(27) Antes del Conde, havia venido tambien de Ceuta, donde eſtava por frontero, Alvaro Vaz de Almada, Conde de Abranches gran ſervidor del Infante, i enemigo del de Ouren, eſtimado por ſu valor, qualidad, i ſervicios del Rey, i de aquellos Principes: en ſu preſencia llegò a deſafiar con palabras aſperas a todos los que calumniavan de deslealtad al Infante; reptandolos de aleves, i diziendo, que en el campo defenderia eſta cauſa el ſolo a tres juntos. La maldad ſiempre fue cobarde, porque toda ſu induſtria pone en la vengança. Callôſe la demanda, i el de Abranches ſe fue a Coimbra, ſiendo el que ſeguiô la fortuna del Infante, haſta lo ultimo de la vida, dando un ſingular exemplo de amiſtad, i esfuerço, igual a los que màs celebra la antiguedad.

(28) Dos años paſſaron en eſtas diſcordias con varios debates, i ſucceſſos, todos encaminados a deſtruir al Infante, porque ſus enemigos no paravan en eſte intento, ni el Rey en darles credito, con el miedo q̃ ſiẽpre cree, quanto más imagina. Coſa es eſtraña, q̃ los mâs principales eran miniſtros de ſu paſsiõ, i otros como alanos, que ſe criavan de ſangre humana, andavan ladrando tras la del Infante, criminandole aora de nuevo la muerte de la Reyna Doña Leonor; i para encẽder màs la ira del Rey en eſta vẽgança perſuadiã a los Infantes niños, a q̃ la clamaſſẽ como hijos, i partes màs offendidas. Cõ tãtas culpas ſupueſtas, repetidas ſiẽpre por todos lados; vino el Rey a reſolverſe a armar contra el Infante en ſon de caſtigarle como culpado en el crimẽ de leſa Mageſtad; i aunq̃ al principio eſte conſejo fue diſpueſto lẽtamente cõtra el q̃ dan los ſabios, q̃ quieren q̃ las coſas grãdes eſten hechas, antes q̃ conſultadas; cõ todo eſſo deſpues ſe dierõ prieſſa a executar la maldad, porq̃ no ſe aſſeguravan del Rey por moço, i por la afficion q̃ moſtrava a ſu muger (Princeſa digna de grandes loores) por la paciencia cõ que ſe portò en eſte caſo, ſiendo tã entereſſada en el, q̃ de una parte andava la quietud, i credito de ſu marido, i de la otra la vida, i hõra de ſu padre. Trabajô (mas ſiẽpre en vano) por cõponerlos, cõ lagrimas, ruegos, i encarecimiẽtos: entretãto padecer cõ el ſpiritu, no quedò libre la reputaciõ de la pena; porq̃ le imputarõ en aquellos dias, q̃ D. Alvaro de Caſtro camarero maior del Rey, i q̃ los años ſeguiẽtes fue Conde de Monſanto; cavallero cõfidente, i brioſo; le hablava amores; el Rey cõ aquel impetu primero lo mãdo prẽder; mas ſoltarõle luego, porq̃ ſe aueriguo la verdad; i el autor de la mẽtira quedò ſin caſtigo; q̃ eſſo fue el exceſſo maior, q̃ ſe puede dezir deſtos tiẽpos, en q̃ andavan las maldades favorecidas, i las innocencias caſtigadas.

(29) Mientras ſe infamava la opinion del Infante con editos, ſe aparcebieron tambien las armas, convocando gente, i haziendo levas por todo el Reyno. Avisò los pueblos, i la nobleza del caſo; i como tocava en poca fidelidad contra el Principe, no huvo cavallero, que dexaſe de venir a Santaren donde el Rey eſtava acudiendo con prieſſa, i cuidado a moſtrar ſu obediencia, i lealtad; porque en eſtas materias mucho maior peligro ſe corre por las demonſtraciones; que por el effecto, i la tardança ſe acuſa por delito, como la brevedad ſe encarece por fineza.

(30) Preſumo, aunq̃ no ſolo he podido apurar con mâs que una probabilidad, que Don Duarte de Meneſes ſe vino en eſta ocaſion de Caſtilla a Portugal; porque los dos años antes, i parte deſte tercero, que era el de mil quatrocientos i quarenta i nueve, eſtuvo ſerviendo de frontero en Granada: deſpues ò fueſſe con expreſſo mandato del Rey, ò por otro aviſo que tuvieſſe de que armava con aquella fama de caſtigar rebeldes, pareciendole obligacion preciſa de ſubdito; a quiẽ no toca eſcudriñar los ſecretos del Principe; ſino obedecer ſus mandamientos: Acudiò a la corte; quando appareció en ella, fue a tiempo, en que con la final determinacion aſſentó el Rey en el Conſejo; priſiõ perpetua; deſtierro; ó muerte del Infante. Admira cierto, q̃ haviendo hecho tantas amiſtades, tubieſſe tanta falta de amigos en eſta ocaſion, i que entre tantos votos no ſe hallaſſe uno de vida, que hablaſſe libremente, i cõ verdad al Rey. Mas eſta es la comun deſdicha de grãdes, q̃ todo lo q̃ ſe les habla, ha de ſer agradable a ſus oydos. La Reyna ſolamẽte cõ el amor de hija le eſcreviò la ſentẽcia difinitiva: dizẽ, que al leer la carta ſin alterarſe, ni dar otra ſeñal de triſteza, eſtuvo un gran rato perguntando al menſagero por la ſalud, i entretenimientos del Rey: i que deſpues comiò a las horas ordinarias mui ſeguramente; i la noche gaſtò con gran quietud, i repoſo, en lo que ſiempre acoſtumbrava. Enfurecierõſe ſus enemigos con eſta conſtancia, porque luego la ſupieron: i como al otro dia por parecer del Conde de Abranches ſe reſolviò el Infante a venirſe a Santaren a defender en campo ſu honra, i lealtad: ſiendo eſta reſolucion tan peligroſa como honrada; porque quando los juſtos reſpectos no hallan buena acogida, toqueſe el pulſo a las fuerças, i ſino ſon poderoſas valganſe del ſofrimiẽto, cuerdamente eſperando el beneficio del tiempo: Eſte penſamiento ſe trocò al Rey, porque le dixeron, que con exercito poderoſo ſe venia a entrar en Lisboa: entonces mandò a Don Duarte a que ſe metieſſe en Pombal, cinco legoas de Coimbra (plaça importante) porq̃ era paſſo de Lisboa, villa de haſta quiniẽtos vezinos, con un Caſtillo baſtantemente fuerte; pueſta en la ribera del Arunca, rio pequeño, que algo antes nace de unas ſierras vezinas, i a breve eſpacio muere, en el Mondego; celebre no tanto por ſu nombre, quanto porq̃ la fama approvada de muchos, le haze ſegunda patria, en el retiramiento, i ſepultura de nueſtro Liuio Portuguez, el inſigne Iuan de Barros. Euripides imaginò, que importava para la fortuna de un hombre nacer en lugar noble: però más glorioſo es, que aya hecho famoſo al Pombal eſte varon ſingular como otro Homero (a Eſmirna ciudad de Aſsia la menor en la Ionia) que ſi le diera nombre la grandeza de ſu tierra.

(31) Como el Infante entendiò la venida de Don Duarte, torcio el camino por la ſierra, que dizen de Anſion; i ſe fue derecho al convento de la Batalla, dividida ſu gente en tropas; porque parecieſſe màs acompañamiento, que exercito; llevava ſus banderas tendidas, i eſcrito en ellas, Lealtad, Iuſticia, i Vengança: i toda la ordenança que ſe guarda en la guerra. En el numero ſe difiere; los màs dizen que no paſſava de mil cavallos, i ſinco mil Infantes; pocos para campo, y muchos para acompañamiento: en eſta reſolucion peccó de arrojado el Infante, porque el Rey aunque ſe hallava con treinta mil hõbres; la proviſion, i baſtimentos eran tan limitados por la eſterilidad del año, i poco aparejo de carruaje, i artilleria, que la miſma muchedũbre difficultava el deſeo del Rey; i ſi el Infante tuviera mayor ſufrimiento, ô diferente conſejo, no ay duda, que ó ſus coſas ſe mejoraran, ò ſu muerte no fuera tan apreſurada; perô affrentas deſta qualidad pueden mucho en pechos honrados, quando en ellos ſe antepone ſiempre la honra a la vida; porque la fama es el bien mayor de los buenos, i el theſoro donde fundan ſus felicidades.

(32) Llegò el Infante por jornadas largas a tres leguas de Lisboa; i ſus enemigos, que a cada paſſo ſuyo, ivan abreviando los de ſu deſtruicion; apretaron entonces al Rey con la amenaça del cercano peligro; que le perſuadio màs reziamente, temiendo que ſi ſe entraſſe en Lisboa, ſe apoderaſſe della, como ciudad metropoli del Reyno, i donde ſiẽpre hallò fauores publicos del pueblo; el qual como beſtia de muchas cabeças de contino ſe govierna por extremos de amor, i aborrecimiento. Con eſto ſacò el Rey ſus hueſtes de Santaren, i diôſe tanta prieſſa a ſeguir al Infante que lo alcançò junto a la villa de Alverca en el ſitio, que llaman la Alfarrobeira, que deſpues dio nombre a eſta rota; era por Mayo, i el calor grãde del dia, le obligô al Infãte a hazer alto, por dar un poco de deſcanço a ſu gente, que del camino, i la incomodidad venia deſanimada. Los corredores del campo Real, ò fueſſe de induſtria, ó a caſo; ſe encontraron con los del Infante, i meſclandoſe otros ſoldados, que por adelantarſe en la adulacion, procuravan hazer merecimiento deſte zelo demaſiado, començaron en bozes, i denueſtos infames provocar a la perſona del Infante, tratandole de traydor, i que ſe queria alçar con el Reyno, i otras coſas ſemejãtes. Todas eſtas diligencias fueron neceſſarias para deſcomponer una modeſtia tan leal, como la del Infante; el qual con el dolor deſta ofenſa impaciente de oyr ſemejantes palabras; mandò a un artillero, que diſparaſſe una pieſſa por amedrentar a aquella gente vil, induzida (ſegun ſe entendio) de los enemigos del Infante: ſuccediò q̃ eſte tiro fue tan dieſtramente hecho, que paſso haſta la tienda del Rey; i ſiẽdo el miedo mayor que el peligro, ſe alborotaron los Reales de manera, que ſin guardar pueſto, ni orden, i obediencia alguna; ſe embiſtieron màs, en forma de pendencia particular, que de batalla, conforme el uzo de la milicia. Peleoſe de ambas partes con un odio, i porfia, como ſi fuera contra los enemigos de la Fè. Veianſe padres contra hijos, i hermanos contra hermanos, governando ſolo la afficion las lealtades de cadauno. Finalmẽte el Infante quedo desbaratado, i ſin vida, i de los ſuyos no eſcapò nadie de muerto, ó preſo.

(33) Es digno de referirſe lo que ſe cuenta del Conde de Abranches; entre eſte cavallero, i el Infante havia muchas prendas de cõfiança, i amor; i fue de manera, que hizieron los dos un contrato firmado con juramentos, i otros vinculos de amiſtad, antes algunos dias de partir de Coimbra; de que en aquella jornada ſeguirian una fortuna, cõ la eſtrecheza, que ſi las vidas de ambos fuerã una ſola; i aſsi lo parecio, porque ſe puede dezir, que ſolo vn golpe los matò a entrãbos. Pudo ſalvarſe el Conde, pero luego que ſupo en el real la muerte del Infante, retirandoſe a ſu tienda a deſcançar un poco, comiò ſoſſegadamente; i deſpues entrandoſe en la fuerça de la pelea, haviendo recibido muchas heridas, i muerto muchos contrarios, ſe dexò caer en medio dellos desfalecido con la falta de la ſangre, i diziendo eſtas ultimas palabras. Hartaos rapazes. Murió màs valiente que devotamente; aunque es de creer, que en aquel punto ſocorreria Dios a una alma que ſupo tambien cumplir con las obligaciones de la honra, i amiſtad, con tanto esfuerço. Mayormente quando perdiò la vida por defender una innocencia.

(34) La ceguedad, i odio con que el Rey mirava las coſas del Infante, le hizo juzgar eſtas muertes por grande proſperidad, igualando eſta victoria a las primeras que ſus mayores alcançaron contra Moros. Començò a celebrarla con fieſtas, recibiendo los parabienes della, con aquella adulacion que los animos apaſsionados inventaron para entretener ſu brio; porque ſiendo governado con poca prudencia, i menos conſejo, como era aquel encuentro el primero en que viò las armas deſnudas, no hazia differencia de amigos, i enemigos. Tres dias ſe detuvo en el campo por ſuſtentar la victoria, conforme el uſo de aquella edad; i no le quedò por hazer alguna demonſtracion publica, con intento de juſtificar eſta guerra, porque la licencia de los tiempos dava lugar para todo; i los emulos del Infante no ſe contentavan con acabarle la vida, ſino mancharle la honra, que era lo que procuraron tantos años; aconſejarõ al Rey, que hizieſſe entrada publica en Lisboa a manera de triunfo, llevando delante de ſi, los deſpojos de la que acclamavã por victoria, en que ſe notavan màs los de ſu deſacierto; pues no havia coſa dellos, que no manifeſtaſſe la innocencia del Infante, el arrojamiento del Rey, i la malicia de los conjurados.

(35) En Lisboa derramô por la Chriſtiandad relaciones del caſo, hechas con aquella verdad con que hizieron las demàs coſas; peró no baſtarõ eſta, i las demàs diligencias para q̃ generalmente no fueſſe manifieſta la juſtificacion del Infante: porque la ſingularidad, i excelencia de ſus virtudes, le diò en la fama la ſatisfacion, que el Rey ſu ſobrino, yerno, i pupilo por tantos caminos le devia; midiendo eſta paga, por las q̃ ſuelẽ dar los Principes quando màs obligados.

(36) La muerte del Infante executada con tanto rigor, i violencia, eſpantó, no ſolo como trueno; però paſſando adelante, hiriò tambien como rayo, a los que ſe hallaron cerca del peligro; però con eſto no ſe puede negar, que vino a perderſe tanto por ſus virtudes, quanto por los vicios agenos, i para maior gloria ſuya; pues entonces ſe calificaron ſus merecimientos, quando no havia ya que temer dellos. Con todo ſucediò en eſte caſo, lo que en pocos ſuele acaecer: i es, que reſultò una paz univerſal de una maldad tan conocida; ſiendo las màs vezes eſtos, los motivos de muchas diſcordias, quedando ſiempre de tan grandes incendios, alguna centella, que baſta a reſuſcitar llamas, que abrazan regiones, i monarchias enteras. Muriò con el Infante la vengança tambien de ſu muerte: aunque Ruy de Pina, Ieronymo de Çurita, Philipo de Cuminis, cõ otros muchos hiſtoriadores Portuguezes notaron advertidamente; que de los graves odios que en eſta ocaſion ſe ſembraron, vinieron deſpues los deſcendientes deſtos Principes acoger en ſi el fructo amargo dellos, con tan encontrados ſucceſſos, que el Rey Don Iuan el Segundo, hijo del Rey Don Alfonſo, i nieto por ſu madre Doña Iſabel, del Infante Don Pedro; por ſola eſta cauſa, aunque con otro pretexto llegô a matar por juſticia a D. Fernando, tercer Duque de Bragança, que era nieto tambien del Duque Don Alfonſo, Autor deſtas diſcordias del Infante: aſsi que en la innocẽcia del nieto, ſe caſtigò la culpa del aguelo; ſiendo entonces eſtrañada communmente en las cauſas que ſe buſcaron para manchar tambien la fama, i lealtad del Duque D. Fernando, q̃ pareciò coſa prevenida, por igualar ſu muerte a la del Infante D. Pedro, pues quando murian ambos innocẽtes, murieſſen tambien ambos infamados.