(41) Publicado eſte aſsiento, ſe guardò deſpues inviolablemente en vida del Conde; porque la verdad, i agrado con que tratava a los Moros de paz, los hazia andar puntuales en ſu obediencia, conſiderando en ella muchas utilidades, que el Rey de Fez les negava con el ſeñorio abſoluto, i tiranico, con q̃ aquellos Principes dominã ſus vaſſallos; ſiẽdo màs ſu govierno Deſpotico, q̃ Monarchico.

(42) Con eſta proſperidad no oſaron los Moros de Luſmara a reſiſtir al Conde, en una entrada que hizo en Octubre ſiguiente deſte miſmo año, de que ſacô mucho ganado. I porq̃ ſe hallava falto de vituallas, i Portugal ocupado en apreſtar la empreza de Tanjar, no attendia a otra coſa, olvidãdo, o quiça no pudiendo remediar todo: porque las fuerças eran menos q̃ el animo: y el Rey cõ el appetito, i ambicion de dilatar ſu imperio, obſtinavaſe en ſu parecer, ſin haver nadie q̃ ſe atrevieſſe a contradezirlo; reſolviendoſe los màs prudentes, i ſoldados a ſer compañeros deſte error; porq̃ queriã màs aventurarſe, i perderſe con el, q̃ caer en ſu deſgracia. Era uno deſtos el Cõde de Viana, el qual deſpues q̃ entẽdiò q̃ el Rey le tenia por ſoſpechoſo en eſta jornada por aſſegurarle, i deſmẽtir la opiniõ q̃ ſus emulos esforſauã quãto podiã; embiò al Reyno ſus dos hijos D. Hẽrique, i D. Fernãdo, que era el ſegundo, ambos de gentil diſpoſicion, i brio para q̃ acõpañaſſen el Rey, i juntamẽte apercibieſſen otras coſas neceſſarias.

(43) Entretanto no ceſſava un punto de moleſtar al enemigo, i allanando la ſierra de Benamenir, q̃ fue la vez primera q̃ la corriò, quemãdo a Ramele, q̃ era el lugar principal q̃ tenia fuerte, i rico, deſpues a pocos dias corriò a Tanjar por enflaquecer aquel Alcayde de opinion, i gente, juzgandolo aſi por neceſſario, para lo que ſe pretendia. I notando, q̃ en todo aquel cõtorno, ſolo la ciudad ſe ſuſtentava por el enemigo, llegò a deſafiarle al pie del muro de perſona a perſona; ò de la manera que quizieſſe, mas el Alcayde, covarde con eſta reſoluciõ, reſpõdiò cõ la artilleria, de manera q̃ fue forçado apartarſe el Conde; ſiẽdo tã dueño del cãpo, i ſierras, q̃ andava por ellas cõ la ſeguridad q̃ en Alcaçar. Aquel dia llamó a un Moro de preza, vezino de Tãjar, i embiolo al Alcayde con una copia de Carneros, pidiẽdo, q̃ como cavallero los repartieſſe por los Chriſtianos cautivos; porq̃ era eſtraña la piedad con q̃ ſe dolia de los affligidos.

(44) Bolvió en ſi el Alcayde de Tanjar, con tantas perdidas, ſabiẽdo q̃ los ſuyos le notavã de cobarde por el ſucceſſo paſſado, ſe reſolviò en buſcarle; mas la buena fortuna del Cõde ſe diô ocaſion de nueua affrenta, porq̃ en el mez ſeguiente fue ſobre Benamaqueda, i a la buelta topò con el Alcayde, y lo venciô, degollandole quinientos hombres.

(45) Eſta rota pudiera debilitar los animos, i guarnicion de Tanjar, ſi el Alcayde en la vigilancia, prudencia, i buen ſemblante con q̃ governava, no disfraçara el miedo con los ſuyos, pareciẽdo con ellos más vencedor que vencido. Llegavan eſtas victorias a los oydos de nueſtro Rey, ſin la fama que merecian por la emulacion de los enemigos del Conde: i como trahian todo el govierno del Reyno entre manos, arbitravan a ſu guſto en todo, alterandoſe con eſtos ſucceſſos, i temiendo q̃ el valor del Conde fueſſe tanto, que llevado de la ocaſiõ, i felicidad, ſe diſpuſieſſe a emprẽder la cõquiſta a Tanjar: por deſviarlo deſta gloria, hizieron con el Rey a q̃ partieſſe de Lisboa a ſiete de Nouiembre con dos mil cavallos, i algunos Infantes, ſiendo entrado el invierno con riguridad de aguas, i frios; con que no faltò murmuracion contra miniſtros que hazen a ſus Reyes executores de ſu paſſion, meſclando algunas appariencias de zelo que ſuelen engañar, aun a Principes advertidos.

(46) Entrô la armada en el eſtrecho con viento eſcaſo, i alli le ſobrevino tan gran tormenta, que ſe dividiò toda, deſgarrando unos navios a Ceuta, otros a Alcaçar; i algunos ſoçobraron: ſalvôſe el Duque de Bragãça, i ſus hijos, i otros muchos cavalleros quaſi milagroſamente a nado, i el Rey ſe fue a Alcaçar con no poco rieſgo de ſu vida. Eſtos principios pronoſticaron la deſdicha de los fines: mas la tema del Rey, i del Infante tuvo neceſsidad de otros deſengaños, para que llegaſſen a conocer ſu yerro, que es accion aſſas difficultoſa en los poderoſos, i de grandes peligros; porque como el remedio de los aciertos, conſiſte en el arrepentimiento la naturaleza como ofendida de los ſuperiores, quiere emendar una culpa con que ſe cometan muchas, i aſsi van engazando yerros haſta deſpeñarſe, como en eſte caſo ſe probó bien.

(47) Aunq̃ el Rey tenia tomada la determinaciõ mucho de antes; viẽdoſe en Alcaçar quiſo juntar a cõſejo más para eſcucharlo, q̃ ſeguirlo; i por no acabar de deſabrir al Conde de Viana de todo punto, porque en aquellos pocos dias havia notado, i viſto las maravilloſas coſas que hiziera en ſu ſervicio. Entraron como treinta perſonas; uvo deſputas ſobre ſi convenia acometer a Tanjar tambien por mar. Vencieron en votos al Conde de Viana, que ſe opuſo a eſta reſolucion, fundado en la incertidumbre, i riguridad del invierno, i aſpereza de aquella coſta, con otras razones militares, que la experiencia, i la razon aprovavan con grandes ventajas, mas nada aprovechò, para que el Rey no ſiguieſſe lo contrario. Partiò entonces Luis Mẽdez de Vaſconcelos con doze velas, i el Rey con lo reſtante del Campo, por tierra. Amanecierõ ſobre Tanjar, i Luis Mendez trabajando por deſembarcar ſu gente, eſtuvo a pique de perderſe, porque las olas andavan tan bravas, q̃ no ſe domaron con los remos. Y eſto ſolo ſirvio de deſpertar el enemigo, el qual vigilante antes, con eſte avizo, començò a jugar ſu artilleria contra la Armada; i el Rey advertiendo lo que paſſava, deſeſperado ya del effecto ſe bolviò a Alcaçar, i de alli a Ceuta engrãdeciendo con alabanças al Conde de de Viana, i culpãdo los pareceres q̃ lo havian perſuadido a no darle el credito que merecia ſu valor, i experiencia: peró en eſtas palabras más ſe condenava a ſy miſmo, que a otro alguno, pues ſe dexô llevar de adulaciones, conociẽdo la verdad, i entereſa del Conde, quãdo no ay Principe tan limitado, q̃ no entienda, quien le habla màs a lo juſto, i lo que le conviene, aunq̃ es ordinaria traça ſuya deſcargar ſiempre ſu error ſobre aquellos q̃ le aconſejan en los caſos adverſos, llevandoſe ſolos la gloria, i alabança de los proſperos.

(48) Deſte deſabrimiento del Rey tomaron motivo los emulos del Conde de Viana para enviſtir con el Infante D. Hernando, deſengañados ya de q̃ el Rey attendieſſe a ſus perſuaciones; mas el Infante con la demaſiada ambiciõ de aquella empreza andava màs diſpueſto a oyr ſemejantes deſacuerdos; i aſsi diferia al Conde de Odemira, que con particular adulacion le movia a que de ninguna manera deſiſtieſſe de acometer a Tanjar. Premiole eſte Principe el conſejo, como ſi fuera en gracias ya del effecto, con la encomienda mayor de Sanctiago; coſa que el de Odemira pretendia havia mucho tiempo. Tocavan al Infante eſtas proviſiones, porque era Maeſtro de las Ordenes Militares de Chriſtus, i Sanctiago, ſobre ſer Duque de Beja, i Viſeu, con otras muchas tierras, i ſeñorios.

(49) Por eſte tiempo Don Pedro Primogenito del Infante Don Pedro, ſe partiò de Ceuta a Cataluña en dos galeras, que de alla vinieron a buſcarle, i el Rey ſu cuñado aunque al principio le diò licencia, deſpues ſe la fue ſuſpendiendo de manera, que Don Pedro preſumiô que lo hazia por reſpeto de Caſtilla, porque el Rey D. Henrique tambien era oppoſitor a Aragon, i la amiſtad eſtrecha que tenia con el Rey Don Alfonſo ſobre el parenteſco de cuñado dava ſoſpechas para todo. Don Pedro pues dexando eſcrito al Rey ſus proteſtos, i cumplimientos; ſe embarcò en las dos galleras, i llegò a Cataluña; donde le juraron por Principe, i a pocos mezes fue muerto por los miſmos Catalanes de veneno, como avemos referido. Quedoſe el Infante Don Fernando en Alcaçar, con deliberacion declarada de bolver a Tanjar, aunque el Conde de Viana le parecia impoſsible el buẽ ſucceſſo deſta jornada.

(50) Mas el Infante, como era eſto lo que más ſolicitava, procuró ſeguir el conſejo del Conde de Odemira; i para reſintir al de Viana de ſuerte, que el miſmo ſe apartaſſe, tomò para ſi el quinto de vna rica cavalgada, que por derecho competia a los generales de Alcaçar que ſe hizo aquellos dias, en la qual ſe havia hallado el Infante, i el Conde, i perô no quedò perſona, que no lo murmuraſſe, ni dexaſſe de alabar al Conde por la modeſtia, con que ſe portò en eſta particion, ſiendo tan liberal en renunciarla, como el Infante corto en repartirla, aunque bien ſe entendiò a lo que tirava aquel penſamiento.