LIBRO PRIMERO.

NO pudo la ignorancia introduzir demanera el Imperio, q̃ tiene vſurpado en las coſas humanas, q̃ deſluſtraſse en todo, el conocimiẽto, q̃ ſe deue a la virtud; i la diſminuyeſse la eſtimacion, que ſolo alcança en los tiempos, que florece; ſiendo tal ſu fuerça, que en los màs calamitoſos ſe conocen los buenos, aunque ſe premien los malos. Eſte daño comun a los Reynos, afligiò menos al de Portugal, por la entereza, i prudencia de algunos de ſus Principes; que ſuelẽ ſer los autores principales deſte deffecto. Fue uno, i de los mejores el Rey Don Iuan el primero, hijo ilegitimo del Rey Don Pedro, de tan excelentes partes, que juſtamente le hizieron ſu Rey los pueblos, con aclamaciõ general, meneſteroſos entonces, màs que nunca, de un buen Principe, por las calamidades, que havian ſufrido en el precedẽte reynado, de ſu hermano D. Fernando; donde los vicios alcançaron los premios, que ſe devian a las virtudes. Començò, pues, D. Iuan a reynar primero en los animos, q̃ en los pueblos; que fue medio màs ſeguro de hazerſe Rey. i luego eſtimando los Heroes Portugueſes, q̃ aquel ſiglo produxo de admirable esfuerço, i conſtancia; i en tanto numero, que pudiera, con juſta razon, igualarſe a qualquiera de los paſsados; i con mucha, cauſar nota en lo preſente, ſi como en tiempos dichoſos, durara el menoſprecio de los vicios, i la emulacion virtuoſa, con que los buenos aſpiravan a ſer mejores, i los malos, por lo menos, a parecer buenos. Eſcrevir la vida de los que verdaderamente lo fueron, ni es accion nueva, ni condenada: porque los antiguos, con quien las virtudes tenian màs fuerça, uſavan dexar ſu poſteridad enrequicida con eſtos exemplos, i memorias de varones ſingulares; para que los venideros ſe diſpuſieſſen a coſas glorioſas. Pero depravòſe, entre otras buenas coſtumbres, eſta tan neceſſaria, principalmente entre los Portugueſes, mâs por falta de eſcriptores, que de hechos; porque ſiendo innumerables los que en todas edades engrãdecieron eſta nacion, como de embidia no conocen ſus naturales ventajas unos a otros, aſsi ſe desluzen de las excelencias de la fama con la murmuracion. Deſta ſuerte falta la noticia libre de dudas, i ponen en contingencia la verdad de ſer creyda (que es alma, i eſſencia de la hiſtoria). Y quiçà penſando, que el eſcrivir las buenas partes, i aciertos de sus mayores, es con animo de offenderlos, por no tener las que celebramos dellos, quedan con el animo no bien affecto, i expueſto el Hiſtoriador a lo que ſuele obrar en unos el poder ſuperior, i en otros el atrevimiento, i paſſion.

(2) Y aunque el rezelo deſto me ha tenido algo dudoſo, confieſſo que conſiderando el valor de Don Duarte de Menezes tercero Conde de Viana, me determinè a deſeſtimar contradiciones por dar a mi patria la vida deſte clariſsimo varon, para eſpejo deſta edad; i veneracion de aquella tan agradable, en que los Principes fiados en ſu valor, no embidiavan glorias agenas: premiãdo ſingularmẽte las virtudes de los vaſſallos, llenandolos, quando vivos de bienes de fortuna, i quando muertos de los de la fama; con igual gloria por lo que con eſto ſe califica el valor de ſus obras, en la que redunda al Principe por el agradecimiento, que mueſtra con los que ya no le pueden ſeruir: accion verdaderamente real, pues dà animo a los vivos para emprender grandes coſas, i honra a los muertos, en lo perpetuo de ſu fama.

(3) Fue admirable en eſto el Rey D. Alfonſo el quinto: porque viendo por ſus ojos las acciones valeroſas deſte cavallero, las vezes, q̃ passó a Berberia, deſpues de honrar ſus deſcendientes con mercedes, i nuevos titulos: añadio a ſu memoria eſte de maior alabança, i duracion; i mandò a Gomez Eanes de Zuzara cavallero de la Orden de Chriſto, i guarda maior del Archivo deſte Reyno, que hizieſle relacion de ſu vida, y hechos por una carta particular ſuya llena de mil favores, q̃ trahe al principio de ſu obra, aſsàs digna de veneracion para la buena memoria deſte Principe; q̃ obligaua con los mãdatos igualmente, que con los premios. La hiſtoria aũq̃ eſcrita con el eſtilo toſco de aquella edad, i falta en partes, tiene mucho de puntual, i verdadera: pues para eſcrivirla con màs acertamiento, i mejor averiguar las coſas, paſsò a Africa. Bien es verdad, que olvidò algunas, a que eſtá ſujeto quien haze vidas particulares, i refiere otras poco advertidas: mas tambien eſte yerro fue culpa de aquellos tiempos, en que la ſenzillez, i buen animo ſe conformava con las palabras, i las obras.

(4) Yo ſinò he hecho eſto, por no ſer ya neceſſario, he procurado, con todo el cuidado poſsible, apurar la verdad; i ofreſco eſcrivirla ſin odio, ni affeccion; affectos de que me hallo libre: aunque no conſiga màs premio que la verdad, que por lo que tiene de virtud lo es de ſi meſma.

(5) Don Duarte de Menezes nacio en Lisboa Ciudad Metropoli de Portugal, reynando en ella el Rey Don Iuan el primero, en el año de mil quatrocientos i quatorze. Fue hijo natural de D. Pedro de Menezes Conde de Viana, i Villa Real: decendiente por varonia de D. Pedro Bernardo, el que llamaron de S. Fagundo (que es lo meſmo que Sahagun en Caſtilla) por ſer ſeñor de aquella tierra, y de otras muchas en aquel Reyno, en los tiẽpos del Rey D. Alfonſo el ſeptimo, intitulado Emperador de las Eſpañas.

(6) Don Pedro Bernardo, como a origen de los Menezes, es el primero, que trahe el Cõde Don Pedro en ſu libro de linages, i con el todos los Autores, que cuerdamente eſcriven deſte appellido: calificando por apocripha la opinion, que comunmente anda introduzida en el vulgo, de q̃ procedẽ de una hija de Ordoño Rey de Leon, i de Tello, ſeñor, ò natural de un cortijo, q̃ llamauan Menezes; añadiendo a eſto otras fabulas, como ſucede de ordinario en todas las mentiras, q̃ del apoyo de unas nacẽ otras: dando la adulaciõ motivo para ſemejãtes cuẽtos. Porq̃ cõ el deſſeo de iluſtrar los linages de los màs poderoſos, buſcã para antiguarlos, coſas ſin propoſito, muchas vezes ignorando, q̃ entonces los buelven ſoſpechoſos, quãdo intẽtan novedades; q̃ por la maior parte ſirve ſolo de desluzir lo cierto, y quedar en opiniõ lo verdadero.

(7) La ſucceſsion de D. Pedro llegò a D. Alõſo Tello de Menezes, conſervada ſiempre en ricos hombres, i los maiores ſeñores de Caſtilla. Eſte pues, ſiendo un gran cavallero, mereciò ſer odiado por ſus virtudes del Rey D. Pedro el cruel, el qual con la violencia, con q̃ hizo otras muertes, matô tambien a Martin Alfonſo Tello de Menezes, hijo de D. Alfonſo. Y temiẽdoſe no paſſaſſe a mâs la crueldad del Rey: porq̃ tras haverle caido en ſoſpecha, era cierto aborrecerle, i mui vereſimil acabarlo, ſi pudiera; ſe retirò con ſu caſa, i familia a Portugal, donde el Rey D. Alfonſo el quarto llevado de la mucha calidad, i grãdes partes de D. Alonſo Tello, le diò el oficio de maiordomo maior de ſu caſa (q̃ ſiempre fue de los primeros en la de los Principes). Y luego ſu hijo D. Iuan Alfonſo Tello, ſiẽdo deſpues Cõde de Barcelos, lo fue ſu nieto tãbiẽ de Viana, D. Iuã Tello, padre de D. Pedro de Menezes q̃ lo fue de D. Duarte, de quiẽ voy eſcreviẽdo.