(51) Deſpues tornò el Infante a hazer conſejo con los cavalleros, que le aſsiſtian en Alcaçar ſobre la gente que era neceſſaria para la execucion de ſu deſeo. Llevantoſe Hernãdo Telles en medio, i pidiò al Infante declaraſſe ſi tenia licencia del Rey ſu hermano para acabar aquella empreza; hiriole mortalmente la pergunta, aunque callô la reſpueſta: i el de Odemira, que conoció ſu enojo por liſonjearle, mas deſcubiertamente ſe deſcõpuſo en palabras con Hernando Telles (cavallero de ſingular animo, i viçarria, aunque mancebo) con que ſe deſviò aquella platica; tratandole ſolamente ſobre la propueſta del Infante, en que el de Viana diſcurrio deſta ſuerte.

Bien ſe (ſeñores) que las differẽcias de los votos que eſcuchamos en eſte negocio, nacen mâs de alguna particularidad, a que no puedo dar remedio, que de otra conſideracion alguna, en que ſe note zelo, i cuidado de lo que más importa, con que no dudo, que ſiempre mi pratica parecerâ ſoſpechoſa. Baſtante ocaſion era eſta para dexarme llevar del parecer arrojado de otros. Mas pues eſtoy aqui para dezir lo que ſiento, donde ſolo ſe deve tener la mira al ſervicio de Dios, i honra de mi Rey, no tratare de la mia: por temeridad juſgo ponerſe a una buelta de dado, i en poder de la ciega fortuna mâs poderoſa en la guerra, que en otra parte, vidas, i ſeñorios: la reputacion Portugueſa, donde ſolo peleamos con ella, i nos cueſta el grangearla tanta ſangre, i trabajo, fuerça es perderla en eſta occaſion; porque ſiendo Tanjar una plaça de las más fuertes, i bien guarnicidas, que tiene el Rey de Fez, parece coſa impoſsible, que ſe pueda entrar con tan poca gente, como tenemos. Paſſa de tres mil ſoldados ſu presidio, lleno de vituallas, artilleria, i mucho esfuerço: el ſocorro a la puerta, i que ha de venir por tierra firme, que es ſuya, i de ſus Principes, que eſtan ſin otros embaraços de guerra, ni rebeliones: concluida la de Xeque Laros con ſu muerte; Tremecen quieto; i al fin no ay coſa en el Reyno de Fez, que quite acudir a Tanjar en el aprieto; tiene un capitan de mucha experiencia, i brio, que ſabe guardar ſus muros, de manera que no puede el deſcuido ayudarnos, por mâs que nos certifiquen lo contrario. Contra eſto, que razon ay de nuestra parte para acometer un hecho tan ſin prudencia? el conocimento, i la memoria de las coſas paſſadas, es una luz, i guia de las operaciones humanas, principalmente en las guerras, cuyos errores ninguna diſculpa reciben, ni aun conſientẽ remedio; porque en ſiendo cometidos, cahe la pena ſobre ellos. Prodigioſas fueron ſiempre las jornadas de Tanjar, no permita vueſtra Alteza, que eſta acabe de ſer tumba de nueſtras honras. Eſperemos tiempo, el nos dirâ lo que havemos de hazer: andamos felices en las entradas, però no en los exercitos. Quiçâ nueſtro ſufrimiento, i valor podra occaſionar ſu ruina; i pues ſomos vencedores en lo poco, Dios ordenarà, que ſea tambien en lo mucho.

A eſto reſpondiò el Conde de Odemira, llevado de ſu antigua enemiſtad.

Si advertis (ſeñores) en las difficultades, que tienen ſemejantes emprezas, ſin mirar primero ſus provechos, i bienes, no ſerâ mucho, que os embarace lo que acabaſtes de eſcuchar aora: perô ſi diſcurris en lo particular deſta, avergonçareisos, en penſar, que tantos apparatos ſean para ningun effecto. Deliberôſe nueſtro Rey en venir ſobre Tanjar, trahiendo conſigo lo mâs luzido de ſu Reyno: ſerâ condenar ſu prudencia, i conſejo, dexar de proſeguir esta determinacion: todos los motivos, que la occaſionaron, eſtan en pie; ningun accidente ha quebrantado fuerças, ni animos; pues que cauſa havemos de dar para deſculpar eſte yerro. La advertencia del enemigo, i ſu vigilancia, eßa es la que nos ha de dar maior gloria, que vencerlos con ſu deſcuido, no merece gracias; que les ſomos ſuperiores es llano, a quien mirare lo que pocos Portugueſes han hecho contra innumerables Moros en Ceuta, i las demàs fronteras: pues como ſe han de recelar tres mil, quando millares ſe vencen cada dia? Nueſtra gente mâs ſe ha de contar por el valor, que por el numero. Cien Portugueſes baſtan para eſta empreſa: Mi voto es, que vueſtra Alteza execute eſta noche, lo que ha tantas, que nos deſvela: ſalgamos ſeñor, i ſea Tanjar triumpho, gloria un Infante de Portugal, ya que fue de otro oprobrio, i ſepultura.

(52) Aprovóſe el parecer en conformidad del guſto, que moſtrava el Infante, que fue ſolo la juſtificacion, a que attendia el Conde de Odemira, el qual por liſonjealle más, alcançò del Inffante en ſecreto, que el de Viana no le acompañaſſe en eſta jornada. Luego apartô cien cavallos, i ſin dezir nada ſaliô de Alcaçar a prima noche.

Fue Tanjar tumba, un tiempo de la nobleza de Portugal, por las anſias, con que ſus Principes aſpiraron ſin fuerças baſtantes a conquiſtarla. Eſtà pueſta en la coſta del Occeano Atlantico, quaſi en la boca del eſtrecho de Gibaltar, en ſitio llano, i apazible. Tiene Fez al cierco en diſtancia de cinquenta leguas. De ſu primer nombre, que fue Tingide, tomò aquella provincia Mauritania, el de Tingitania, por differenciarſe de las Ceſarienſe, i Sitifenſe, que tambien ſe denominaron de Ceſaria, i Sitife, ciudades cabeças ſuyas: fue lo ſiempre Tanjar de la Tingitania, por ſu autoridad, i grandeza. Los naturales le llaman oy Tanja, i mezclan ſu fundacion con mil cuentos fabuloſos, a que ſu abundancia, i riquezas dierõ motivo: Iuan Leon, i por el Marmol, i otros dizẽ, q̃ los Romanos la fundaron, i ennoblecieron, i que ſeñoreandola deſpues los Godos, quedò ſujeta a Ceuta. Perdiòſe quando eſta, i los Alarabes la reſtauraron, i fortalecieron con la gẽte mejor, i màs valiente de Berberia, de que eſtaua llena por eſte tiempo.

(53) Entretanto Diego de Barros, i Iuan Falcon ſe fueron al Conde de Viana, proteſtandole con muchas razones, quiſieſse aviſar al Rey de la reſolucion; porque el Iffante no tomando ninguno de los conſejos acertados (coſa mui dañoſa en los peligros) mientras quiſo ſeguir el del medio, no ſe atreuiô, ni proveyò, como era meneſter; quando llegò a Tanjar era ya mañana, i por no deſcubrirſe, ſe emboſcò aquel dia, embiando al Mariſcal corrieſse el enemigo, haſta que en el ſiguiẽte effectuaſſe lo que tenia determinado. El Rey en ſabiendo lo que paſſava, mandó adelantar a Vaſco Martines de Soſa (ſu capitan de la guardia de cavallos) para que de ſu parte detuvieſse al Iffante, i a ſus eſpaldas partiò de Ceuta, quaſi por la poſta, con ochociẽtos cavallos, i muchos infantes; mas fue tãta la prieſſa, que ſe dió en caminar, imaginando, que el Inffante aſſaltaria a Tanjar ſin el, que vencio el camino en mui pocas horas. Los infantes de canſados, quedaronſe en Alcaçar; i el Rey notando grande ſilencio, en el campo, quanto más ſe acercava ſin hallar el hermano, entendiò, que avia entrado a Tanjar, i començò a feſtejarlo con la facilidad, que hizo todo. En eſto llegò el Mariſcal, que contô lo que paſſava, i el Rey enojado del ſucceſſo, i mucho màs contra el hermano, ſin querer encõtrarle, ſe bolviò a Alcaçar, con que anduvo quinze leguas en aquella noche ſin deſcanſar. Vinoſe el Inffante tras el Rey, por aplacarle, mas el; como Principe, que no ſabia enojarſe contra lo mal hecho, que tambien es falta de valor, i una de las maiores, que ſe conſideran en los Reyes, i de maior daño para los Reynos; no paſsò ſu enojo de una reprehenſion menos aſpera, de lo que el Inffante merecia, por los deſabrimientos, con que ſe huvo en eſta materia: reſultaron della nuevas murmuraciones contra el Cõde, que era el fin de todo, porque el Inffante moſtrandoſe ſentido de la diligencia, que ſe hizo con el Rey; juzgò por autor al Conde, i como los induzimientos del de Odomira, no ceſſavan un punto de perſeguirle, procuravan otros deſacreditarlo, con tan differente effecto, de lo que era ſu animo, que quanto màs le perſeguian, tanto màs le acreditavan, i engrandecian.

(54) El Rey, entonces, menos deſabrido, ſe fue a Ceuta con penſamiento de paſſar de alli a Gibaltar, a verſe con el Rey D. Henrique de Caſtilla ſu cuñado, i el Infante acompañandolo haſta aquel lugar, pudo tanto con ſu autoridad, que alcançò licencia del hermano para bolver a Tanjar; conociẽdoſe en eſſo, como en otras varias acciones, que no ay deſvios humanos, que puedan impedir los ſuceſſos, que la providencia divina diſpone por otras cauſas, pues con aver tantas en eſta jornada para atajar la futura deſgracia, vino el appetito de un Principe a poder màs, que la razon, i la experiencia, hallando ſiempre pareceres, que approvaſſen tales deſaciertos.

(55) Por otra parte el Infante guiado del conſejo del Conde de Odemira, huyô de ſeguir el de Viana, que ſin embargo de ſus quexas, tornó con ruegos, i perſuaciones a encarecerle el error de aquel acometimiento; i como vió, que a penas lo eſcuchava, con ſolo quatro criados ſe fue a Ceuta, adonde el Rey lo embiava a llamar, para paſſar a Caſtilla, i hazer antes alguna entrada en tierra del enemigo. El Infante apreſtado con quatrociẽtos hombres, en diez i nueve de Henero (q̃ era noche de S. Sebaſtian) dos horas antes de amanecer ſe puſo en Tanjar: los Portugueſes atemorizados cõ prodigios, q̃ por todas partes amenazavan, notarõ vn Cometa, cõ largas, i ſangrientas crines, q̃ ſeguia a la Luna, en mitad de ſu claridad, pueſto ſobre aquella ciudad. Mirò Gomez Freire al Cielo (perſona de grãde prudencia, ceſo, i calidad, i en alta voz) dixo.

Ah noche fatal, i deſdichada, para quien te aparejas?