(8) Sobre la primogenitura deſta familia ay grandes controverſias entre los que la hazen de todo, governandoſe conforme la volũtad, ô el aborrecimiẽto, que tienen a las coſas. Yo por cumplir con mi obligacion referirè ambas opiniones, ſin decidirlas; porque no ſiendo lo eſſencial de mi hiſtoria eſta aueriguacion, devo no parecer apaſsionado. Las hiſtorias Caſtellanas, i entre ellas Salazar de Mendoça, que eſcrivio diligentemente deſta familia, quieren, que Martin Alfonſo de Menezes ſea el hijo ſegundo de D. Alfonſſo Tello, i el Conde de Barcelos el mayor. La corriente de los Portugueſes affirma lo contrario. Probabilidades ay para todo. En coſa tan envejecida quien podra declarar lo cierto? aſsi como indeciſo, lo dexo a los más genealogicos de profeſsion, i eſtudios; a los qua les confieſſo ſe deven muchas alabãças, por la diligencia, i curioſidad; ſi bien corren grã riesgo, como la experiencia enſeña, pues ſi dizen la verdad, como deven, ſe hazen odioſos, ſujetos a los peligros de los que la profeſsã: ſi la callan faltan a ſu obligaciõ. A eſtos dos cavalleros, cuya decendencia ſi incluyò en quaſi toda la nobleza de Portugal, añadẽ los Caſtellanos tercero hermano, hijo tambien de D. Alfonſo Tello, que con menos poſteridad, dexò ſucceſſores en Talavera de la Reyna, que oy ſe conſerva en caſas de cavalleros conocidos.
(9) Por otra parte procedia tambien D. Pedro de Menezes de los Reyes de Caſtilla, porque el Conde de Barcelos caſó? con Doña Guiomar de Villalobos biſnieta del Rey D. Sancho. De manera que en calidad no le faltava al Cõde D. Pedro para Principe, màs que no haver ſido vaſſallo, porque debaxo deſte nombre fue de los màs illuſtres de Heſpaña.
(10) Mientras biudo tratô amores con una donzella de ſu primera muger D. Margarita de Miranda, por nõbre Iſabel Domingues; la qual en eſte grado de gente, era de ſangre noble, i limpieza conocida: i pruevaſe, por ſer la caſa del Conde de las primeras deſte Reyno, i le ſervian los nobles del (cõforme dizen Ruy de Pina, i Gomez Eanes.) Eſta fue la madre de D. Duarte, i el ſentimiento, i deſconfiança, que tenia de no ſer legitimo, le obligò a proceder de ſuerte, que vino a ſer ſin duda más honrado.
(11) A los nueve meſes de ſu edad, paſsò el Rey D. Iuan a la conquiſta de Ceuta, aſsiſtiẽdole el Conde D. Pedro, con cinco nauios a ſu coſta, bien artillados de gente, i baſtimiẽtos. Moſtrò deſpues en la toma igual valor a ſus mayores; con que fue gran parte para ganarſe aquella plaça. Al principio dudò el Rey ſuſtentalla; mas conociendo ſu importãcia, i los bienes, i comodidades, que de tenerla reſultavan a Eſpaña, determinó dexarle preſidio baſtante a ſu defenſa; i a cargo de perſona de calidad, i esfuerço. Hallauaſe preſente el Condeſtable Don Nuño Aluarez Pereira, en quien concurrian eſtas, i otras muchas, i auentejadas partes. Offrecioſela el Rey por pueſto no deſigual a ſu fama. Deſculpòſe por ſu mucha edad, i por el animo que trahia de retirarſe del deſaſſoſsiego de la Corte a la quietud de un monaſterio, que deſpues exẽplarmẽte executò. Otros tãbien ſe eſcuſaron de aquella tenencia, por ſus conveniencias, que reconocian differentes al deſſeo, q̃ dificultavan, del Rey: pero el Cõde D. Pedro allanando todos con ſu animo, ſe ofreciô al cargo de mayor honra, que codicia. Y porq̃ ſus años (que no llegavan a treynta) no abonavan la peticion, neceſsitando aquel oficio de muchas canas, i experiencia: tomô por ſu valedor al Maeſtro de Chriſto D. Lope Dias de Soſa, ſu primo ſegundo, perſona mui conſiderable en aquellos tiempos. Eſtimava el Rey ſus brios, i otras calidades, en q̃ fundava grandes eſperanças: i aſsi, deſdeñando otros ofrecimientos, que con eſte exemplo, ſe propuſieron de algunos cavalleros de mucha virtud, i meritos; antepuſo los del Cõde. Y llamandolo en preſencia de todos, le diò en tenẽcia el caſtillo de Ceuta, de propriedad para el, i ſus decendientes. Fue eſte acto, para el Cõde de grãde hõra: porq̃, contra el eſtilo ordinario con q̃ los Reyes hazian ſemejãtes mercedes, le entregò las llaues deſta fortaleza, ſin tomarle omenaje della; aunq̃ lo empeñò cõ palabras, i favores de publico agradecimiẽto, como Principe cuerdo; ſiẽdo eſte el modo más ſeguro de grãgear los ſubditos; i diſponerlos a q̃ pierdã las vidas por el ſervicio real con guſto, i brio: por las ventajas, i gallardia, con que ſirvẽ los màs finos al Principe agradecido, i honrador; moneda, i premio de poca coſta a quiẽ le dà; i de gran eſtima en quien la recibe.
(12) Partiô el Rey con eſto para Portugal, dexando de guarnicion en Ceuta dos mil i ſeiſcientos hombres, en que entravan muchos cavalleros; que en este Reyno llaman Fidalgos. Y al cabo de cinco años hallandoſe el Conde biudo, con dos hijas legitimas, i D. Duarte muy niño: por aliviar los gaſtos de ſu caſa quizo llevarlos a Ceuta. Y el Rey, por que los trabajos de guerra tan continua, tuvieſsen aquel refugio, i compañia de la muger (ò por otras cauſas) lo caſó ſegũda vez cõ hija del Mariſcal deſte Reyno. Però fueron los lutos primero, que las bodas, muriendo ella en el paſſage, deſde el Algarve a Ceuta, do llegaron los híjos; ſiendo D. Duarte a penas de ſeis años. Començò luego a eſtimarle como tal, notando en su agudeza, i compoſtura, una niñez exercitada en todas las buenas coſtumbres, que en un cavallero, como proprias, luzen màs. El Philoſopho penſó, q̃ de la educacion primera, pendian los aciertos de la edad ſiguiente. Por eſſo los antiguos tuvieron tanto cuidado en la diſciplina de los moços; porque en encaminar bien los principios, conſiſte las màs vezes el ſucceſſo del fin. Devia el Conde eſta vigilancia a Iuan Alvarez Pereira (deudo ſuyo, i fundador illuſtriſsimo de la caſa de los Condes de la Feria) por haverſele dexado, quando paſsô a Ceuta, i fue criado eſte tiempo con particular ſolicitud ſuya. Continuòla el Conde al fin, como buen padre, ſeñalandole maeſtros en todos los exercicios de cavallero, en que ſaliò excelente; i con tambien inſtituida juventud, que no ſe le conociò ja màs vicio alguno, que la manchaſſe. Deſta templança le naciò al Conde deſſeo de hazelle clerigo, trayendole, con eſte intento, en habito eccleſiaſtico. Peró el valor es fuego, que no ſe diſsimula; en aquellos pocos años dava mueſtras de grandes brios. No tenia diez cumplidos, quando, a diſguſto del padre, ſaliò a campaña a eſcaramuçar con los Moros: con la qual demonſtracion ſe acabò de perſuadir el Cõdé a mudarle de eſtado; ajuſtandoſe a ſu natural, como padre prudente, i que deſſea el bien, i aumento de los hijos: porque en aquella edad dictaua la naturaleza con maior pureza la inclinacion, que con ſingular affecto le llevava a la milicia. Iuzgava a deſacierto deſvialle deſte camino, por no dar en el yerro en que caen muchos padres, los quales torciendo a ſu guſto la vida, i eſtado de los hijos, los ocaſionan a que vivan ſiempre deſcontẽtos, i aun poco medrados; por la dificultad, con que el arte emienda los affectos de la naturaleza.
(13) Eſto fue lo, que ſin duda, ayudò a Don Duarte a apartarſe de los vicios; demás de ſer naturalmente bien inclinado: porque ſe ocupó deſde muchacho en las armas; tẽplãdo el hervor de la mocedad, con la diſciplina del padre, a quien tuvo por maeſtro en eſta ocupacion. Siendo ſu exemplo, eſcuela de maior eſtima, que la celebre del Thebano Epaminondas, de cuya doctrina ſe jactava tanto Philippo Rey de Macedonia ſu diſcipulo, q̃ la anteponia a ſus maiores fortunas. Y juſtamente ſe deve comparar el Conde D. Pedro con los vale̊roſos capitanes antiguos; por lo que eſta guerra de Ceuta tuvo de larga, i peligroſa. Y aſsi ſucedieron en el cõtinuas ocaſiones, para moſtrar ſu prudencia, i valor, recibiendo los enemigos del nõbre Chriſtiano, muchos daños, i la Chriſtianidad grãdes provechos. Porq̃ puſo termino a la inſolencia, i crueldad de aquellos barbaros Mahometanos, cuya inundaciõ (como exãbres, q̃ libremente diſcurren por los cãpos) tyranizò tantos Reynos, i monarchias. Refrenò la amenaza perpetua, con que vivia el de Heſpaña. El qual con ſervidũbre de mâs de 700 años aun padecia, en aquella ſazon, el tyrano dominio, con q̃ ellos poſſeyan el Reyno de Granada, ſiẽdo de lo mejor, i màs rico della. Eran ſus puertos, i coſta, los confines de Ceuta: i eſta ciudad eſcala de los ſocorros de Africa, cõ q̃ los Caſtellanos trabajavã en vano de recuperar aquel Reyno: porq̃ lo impoſsibilitava el paſſage, q̃ haziã perpetuamẽte, inumerables exercitos de Berberia, en ayuda del Granadino. Por dõde es ſin duda, q̃ de la toma, i defẽſa deſta ciudad, ſe originò grã parte de ſu ruina. De q̃ ſacò una verdad, como infalible, q̃ todo eſto deve Eſpaña a la memoria del Cõde D. Pedro, i a ſus decẽdientes: pues la librò de las afliciones, en que eſtava padeciendo jugo tan inſolente. Y para màs prueva dello, i por parecerme neceſſario a la inteligencia de nueſtra hiſtoria, harè relacion del ſitio, antiguedad, i fortaleza de Ceuta; i de la provincia del Habat; que es donde ſe incluye, de q̃ han eſcrito no pocos Autores: mas no ſerà eſto, por parecerme con ellos en ingenio, i diligencia, ſino porque haviendoſe acabado de conquiſtar eſta ciudad, devo con igual puntualidad, i noticia, referir las coſas, que ellos encarecieron con ſu eloquencia.
(14) Es la provincia del Habat, parte de lo que antiguamente ſe llamò Mauritania Tingitania, i deſpues Berberia, una de las mâs nobles de Africa; i adonde ſe conservã (aunque en pedaços) las memorias de muchas ciudades edificadas por los Romanos, i Godos; que tantos tiempos la ſujetaron. Perdiò ultimamente ſu eſtimacion, con la ereccion del Imperio de Fez, i aumento de aquella ciudad: a fuer de los edificios grandes, de cuyas ruinas nacen las màs vezes, veneracion, i eſtima a nuevos palacios. Dividiòſe eſte Reyno en ſiete provincias, i fue la quarta la del Habat; nombre impueſto por los Sarracenos, q̃ hizieron eſta particiõ, i los ultimos, q̃ la invadierõ, i dominaron. Dieronle principio, al Poniẽte, deſde las lagunas de la provincia de Aſgar; i de alli corriendo al Levante, comprehẽde las ſierras, que caen ſobre el eſtrecho de Gibraltar, terminandoſe con ellas en la Gomera. Rodeala el Oceano Herculeo por la parte del cierço: al medio dia, las aguas del Erguila, dilatandoſe haſta Oriẽte ſiete leguas de Poniente a Levãte, i màs de treynta i cinco de Tramontana al medio dia. Tierra llana, fertil, i regada de muchos rios caudaloſos; q̃ baxan de algunas ſierras, que la ciñen. Son las màs notables ocho; donde los Portugueſes, con increyble virtud, acometieron hechos glorioſos, como veremos en muchos caſos eſparſidos por eſta historia. Conviene repetirlas por eſta cauſa: i con màs cuidado, por deſcubrir las fuerças, i engenio del enemigo; i para dar conocimiento de la tierra. Algunos preſumen, que eſtas ſierras ſon los ſiete mõtes, que Plinio llamò hermanos, por la ſemejãça, i Ptolomeo, Hepta, Adelphi: i el octavo Abila, de que diremos luego: porque quedan a las eſpaldas de Ceuta, a quien dieron nombre. En los que le ſeñalan, varían Iuan Leõ, i Luis del Marmol; convienẽ, en que corren deſde antes de Ceuta, por toda la marina, haſta llegar quaſi a Melilla, q̃ ay treynta leguas; con que acaba la Mauritania Tingitania. Suelen ver mucha parte dellas deſde la ciudad de Malaga, que queda en el paraje del Peñõ. La primera eſtà jũto a la ciudad de Ezaguẽ, i ſe eſtiende diez leguas de largo al Leuante, i quatro en ancho. Sigueſe la de Benizequer, màs rica, i mejor poblada. Tiene ocho de Poniente a Levante; confina con la de Beniharos. Y eſta, quiere Marmol, que incluya todos los ſiete hermanos: comiença de Alcaçar el Quibir, i diſcurre ſiete leguas, por el miſmo curſo. Vezina a ella apparece la Benîtelit ocho leguas de Tanjar, la tierra a dentro al medio dia. Peró la que campea ſuperior a todas, ſiendo la màs aſpera, i de quaſi impoſsibles entradas; es la de Benihazen. En igual continuacion a la paſſada; i más diſtante un poco, la de Amegara, en eſpacio de tres leguas de largo, i una de ancho; quedandole a dos i media, házia el medio dia Alcaçar el Ceguer: i a un lado, en medio de Ceuta, i Tanjar, la ſierra de Huat Idris, Vaterer, i Quadrès; que todos eſtos nõbres le dan ſus naturales. Es iluſtre entre los Moros, por la fortaleza, i valor de ſus moradores, i no menos, por ſer patria, i naturaleza de aquel famoſo Helul, cuyas hazañas, i proezas (como a Orlando los Franceſes) celebrã los Africanos en muchas obras de proza, i verſo. Muriô en la gran batalla de las navas de Toloſa, ſiẽdo capitan general del Rey de Marruecos, en el año, q̃ apuntó Marmol acertadamẽte, de mil duzientos i doze, mejor q̃ Iuan Leõ, q̃ se engañò en el q̃ ſeñala. Es la ultima ſierra la de Beni Huet Fileh: la qual comiença en el mediterraneo; i para en Tetuan ſiete leguas de Ceuta. Sin eſtas ocho, legua i media della, quaſi en frente eſtá la Ximera, que los naturales llaman Alcudi, i los antiguos Abila. Philoſtrato, Euſtachio, i Paulo Oroſio, la dixerõ Abinna, i Abenna; ſi bien el nombre Latino en Punico quiere dezir, monte alto (como enſeñò Avieno) i parece màs ajuſtado, q̃ el Griego, que le nombrò, Aliba; attendiendo, quiçà, a unas ſeñales, que ſe ven en eſte ſitio, aunq̃ no muy deſcubiertas, de una fuente deſte nombre. Es una de las dos colunas de Hercules, de cuya grandeza, i ſecretos, ſe originaron muchas fabulas, que los Autores Griegos, i Latinos, celebraron; con menos noticia, i conocimiento de ſus coſas, que admiracion; ſerviendole de portento aquel celebre monte, tan fabuloſo, como mal conocido de los Romanos, i ſujeto tarde a ſu imperio.
(15) Entre eſtas ſierras ay gran numero de poblaciones, caſerias, i aduares. Tienen ſu ſeñorio los Gomeres, nacion antigua, i noble: i tãto que generalmente ſe reputa por la mejor de Africa; porque decienden de los Arabes, i conſervan eſta nobleza, ſin mezcla de otras naciones, aſsi en los dialectos de la lengua, como en las coſtumbres; imitando a ſus maiores con tanta ambicion, i conſtancia, q̃ deſprecian el vivir en las ciudades, por que en los campos ſe aparientan ſolamente unos con otros. Deſte principio naciò llamarenſe vulgarmente Alarabes con dos letras añadidas, a ſu origen primitiva. De ſus vicios, valor, i reputacion, cuentan mucho Luis del Marmol, i Iuan Leon: donde ſe puede entender las cauſas porque vinieron a eſtas ſierras. Su modo de vivir es apacentando ſus ganados; que es la hazienda, de que ſe ſuſtentan, recogiendoſe de noche en ſus aduares (ſon unas tiendas de madera, como diremos adelante.) Eran tan eſtimados por ſu esfuerço, que los Reyes de Granada los eſcogian para ſu guardia: i de contino trahian quinientos en ella, i aun deſte tiempo dexaron en aquella Ciudad, vna calle de ſu nombre, que eſtâ, ſubiendoſe de la plaça nueva, a la Alhambra. Ganavan tambien ſueldo en todas las guerras, que havia contra los Chriſtianos, de quienes eran grandes enemigos. Solo en la religion degeneraron de ſus aſcendientes; porq̃ ſiguieron la Mahometana, que como pèſte del Cielo penetrô, con maior exceſſo, lo mâs oculto deſta tercera parte del mundo. Goviernanſe por Xeques, ò Philarcos (aſsi los llama Tacito) que ſon como Principes; nombre, i autoridad dirivada de los primeros, que poſſeyeron aquellas ſierras. Ay gran cantidad en ellas de gente ruſtica; aunq̃ otra mui valiente, i politica, i es tanta la muchedũbre, que conforme a la cuenta de Marmol, ſe pueden juntar màs de ciento i ſetenta mil hombres de pelea, doblando, por lo menos, eſte numero, los viejos, i impedidos con mugeres, i muchachos. Y dexando a parte los montes: por toda eſta provincia del Habat, eſtan derramadas onze ciudades, i villas de conſideracion, ſiendo la principal, como cabeça, i corte, Ceuta. De ſu antiguedad dudaron algunos eſcriptores, haziendola fundacion de los Romanos; però los Africanos lo contradizen, queriendo, que ſe deva a un hijo de Noè, duzientos i treynta años deſpues del diluvio univerſal. Su primer nombre fue Esliſa: perdido eſte por algun accidente del tiempo, que baſta aborrarlo todo, tomò el de Ceuta de los ſiete montes, que hemos referido. Fue ſiempre de grande eſtima, trato, i nobleza: por la ſalud, llaneza del ſitio, i comodidad de ſu puerto, para el paſſage de Eſpaña, de quien queda en traveſia de cinco leguas, por lo más largo. Iaze a la boca del eſtrecho de Gibraltar, en el parage de Algezira. Los Romanos la enoblecieron, i preſidiaron, por eſta cauſa. Iuan Leon, por el Marmol, quieren erradamente, que ellos la llamaſsen, Ciuitas, i la conſtituyen con el mismo engaño, por cabeça de la Mauritania Tingitania. Siendo pueſta en la diviſion, que hizieron los Romanos de aquellas provincias, en la Ceſarienſe; aſsi lo trahen Sexto Rufo en ſu Epitome Paulo Oroſio, San Iſidro, i otros muchos, contando la Tingitania (conforme la particion, que comẽçaron los Emperadores, Auguſto, i Othon; i concluyeron los hijos del gran Coſtantino) por provincia de Heſpaña Transfretana; ſeñalandole los ſiete montes, hermanos, por linderos, i confines. En la proſperidad, en q̃ la tenian los Romanos, ſe la ganaron los Godos, con igual reputacion, governandola debaxo de titulo de Conde; ſiendo eſta dignidad, no eſpecial en la manera, q̃ oy ſe uſa, ſino general a todos los q̃ governavan alguna provincia. Deſta manera lo fue el Conde, i traydor D. Iulian, que la entregô a los Arabes victorioſos, en cuyo dominio durò, aunque con diverſas fortunas, i ſeñores, haſta que nueſtro Rey Don Iuan la reduxo a ſu Real corona, como hè eſcrito. Señoreavala entõces Zaide Rey de Fez, del linage de los Benemerines, teniendo en ella un Alcayde de valor, llamado Calabençala; Gomez Eanes le haze ſeñor della, i otras ciudades de aquella coſta, no ſe con que fundamento.
(16) Echado eſte Moro de Ceuta, la defendió valeroſamente, el Conde, de dos peligroſos cercos del Rey de Fez: i de inumerables correrias, con que los enemigos la moleſtavã, havia quatorze años, con feliciſsimos ſucceſſos, no paſſando dia alguno ſin rebato; ſiendo el tiempo de maior peligro: porque era a los principios, en que los Moros ſentian eſta perdida, con las veras, q̃ duele màs una afrẽte reciente, que olvidada. Viendo, pues, los brios, i partes del hijo, aficionado ſummamẽte a ellos, i reconociendo en el, quanto trabajaua por imitarlo, quizo tomarlo por compañero deſta gloria: deſſeando en eſtremo, q̃ participaſse de la fama, para diſponerlo aſsi, a que heredaſse ſus virtudes, i nombre, ya q̃ le faltava la caſa. Por eſto lo encargò en aquella edad, de algunas entradas menos conſiderables. Y moſtrando alli la fortuna, los favores, que le havia de hazer en otras emprezas, no rehuzò fiarle las maiores.
(17) La primera, que Gomez Eanes cuenta, i que ſe deve quaſi todo el buen ſucceſſo a ſu valor, fue una, por Henero de mil quatrocientos veynte i ſiete, en viſpera de los Reyes i paſsò deſta ſuerte. Tenia el Conde en Ceuta, entre otros cavalleros, a Martin Alfonſo de Miranda ſu cuñado, hermano de ſu primera muger. Y cõ el valor heredado de ſus abuelos, era reputado por uno de los mejores ſoldados, i màs valiẽtes de aquella plaça. Eſte, pues, deſſeando avantejarſe a los cõpañeros en peligros, ya que no podia en la fama; ſaliò eſte dia por orden del Conde a dar campo largo de leña, i heno (aſsi dizen los fronteros de Berberia al foragear) llevando para eſcolta, quarenta cavallos. Los atajadores engañados con una niebla eſpeſſa, aſſeguraron el campo, ſin tener viſta del enemigo; el qual ſabiendo deſta ſalida, con quatro mil cavallos ſe fue a correr la ciudad. Tomole de improviſo eſte rebato, i Martin Alfõſo, aunque tuvo contradiciones, los embiſtiò tã deſordenadamente, que la temeridad por poco le coſtara la vida, ſi D. Duarte, que eſtava de guardia, con otros cavalleros, no llegara a ſocorrerle. Sacòle del peligro, desbaratãdo al enemigo: ſeñalandoſe entre todos de manera, que parece, que la naturaleza ſe anticipava a darle brios; i el cielo le animava a deſpreciar los miedos comunes a aquella edad; que no llenava treze años, en preſagio de las hazañas futuras. De donde colijo, que es de tanta fuerça la virtud heroica, que viene a imprimir en el animo humano vn cierto ſemblante de divinidad, que produze acciones, que ſiendo naturales, ſon ſemejantes a milagroſas; pues no ay duda, que valor tan adelantado, como el que moſtrò D. Duarte en eſta ocaſion, ſe puede contar entre los prodigios, que tan celebre hizo la antiguedad, con los Heroes, i ſemidioſes, que introduxo en la veneracion, i memoria de los virtuoſos: los quales fueron los primeros ſiempre, que començaron a imortalizar la virtud, con la fama; deſpues que la vieron menoſpreciada; porque convidados deſte premio, la ſiguieſsẽ los ambicioſos, igualmente, que los buenos. Era entre ellos el primer acto de honra, la cavalleria; accion generoſa, i que inventó el valor, para fortalecerſe; mas abatida deſpues del vzo demaſiado; porque entró el reſpeto a repartirla. Y con eſto degenerò de ſus principios, fundando en la neceſsidad, lo que era merecimiento. Examinavãſe mejor en aquellos tiẽpos, i por lo menos, durava en los cavalleros, el deſſeo de parecerlo, i de conſervar la nobleza, con las obras, con q̃ la adquirieron ſus maiores; i aſsi por acclamaciõ publica de los fronteros, armò, entonces, el Cõde, cavallero a D. Duarte, en campaña, à viſta del enemigo; que cõ muchas algazaras ſolenizava eſte acto, glorioſo para el mancebo; no le cauſando toda eſta gloria, vanidad, ò ſoberbia, como de ordinario ſuccede a los moços: antes oyendo ſus alabanças, con modeſtia, le ſervieron de eſpuela, para merecer otras: procurando no baxar de la primera opinion, que es la fortuna mayor de todas.