido por el. Honró mucho el Rey a Don Duarte, en eſte viage; que fue la primera vez que le conociò de viſta, porque ſu fama a todo alcançaua. Communicolo, i tratôlo entonces familiarmente, haziendolo de ſu conſejo, coſa que los Portugueſes eſtrañaron, por la facilidad con que murmuran de ſus naturales. Deſta merced tomò motiuo ſin duda de no bolverſe a Portugal con Don Pedro, porque no le conſentia ſu animo vivir ocioſo, i como la conquiſta del Reyno de Granada prolijamente durava; alcançò del Rey Don Iuan grandes fauores, para ſervirle en ella.

(23) Inclinòſe a eſto entre otras cauſas, pareciẽdole cordura huir las diſſenciones, i trabajos ciuiles, que ya amenazauan a Portugal, i que luego ſuccedieron, i quaſi los prophetizò, conſiderando prudentemente, que de quan cargado eſtava de enfermedades el Reyno, no avia coſa que prometieſſe buena eſperança de ſu mejoria, no la aplicando Dios poderoſamente per medios no alcançados de los hombres.

(24) Avia ocho años, que el Infante Don Pedro governaua a Portugal ſingularmente, quando los odios de ſus enemigos començaron a recoger el fructo de ſus ſiſañas: cumplio el Rey quatorze por Henero de mil quatrocientos quarenta i ſeis, i el Infante en Cortes, que llamô a Lisboa para eſte effecto; toda la ſolemnidad hizo en ſus manos reales dexacion del govierno. Fue buen dia para ſus contrarios: però el Rey mejor aconſejado, rehuzo aceptarlo, i ſe lo bolviô a encargar con nuevas demonſtraciones de amor, i agradecimiento: el Infante entonces engañoſe cõ la accion pareciẽdole natural, i no preſtada como era, i al fin cõtinuò en ſu officio, haſta q̃ los emulos incitados cõ aquellas mueſtras ſe dierõ tales traças, q̃ metierõ al Rey en zelos del suegro, entẽdiendo q̃ aquel camino era màs ſeguro para ſus pẽſamientos, por la facilidad cõ q̃ los Principes oyen ſemejantes praticas; de q̃ no ay edad libre, ni valor ezento; deziã, q̃ el Infante ya no tratava de governar, ſino de reynar; grãgeando los ſubditos, i repartiẽdo por ellos mercedes, i privilegios, eximiendolos de tributos, con q̃ los enriquecia, procurando enflaquecer el patrimonio real, ſolo a fin de fortalecer ſu partido; que para eſte effecto los iva atrahiendo, de manera q̃ no ſolo era querido, però adorado del pueblo; que llegava a dedicarle eſtatuas publicas llamandole Padre de la patria, como ſi no tubieron Rey, i ſeñor natural; que el Infante, no ſin grande induſtria, i cuidados ſuperiores ſe avia confederado en Caſtilla con el Condeſtable Don Alvaro de Luna; q̃ ſin duda fueron entrambos los inſtrumentos de la muerte de la Reyna ſu madre, i del Infante Dõ Iuan ſu tio, ſolo por quitar de en medio las perſonas que podian opponerſe a ſus pretenſiones; que atendiendo a encaminarlos dividia los officios publicos, i fortalezas conſiderables por ſus màs familiares; que ſin duda eſto no mirava a vivir como particular, ni a contentarſe con ſer ſubdito. Hallaron para approuar eſtas maldades muchos teſtigos induzidos falſamente, que deponian con la capa de zeloſos, i ſin deſcubrir paſsion, ó enemiſtad declarada.

(25) Es eſta la gente màs pernicioſa de una Republica, porque engañan con la verdad apparente, ſiendo la mentira, el aſpid que ſe oculta entre las flores del zelo, i de la razon. Tubola el Rey de enojarſe, aunque poca de eſcucharlos, i menos en creerlos; peró teniẽdo reſolucion de moço, ſobre appetitos de Principe, baſtò eſte engaño para hazer ſoſpechoſo al tio; i deſpues començando a temelle, deſeo deſtruille. El Infante quiſo acudir a ſu honor, mas era ya tarde; porque los Principes cierran los oydos a la diſculpa, quando entrã el miedo en el coraçon: era tambien el Rey muy moço para ſaber pezar las coſas, i los ojos a penas abiertos no veian más que los colores que le querian moſtrar los que le aſsiſtian, hallãdoſe mâs poderoſos entonces; porque el Infante no ſolo dexò el govierno, pero tambiẽ la Corte; retiroſe a Coimbra, ciudad cabeça de ſu eſtado, riberas del mondego, i treinta i quatro leguas de Lisboa: creciò la acuſacion con la auzencia, i ſus enemigos, ya negociavan, no como de antes en ſecreto, però mui en publico, infamando ſu lealtad, i virtudes; quien más apretava en las diligencias era el Conde de Ouren, ayudado del Arçobiſpo de Lisboa, i Don Sancho de Noroña ſu hermano; porque el de Bragança eſtava en la Beira, mas de allà buſcava ſus inteligencias para inquietar al hermano. Emplearon en eſto un fulano de Berredo protonothario, hombre aſtuto, i eloquente, i que en Roma donde eſtuvo años, avia cobrado opinion de entendido, i Curial. Con eſte pretexto para acudir mejor al engaño, ſe hizo mui familiar con el Infante, i tanto, que ſe puede dezir, q̃ en ſu proprio pecho, i apoſento ordenava los enredos con que provocava al Rey cõtra el deſcuidado Infante, porque ſo color de avizos le revelava mentiras: deſte hombre, i aquellos ſeñores, ſalio la conjuracion de tan terrible hecho, i como le concibieron, aſsi lo executaron.

(26) Contra eſta violencia no le aprovechò al Infante el apartamiento que hizo para Coimbra, porque allâ tenian ſus enemigos, quien le notaſſe haſta el menor deſcuido, q̃ ſin parar iva al Rey hecho ya culpa. En eſto llegò el Infante Don Henrique a la Corte, i publicoſe que era a defender la causa del hermano, i el pueblo contentiſsimo, andava deſenfrenado por las calles, dandoſe los parabienes deſta nueva. Trocaronla luego, en q̃ ò no quizo, ò no pudo. Algunos le culpan, otros le abſueluen; perô nadie hallo que dexaſſe de confeſſar, que no avia en Portugal perſona, que pudieſſe atajar eſtos inconvenientes, ſino Don Henrique por ſu autoridad, i reſpecto. El Rey moço; el Infante D. Iuan muerto; la Reyna muger, i entereſſada el Duque Don Alfonſo autor; ſu hijo maior complice: el Infante Don Pedro Reo; Don Pedro de Noroña enemigo: los demàs parciales: al fin ſolo el, quedava libre, para la compoſicion deſtos odios: maiores alabanças merece el Conde de Arrayolos, hijo segundo del de Bragança: el qual eſtando en Ceuta por general, por muerte de D. Fernando de Noroña, tuvo noticia de lo q̃ paſſava, i luego ſe vino a Santaren, donde ſe havia mudado el Rey con la corte, para ver ſe podia componer eſtos deſabrimientos; amava al Infante D. Pedro ſumamente; i como hermano del Conde, i hijo del de Bragança, procuró impedir ſu determinacion; però ellos deſpues que no pudieron perſuadirlo a ſu vãdo, ſe valieron de maña, i echarõ en la corte una voz fingida, con cartas ſupueſtas, de q̃ el Rey de Fez venia ſobre Ceuta con gran poder. Obligò al Conde la honra a bolver a ſu plaça, i no ſe apartò della, haſta q̃ las coſas tuvieron el deſaſtrado fin que veremos.