(63) Quedòſe el Rey en Ceuta fatigado con tantas adverſidades, que le herian màs porq̃ tocavan en la inclinacion, de que màs ſe preciava, que ſiempre ſuele ſer lo que ſe ſiente con maior vehemencia; i no acabando de reſolverſe en dexar a Berberia ſin alguna demonſtracion, que reparaſse las paſſadas, reconocida la ſierra de Benacofu, partiò cõ ocho cientos cavallos, deſseoſo de verſe con el enemigo roſtro a roſtro; acompañaronle el Duque de Bargança, los Condes de Guimaranes, Faro, Villa real, Penela, i Monſanto, el de Viana con D. Henrique, i D. Fernando ſus hijos, i otros muchos cavalleros de igual calidad, i virtud, aprovando primero eſta entrada, porque queria moſtrar a ſu Rey el valor, con que le ſervia; ſiendo gran ventura de los tiempos, en que los Principes toman las armas, tanto para conocer los ſubditos, como para ſer conocidos dellos.
(64) El dia, que el Rey ſaliô de Ceuta ſe fue alojar al caſtillo de Almiñecar, i deſcanſando un rato, entrò de noche en la ſierra: diſta quaſi tres leguas de Ceuta, incluyendoſe en la miſma, que Marmol llama Huat Idris, ſiendo el nombre de Benacofu impueſto por los naturales, por algun accidente, de que no ſabemos la cauſa. Son reputados ſus moradores, por los màs valientes hombres de Berberia: luzieron en eſta occaſion, porque el Rey pareciendole, que todo ſe allanava a ſu poder, anduvo diſcurriendo por la ſierra, como vencedor deſpues de hazer una gran preſa de gente, i ganados; i queriendoſe paſſar a Tetuan, embiô màs de la mitad de los ſuyos adelante. Los Moros provocados de ſu affrenta, i deſtruicion, juntandoſe en gran copia, elegieron una cabeça, i luego cargaron con impetu ſobre los nueſtros, que los descompuſieron al primer encuentro; i deſpues peleando valientemente, valiendoſe de los lugares aſperos, i fragoſos de la miſma ſuerte que de las armas, a penas davan tiempo a los Chriſtianos para defenderſe. Eſta oſadia fue cauſa para que en un momẽto ſe le juntaſſe al enemigo un inmenſo exercito; i los nueſtros ſin ſaber camino, ni ſenda, que no fueſſe en daño ſuyo, començaron a derramarſe de manera q̃ fue forçado al Rey retirarſe obligado de algunos fidalgos: i quedandoſe el Conde de Villa Real en la retaguarda algo lexos, por aſſegurar las eſpaldas, mandò el Rey al Cõde de Viana, que detuvieſſe los Chriſtianos para hazer roſtro al enemigo, mientras el ſe ſalia de la ſierra.
(65) Conoció el Conde el rieſgo de la comiſſion, porque muchos de los nueſtros como biſoños en aquellas entradas no hizieron tanto ſu dever, i deſampararon el campo, llevados de ſalvar las vidas; i ſin embargo de ver a ſu Rey en tan evidente peligro, atropellaron primero la honra, i luego la obediencia. El Conde con eſta deſeſperacion ſin que le aprovechaſſen bozes, ni ruegos: dizen, que reſpondiò al Rey.
Señor, dura coſa me encarga V. A. en occaſion, en que me hallo ſin mis ſoldados, i con otros, que ni os obedecen, ni me ſiguen; perô pues grangeo con mi vida el ſalvar la vueſtra, en mi muerte vereis el zelo, que ſiempre tuve de ſerviros.
Con eſto ſe bolviò a Dios, como quiẽ mucho de antes, el coraçon preſago en los males, le denunciava aquella hora por ultima: i haziendo un breve acto de contricion, proteſtando que moria por ſuſtentar la fé de Ieſu Chriſto, de cuyos aumentos tratò ſiempre, con tantas anſias; i tambiẽ por librar a ſu Rey de aquel peligro (obligacion preciſa de ſubdito) ſe oppuſo a los contrarios tan esforſadamente, que los detuvo, a que no ſiguieſſen al Rey: i peleando con notable conſtancia, i valor, aviendo muertos por ſu braço los más oſados, que por grangear la gloria de vencerle, ſe adelantavan a los otros, por herirle, le mataron el cavallo: apeòſe para darle el ſuyo Nuño Martines de Villalobos, però no pudo, porque ſin executar el intento, quedò ſin vida, dando exemplo de notable fidelidad, pues ſiendo criado del Conde quiſo morir por defendelle, igualando en eſto a lo que el amo hizo con el Rey. Viendo pues el Conde de Monſanto en aquel aprieto al de Viana, corriô tambien por ſocorrerle, i dandole otro cavallo, trabajando por ſubirle en el, el Conde mal herido, i con menos fuerça, pueſto un pie en el eſtribo no pudo llegar al otro, porque hallò los aſiones largos, i embaraçandoſe en eſto, tocó con la eſpuela en la anca del cavallo, de manera que le hizo dar corcobos, con que el Conde bolvió a caer en el ſuelo: gritò entonces al cuñado, q̃ ſe ſalvaſſe, i repetiendo aquellas palabras del pſalmo (en tus mãos, Señor, encomiendo mi eſpirito) acabó de rendirle con mueſtras de invencible ſoldado de Chriſto, i de ſu Rey.
(66) Los Moros concluyendo con eſta muerte el triumpho maior, a que aſpiravan, la ſolemniſaron con grandes alaridos, deſpedaçando el cuerpo muerto de manera q̃ fue un dedo la maior parte, que dexaron del entera. Eſte fue el fin glorioſo del Conde de Viana D. Duarte de Meneſes, al qual pronoſticarõ primero algunas ſeñales, como ſucede en las muertes de grandes hombres. Cuentan Ruy de Pina, i Damian de Goes, que muchos años antes, ſe la denunciò un Religioſo Abbad del Convento de las Sarzedas de S. Bernardo, por nombre fray Luis, que era famoſo judiciario, diziendole, que auia de morir en occaſion, q̃ militaſse debaxo del mando de otro capitan; deſpreciò el Conde el aviſo, con la prudencia, i cordura, con que ſe deven vituperar de todo punto los profeſſores deſta ſciencia, quando exceden la moderacion, i limite, que la Igleſia les permite; porque es gente, que guarda ſiempre poca fidelidad, i que totalmente con eſtos eſtudios ſe inhabilita para el ſervicio de la Republica, occupada en inquirir la inclinaciõ de los hombres, que crehen de mejor gana las coſas inciertas.
(67) Sucediò el falecimiento del Conde a 20. de Henero del año de mil quatrocẽtos ſeſsẽta i quatro, cumpliendo en ſu edad cinquenta; i porque no falte a ſus aficionados el conocimiento de ſaber, qual era ſu diſpoſicion, i talle; fue bien proporcionado, mas de pequeño cuerpo; cargado moderadamente de carnes; blanco, i el roſtro, i preſencia tan agradable, que facilmente le juzgara qualquier por hombre de bien, i creyera de buena gana, q̃ lo era; algo tartamudo, però no de ſuerte que diſonaſse a los oydos: con eſto hablava de eſpacio con màs ſeveridad, que alegria; era de memoria firme, i entendimiento mui deſpierto; de buena complexion, i eſtremada ſalud; i aunque verdaderamente fue arrebatado en lo mejor de ſu edad perfeta, para los q̃ conſideran la fama con las glorias militares; viviò un largo tiempo, pues quaſi deſde la cuna las començô a lograr, alcançando los verdaderos bienes, que conſiſtẽ en la virtud; i para que ſe entienda el ultimo grado a que podia llegar el valor, i fortuna de un hõbre, es prodigio admirable, que notan los autores deſte capitan; que nunca fueſſe vencido, ni ſalieſſe menos que vencedor de las batallas, en que ſe hallô, que fueron muchas, como ſe echa de ver por lo referido.
(68) Dudavan los antigos de Iulio Ceſar, ſi la dicha igualava al brio, ſiendo ambas coſas mui neceſſarias para un capitan, pues en la felicidad, mueſtra la providencia (de donde pẽden las cauſas ſegundas) que aprueva ſu eleccion. Por eſto los antigos tuvieron gran cuidado en encargar las empreſas a valeroſos, i bien afortunados, q̃ es la principal coſa, de q̃ Mario ſe jactava en el ſenado Romano; a los màs famoſos igualô nueſtro Conde, pues ſiẽdo en vida invencible, fue feliſsimo tambien en la muerte, librando a ſu Rey della, quando importa tanto la vida de un Principe, como el ſuſtento de la patria, a cuya ſalud deven los ſubditos las vidas, honras, i haziẽdas. Cumpliò al fin el Conde con todo ello, i moſtrò bien ſer Portuguez en la muerte, por lo que luziò en ellos el amor de ſus Principes, con más ventajas, que en otras naciones; i como eſte genero de acabar era el màs honrado, quiſo el cielo darſele por premio, i realce de ſus glorioſas acciones, i admirables hazañas, que con gran perfeccion obró en la vida.
(69) El Rey entre el ſentimiento, i las gracias, aquel miſmo dia llamò a Don Henrique de Meneſes ſu hijo; i le diò liberalmente el titulo, caſa, i oficio del padre: aunque los tiempos adelante le quitô la villa de Viana, i le diò las de Valencia, i Loule, de que tomó el titulo de Conde. Luego embiò a conſolar a la muger, la qual con ſu grande fama, i virtudes, no pudo reſiſtir a la pena deſta falta, con que vivió deſpues algunos años, aunq̃ ſiẽpre como quaſi muerta; doblòle la aflicion el ſaber la crueldad, con q̃ aquellos barbaros ſe encrudelecierõ ſobre el cuerpo difunto del marido, de que ſe alcãçó ſolamẽte un diẽte, q̃ ella tenia guardado, q̃ deſpues ſus hijos traſladaron a Sanctaren, i le labraron una capilla mui hermoſa en el Convẽto de S. Franciſco, donde le puſieron en honorifica ſepultura.