Ivan los hombres con eſtas ſeñales con tanta triſteza interior, que a penas davan paſſo, que no juzgaſſen, que era para la ſepultura.
(56) Llegados al muro le arrimaron quatro eſcalas, i ſubieron como cien hombres, mas reconocidos por la poſta, yẽdo Iuan de Soſa a herirle con la lança, ſe arrojô del muro abaxo, i començò a dar bozes; i los nueſtros penſando, que del eſtruendo naceria otra confuſion, que embaraçaſse al enemigo para poder defenderſe, tocaron reziamente al arma, quando el enemigo acudió con gran valor a ſu defenſa; esforçòſe con el peligro, i ultimamente hallando los Chriſtianos deſordenados, fue degollando en ellos, ſin que el Inffante pudieſſe valerlos, màs que con el ſentimiẽto. Quiſo arrojadamẽte ſubir al muro, i morir con los demàs compañeros; però el Conde de Odemira, i otros fidalgos lo deſviarõ deſte intento, alẽtandole deſta aflicion, haſta q̃ ſ vino a Alcaçar.
(57) Nueva tan deſaſtrada llegô primero, q̃ las reliquias del campo, a Ceuta, como tienẽ de coſtumbre ſiempre las infelicidades; i el Rey animandoſe para el conſuelo, mandò al Conde de Viana, q̃ de ſu parte fueſſe luego a darſele al Inffante, el qual pidiendo al Conde le perdonaſſe no ſeguir ſu cordura, i parecer, ſe aliviò de la perdida. Fue mui grande, la que recibiò eſte Reyno, porque murieron màs de duzientas perſonas calificadas en valor, i ſangre, quedãdo preſas otras ciento. Anduvo el enemigo revolviendo entre los nueſtros, para ver ſi hallava el cuerpo del Conde de Viana, porque juzgava, que a quedar vivo no podia llamar victoria aquella, quando el baſtava a reſtaurar maiores calamidades. Cuentaſe, que en eſta ocaſion dixera un moro viejo gran ſoldado, a ſu Alcaide, eſtas palabras
Abrahem Bename, en vano buſcas el cuerpo de D. Duarte de Meneſes entre eſſos, que miras ſin vida; pues en la deſorden, i poca diſciplina, que moſtraron en eſte caſo los Portugueſes, veo, que no ſe hallò en el.
Tanto era el reſpecto, con que hablavan de ſu perſona los enemigos, i la proſperidad de ſu opinion.
(58) El Rey no quiſo divulgar la nueva, haſta q̃ ſe embarcò a Gibaltar, q̃ fue el miſmo dia, que ſe la dieron. Eſtava el de Caſtilla aguardandolo, i llevando los dos la grãdeza de ſus cortes, i eſtados, a cabo de algunos dias, q̃ eſtuvieron juntos, aſſentaron coſas, que nunca tuvieron cumplimiento, aunque fueron juradas en manos de D. Iorge de Acoſta Obiſpo de Evora, ſucediendo en eſtas viſtas lo que en todas, que ya màs lo tratado en ellas ſe guardò nunca. Andavan los ſeñores de Caſtilla deſabridos con el Rey dudando de la legitimacion de ſu hija D. Iuana, que era Princeſa unica de aquel Reyno; porque la madre viviendo con menos honeſtidad de lo q̃ requeria ſu grãdeza, dava ocaſiõ a q̃ ſe juzgaſſe al Rey ſu marido por inhabil para tener hijos; i que el pueblo no paraſſe en ſola eſta malicia. El Infante D. Alonſo hermano del Rey de Caſtilla con eſta, i otras cauſas, ſe inquietò de manera que llegô a armar contra el hermano, haziendoſe cabeça de los inobedientes, i malcontentos. Quiſo entonces el Rey caſar al Principe D. Iuan de Portugal, con la Princeza heredera de Caſtilla, i al Rey D. Alfonſo con ſu hermana la Infanta D. Iſabel, que deſpues fue la Reyna Catholica, però el Cielo deſviò el acierto deſtos matrimonios por caſtigar a Heſpaña, con una guerra poco menos que civil, que duró haſta la muerte del Rey Don Alfonſo, de que ay eſcritos copioſos commentarios.
(59) Tornòſe el Rey de Gibaltar a Ceuta, donde entrò de nuevo en otro penſamiento de tomar Arzila, ciudad tambien de aquella coſta, metida dentro en un arrecife, que alli haze el mar Occeano Herculeo, la qual ſe llamò antiguamente Zilia, i los naturales, con poca corrupcion dizen Azeila; eſtà quarenta i ſiete leguas de Fez, i ſiete a Poniente del eſtrecho; porque el yerro, con que ſe acometio a Tanjar, le atormentava el coraçon para hallar algun modo, con que pudieſſe reſtaurar el credito, que imaginava menoscabado con la ſobra de animo, que tenia; peró muchas vezes pierdẽ los Principes tanto por dar en valientes, ſi es con temeridad, como por ſer cobardes.
(60) Con eſta imaginacion ſe fue a Alcaçar, i de alli con el Infante entrando en la ſierra, por el puerto, que llaman de Alfeixe. Al amanecer diò en unas aldeas, que hallò deſpobladas, con el aviſo, que tuvieron deſta entrada: deſpues corriò ſin ceſſar, haſta legua i media, por la ſierra, con no poco daño del enemigo; anocheciole en eſto, i paſsô el rio de Tagadarte, por alojarſe a ſu orilla; però fue tanto lo que lloviò aquella noche, i la recia tempeſtad, que ſobrevino, que el rio ſiẽdo mui pequeño ſe hizo un mar, i el Rey por eſta cauſa ſe viô perdido, ſin poder paſſar adelante, bolviendoſe triſte, i afligido a Alcaçar, i luego a Ceuta. Pareciole entonces deſpedir ſus gentes, porque ſe deſengañò de la tema, con que andava de un yerro en otro, ſin conſejo, ni prudencia, ſolo por la ambicion de moſtrar valor; ſiendo tan cõpañero en eſte deſeo el Infante ſu hermano, que no ſe podia juzgar de ambos, qual deſacertava màs.
(61) Eſte Principe eſtando en Portugal como maeſtro, que era de las dos ordenes militares de Chriſto, i Sanctiago, mandò con edicto publico, que todos los cavalleros deſtos habitos, vinieſſen a ſervirle en eſta empreſa, compeliẽdolos con amenazas, i aunque es lo cierto, que no faltò alguno, q̃ voluntariamẽte dexaſſe de ſeguir el Infante, ſiẽdo ſu exemplo, i el del Rey maior fuerça que todos los demás mandamientos: Con todo como eſte negocio tocava a juriſdicion, i los cavalleros profeſſavan maior zelo, que en eſte tiempo eſtando aqui en Ceuta deſpues de deſpedidos, i con licencia, para que pudieſſen bolverſe a ſus caſas, entre las dos ordenes eſcogierõ a Gonſalo Gomez de valladares Comendador del Mogadouro del habito de Chriſto, i Martin Vaz Maſcareñas, comendador de Aljuſter de Sanctiago, cavalleros de prudencia, i virtud; para que notificaſſen al Infante declaraſſe no eſtar obligados los cavalleros a ſemejantes violencias, ſiendo accion voluntaria, i libre ſeguir los maeſtros en ocaſion de guerra, que no fueſſe declarada en ſus eſtatutos, a quien para maior ſeguridad ſe remetiã.
(62) Quando la libertad ſe funda en razon, i juſticia, no es buen Principe, el que la condena, ò caſtiga: pues los buenos ſiempre permiten, que los ſubditos negocien como ſubditos, i no como eſclavos; maiormente en las coſas, en que no mueſtran interes proprio, pues la cauſa publica ha de tener differente aſsiento en el animo del Principe, cuyas orejas, quanto màs abiertas eſtan para los quexoſos, tanto más cumplen con la obligacion de ſu oficio, ſin que para eſtos ſean neceſſarios nuevos tribunales, pues miniſtros con gran dificultad emiendan yerros de otros miniſtros, por no ſe acuſar a ſy meſmos, i aſſi los Reyes lo han de hazer como obligacion preciſa ſuya. El Infante no ſolo los eſcuchô agradablemente, pero examinando los eſtatutos, i privilegios, ſin remetirlo a nadie, ni dilatarlo, viendo todo por ſus ojos, concediò lo que pedian aquellos cavalleros, i con eſto ſe paſsó a Portugal con la maior parte de la armada.