(18) Pocos dias deſpues deſte ſucceſſo, caſó el Conde, a D. Beatriz ſu hija maior, con D. Fernando de Noroña, hijo del Conde de Gigon, i Norueña, nieto por ambos padres de los Reyes D. Fernãdo de Portugal, i D. Hẽrique de Caſtilla: i ennoblecieron mucho eſte caſamiento, las virtudes del novio, que no erã deſiguales a ſu calidad. Andan comentarios de ſus hechos, vulgarmente repetidos en lugares màs ſuyos, que eſte; i por eſſo no los referimos. Perô en nueſtra Africa conquiſtada por los Portugueſes (ſiendo Dios ſeruido) tẽdran el lugar, que merecen.

(19) Haſta Septiembre del año ſiguiente de mil quatrocientos i veynte ocho: no hallo màs que correrias ordinarias, en que D. Duarte ſiempre fue el primero. Peró en eſte mes, viſpera de la natividad de nueſtra ſeñora, ſe le offreciò igual gloria, que la paſſada. Tenian los Moros en la ſierra Ximera, un Xeque, por caudillo llamado Cidetalpa, de grãde reputacion, i esfuerço. Eſte trahia penſamiento de ſuceder en la fama a otro mui valiente, por nombre Dabu: el qual havia ſuſtẽtado aquella guerra, deſde la toma de Ceuta, ſiendo frontero, uniuerſalmente reſpetado por toda aquella provincia, i por otros Xeques, i ſeñores della, como defenſor, i amparo de ſus vidas, i haziẽdas. Quedaron con ſu muerte temeroſos de ſu ruina: però Cidetalpa herido màs deſte miedo, con la emulaciõ, ô embidia de ſus hechos, comẽçò ablazonar contra los ſuyos, que a penas lo eſcuchavan, quando determinò de hazer vna entrada luzida, con intento, que ſegun le ſucedieſſe, diſpornia el empeñar ſu credito, en otra guerra, ô dexarla; viendo, que por ſu parte andava tan deſmayada, que como gente attonita, i vagabunda, viviã màs como conquiſtados, que como enemigos. Iuntò un grueſſo exercito de gente eſcogida, i diſpueſta para qualquier peligro. El Conde entretanto diò licẽcia a muchos fronteros, para que ſe vinieſsẽ para el Reyno a ſus pretenſiones, pareciendole juſto procurar el galardon de ſus trabajos; i que no havia ſatisfacion, que no merecieſſe un ſoldado, quando en ſu mano eſtà la paz de la Republica: la qual no ſe alcança, ſi no por la guerra; ni la guerra ſe conſerva, ſino con ſoldados; ni los ſoldados ſe grangean, ſino con premios. Cidetalpa no ignorava el eſtado de Ceuta; i que ſu preſidio no paſſava de ochenta cavallos, i duzientos inffantes. Tẽtò entrarla de noche; i en lo màs ſerrado della, con todo el ſilencio, que pudo, i buena ordenança ſe fue arrimando al muro, con quatrocientos cavallos. La vigilancia del Cõde era la guarnicion más importante, q̃ defendia a Ceuta. El dia antes tenia mandado Alvaro Gil, criado ſuyo, de quien fiava eſte ſecreto (perſona a propoſito) la tierra a dentro del enemigo, a reconocerle, por ſaber la cauſa, porque no corria, havia tantos meſes. Sintió la gente de guerra, que trahia Cidetalpa, con los de la ſierra, i luego las armas; i retiròſe a Ceuta, ya con dificultad. Dieron jũtamente ſeñal las atalayas, de haver Moros en el campo, i ellos deſcubriendoſe con vozes, i gaitas, a ſu modo (que es, el que tienen de pelear) eſcaramuçando a una, i a otra parte de la ciudad, deſafiaron a los Chriſtianos. El Conde, entõces, reparando en la muchedumbre, i que era de noche, procurò templar el impeto de ſus ſoldados; porque incitados de lo que oyan, querian ſalir, màs a caſtigar los Moros, como dezian, que a vencerlos. En eſto, Iuan Perera, Auguſtin de Acuña, cavallero brioſo, i mancebo, con otros tres, pidierõ al Conde licencia, para ſalir a mezclarſe con el contrario, i reconocer la fuerça, que trahia: deſſeavalo el Conde, però la obſcuridad de la noche, le dificultava eſte deſſeo: vino al fin a conſentirlo; mas con precepto de no embiſtir, por no empeñarſe, haſta q̃ llegaſſe la mañana. Son los Portugueſes demaſiadamente eſcrupuloſos en la hõra, i aũq̃ es falta, q̃ ſe origina de ſu nativa deſcõfiança: con todo muchas vezes tiene ſus aſomos de virtud; i fuera cordura, ſi la governara la tẽplãça; mas todas las demaſias son dañoſas, principalmente en los exercitos, donde ſe corre rieſgo, ſiẽpre, los extremos. El q̃ tuvierõ eſtos quatro cavalleros, ſe diſculpa en el menoſprecio, con q̃ tratavan los Moros, venciẽdo millares cada dia; i por eſſo Iuan Perera mal ſofrido, i deſconfiado, propuſo a ſus cõpañeros, q̃ ya que ſalian, hizieſſen una gallardia; que parò en acometer una ala de cavallos, que ſe moſtravan màs inſolentes. El Cõde receloſo deſta temeridad, mandó a Don Duarte, i a D. Fernãdo, de Noroña (q̃ en aquella ſazõ, ſe hallò en Ceuta) no les acudieſſen; porq̃ ſe ofendiò de ſu inobediẽcia, î desordẽ: i queria con eſte exẽplo advertir a los demàs. Cõ todo, deſpues q̃ viô muerto el uno dellos, que ſe llamava Ruy Mendes, con aquel enojo, dixo al hijo, i al yerno, que ſalieſsen a ſocorrerlos con cavalleria, i algunos infantes. No pudo el enemigo reſiſtirles, porque D. Duarte, peleãdo cuerpo a cuerpo cõ Cidetalpa, le matò por ſu mano: haziẽdo tales proezas, q̃ bastarã a vẽcer fuerças mayores. D. Fernando, con eſta gloria fue ſiguiẽdo al enemigo ya desbaratado; el qual por ſalvarſe, deſordenadamẽte, ſe metiò en la ſierra. Era inpenetrable por aquella parte, para los nueſtros, porq̃ no la ſabian; i dificultoſas las entradas: i aſsi les fue facil a muchos, ſalvar las vidas, entre aquellas maleſas. Peligró deſpues la de D. Fernando en eſte alcance; porq̃ dexandoſe llevar de ſu animo, ſe entró en el mõte, adõde ſe hallò cercado de una tropa de Moros: inveſtierõle por todas partes, matãdole primero el cavallo; mas el, con la deſeſperacion de vengar la vida, mâs q̃ con la eſperança de ſalvarla; peleò a pie conſtantemente, haſta q̃ D. Duarte ſu cuñado, rompiendo por todos cõ ſingular esfuerço, le hizo lugar; para que tomaſſe otro cavallo; i deſpues, aunq̃ trabajoſamẽte ſe dierõ entre los dos, tan buena maña, que cõ muerte de algunos bolvierõ a poner en huyda, a los q̃ quedavan. Recogiòſe D. Duarte, con doblado triũpho; porq̃ el librar ſu cuñado de aquel aprieto, le añadio grãde gloria al vencimiento: i el padre recebiendolo en los braços, le dió con ellos la corona, con que los antiguos premiavan ſemejantes hechos, dignos de imitacion, i alabanças, por la fuerça, con que excita el valor, la honra, q̃ ſe consigue, immediata a las hazañas; premio de maior eſtimacion, que los que en otras ocaſiones repartẽ grandes Principes, por mueſtra de ſu liberalidad, muchas vezes intempeſtiva. Murieron de los enemigos, más de dos mil; i de los nueſtros, ſolo el cavallero referido, a quiẽ Gomez Eanes no dà apellido. Eſta tan gran deſigualdad de muchedũbre de Moros, a los pocos Chriſtianos, q̃ se hallarõ, hizo reputar eſta victoria por milagroſa; i más con lo q̃ los Moros teſtificarõ, q̃ al enveſtir los Portugueſes, apellidando Santiago, vieron, q̃ los ayudava otra gente mui màs blãca, que ellos de otro trage, i ſemblante. Refiero eſta tradiciõ, porq̃ la hallo eſcrita en los autores de aquel tiẽpo, como indubitable; para q̃ ſe note quales eran los Portugueſes entõces, q̃ alcançavan eſtos favores del cielo; por el valor, i zelo, con q̃ defendiã ſu cauſa, ſin mirar otros provechos particulares ſuyos, cuya codicia ha reduzido a terminos miſerables, las conquiſtas, que nueſtros aſcendientes començaron, ſolo con la mira del ſervicio de Dios (q̃ es el autor de las victorias) i el bien publico de ſu patria, i ſu Rey, contentandoſe con la buena fama; quiçà oy no tan eſtimada, como ſeria razon: i es la cauſa, de donde ſe originan las perdidas, i caſtigos, que encadenados unos en otros, amenazan cierta ruyna: deviendoſe temer, ſi con los exemplos paſſados, no bolvemos a renovar las virtudes, que dieron a Portugal reputacion, i imperio. Pareciome admirable la confiança de un caſo, que en eſta ocaſion ſucedió a un cavallero, deudo del Conde, por nombre Alonſo de Acuña. Iva en pos un Moro, q̃ le huya, i al darle un golpe, haziendole amagos del con la eſpada, le reſvalò de la mano, i le cahiô en el ſuelo; peró gritando al Moro, que la levantaſse, i ſe la dieſſe; fue tanto el miedo, que llevava, q̃ bolviô humilde, a obedecerle: Alonſo de Acuña, entonces, compadecido de ſu flaqueza le dexó eſcapar livremente, de q̃ fue muy alabado: i con razon, porque el ſaber perdonar los enemigos, tiene tanto de valor, como el ſaber vencerlos.

(20) Quedaron los Moros tan quebrantados deſte ſuceſſo, que en los dos años ſiguiẽtes, de veynte i nueve, i treynta, no oſaron a ſalir de las ſierras. Però D. Duarte aborreciẽdo el ocio, que afemina a los hombres màs esforçados, i ſuele ſer un daño oculto, q̃ poco a poco và debilitando la virtud, haſta derribarla, no ceſſava de moleſtarlos. Y a los diez i nueve de Março, deſte año ultimo, entrô con ſetenta cavallos, i ſeſenta de apie, en lo màs aſpero de la ſierra de Mexeqiſe, i arrazò dos poblaciones grandes, que eran Alfayates, i Colleate, talando muchas cazerias, i aduares, donde hallò grueſſo deſpojo; porque los tomò tan repentinamente, q̃ a penas les diò lugar, màs, q̃ para tener miedo. Eſtâ eſta ſierra, ſegun la ſitua Gomez Eanes, ſiete leguas de Ceuta. Entiẽdo yo, q̃ es la de Benihuet Filoth, q̃ algunos llaman Benigued Elfethot, por eſtar frõtera a Ceuta, i a Tanjar, pueſta en el rio de las entradas; i por eſſo le dan eſte nombre, junto a la ciudad de Tetuan. Es pequeña, aunque de muchas fuerças; porque la habitavan los hombres más valientes, i belicoſos, que tenia Berberia en ſus fronteras. Fuerõ un tiẽpo vaſſallos del ſeñor de Tetuã, i tan moleſtados de los Chriſtianos de Ceuta; que ſe puede dezir, que ſe ſuſtentavan de ſus ſementeras, i coſechas. Y por eſta conſideracion, los Reyes de Fez los tomaron a ſu devocion, librãdolos de tributos, i favoreciẽdolos ſummamente, por la neceſsidad, que tenia dellos; que es quando los ſubditos ſon màs libres. Eſta fue la vez primera, que los nueſtros ſubieron a aquella ſierra, i conocieron ſus moradores. Con eſte principio nada ſe ocultava, i defendia al valor de D. Duarte, de quien començavan a experimentar los golpes, de que haſta entonces no tenian otra noticia, màs que la fama, que en eſte caſo ſolamente, hazia las coſas menores. Grangeô en eſta jornada tanto, que diò confiança al Cõde, para executar el deſſeo, q̃ trahia de paſſar a Portugal, a componer negocios forçoſos, de la ſuceſsion de ſu caſa. Determinoſe tratar dello, perſuadido, no haria falta ſu preſencia, dõde aſsiſtia ſu hijo; porq̃ ya todas las coſas de aquel govierno, ſe hazian por ſu conſejo, i autoridad; aunque la gloria de los buenos ſuceſſos, ſolo ſe attribuya al Conde.

(21) Pidió licencia al Rey: llegòle en Abril deſte año de treynta. Y aunque reſuelto dexar a D. Duarte encargado de aquella plaça, ſabiendo ſer mui capaz, i baſtante para ello, con todo, como prudente, tomò antes los votos, i el parecer de los cavalleros, i ſoldados, que le aſsiſtian; para que aprovada una vez eſta reſolucion, deſpues no la murmuraſſen, diziendo, que ſe governava por aficiõ de padre; que ſiempre haze maiores las acciones de los hijos. Aprovaronla todos conformemente, no teniendo D. Duarte diez i ſeys años; edad mui poca, para tan grande elecciõ. Y por màs que ſus merecimiẽtos la calificavan, ſiempre fuera culpable al Conde, ſi faltaran de junto a ſu perſona, algunos, que ayudarã a ſu juentud. Eſta dificultad emendò el Conde, con la perſona de Ruy Gomez de Sylva, ſu yerno, Alcaide de las fortalezas de campo maior, i ouguela; el qual ſiendo ſu frõtero, deſde la toma de Ceuta; en la opinion, i valor, tenia de los primeros lugares della; añadiendo a eſto grande experiencia, i conocimiento de los ardides, i cautelas de los Moros, con que ſe ſingularizava entre todos. Encomendòle entonces más particularmente, la aſsiſtencia, i conſejo del cuñado: i a el, llamandolo a ſu apoſento, i travandole de la mano, con mucho amor, dixo.

Aunque procedes de manera, que de ninguna coſa neceſsitas menos, que de mis advertencias, con todo ſoy padre cuidadoſo, i como tal, he de amoneſtar una, i muchas vezes; ya que tu aumento, i mi aficion, me llevan a Portugal: Dexote en mi lugar, porque quiero, que participe tu nombre de la gloria, que mereces. Haſta aqui ſe me davan a mi las gracias de las victorias: començaràs aora a lograr dellas, i a poner en olvido, las que debaxo de mi nombre alcançaſte, con que de nuevo me darâs embidia, i triũpho. Trabaja, pues, como eſpero, por acreditar mi auſencia; que pues fio de tus pocos años mi reputaciõ, deßeo, q̃ todos lo juzguẽ por acierto, i q̃ ſolos nueſtros enemigos lloren eſta elecciõ. Sean Dios, i la hõra, tu guia, i luego el conſejo; ſin el qual, te mãdo, no camines en nada. Luze en la milicia, cõ maiores vẽtajas de los moços, el voto, i experiẽcia de los viejos: tẽplaran tus brios, i governarã tus deſſeos. Conoſco, q̃ los tienes, de ſer honrado, mas no ay coſa, que no ſe facilite a la mocedad, i ſe dificulte a la prudencia. Eſcucha a todos, i aprende de todos; que no ay frontero en eſta plaça, que no te pueda ſer maeſtro. Haſta los yerros ſe diſculpan con la imitacion; quando ſe ſigue la opinion de los buenos. Todos los ſoldados, que te quedan, te criaron: i aßi tienes de oyr a cada uno, como a padre; obligandolos primero con el agrado, a que te digan libremente ſu parecer; porque en el amor no ay adulacion, ni verdad en los reſpetos. Bien veo, que entre tantos, no ha de faltar alguno, que ſe quexe de tu precedencia, i que condene mi reſoluciõ, por más que la tengan aprovado. Perô tu templança ha de moderar eſte ſentimiẽto. Y con eſto te encomiendo, que el trato de los cavalleros ſea igual, i facil: de manera, que te juzguen por compañero, i no por capitan. Conſiſte en eſta conformidad, nueſtra dicha, ſiempre ſuſtento eſta frontera, la igualdad de los animos; porque con la diuiſion, nada ſe conſerva. De tus aciertos no procures otro teſtigo mejor, que eßos; barbaros, que ves a nueſtros ojos, velando ſiempre ſobre nueſtras acciones; ellos baſtan para publicarlas. Y aſsi con los tuyos, no ſolo has de repartir los bienes, ſino la fama, attribuyendo tus hechos a ſu valor, para obligarlos deßa ſuerte, a que hablen de ti, como entereſſados, i no como embidioſos. Acabo con advertirte, que tus coſas ſon las que me llevan al Rey mi ſeñor, a pedirle la ſuceſsion deſta plaça para ti: pienſo obligarle con ſu neceſsidad; porque eſta es la que fuerça a los Principes, a nueſtras conveniencias. Seran tus obras la maior valia: i quando no baſten, entonces me valdre de mis ſervicios; de que deſſeo logres el premio, ya que mi caſa paße a otro dueño; i que no ſeas tu, hijo mio, en quien ſuſtẽte mi nombre, i calidad. Mas Dios, que lo permite, tambien ſerâ ſeruido, aventajarte en los premios, como haze en los merecimientos.

A eſto D. Duarte prometiendo de ſi modeſtamente, offreciô cuidado, i obediencia: i el padre dandole otras inſtrucciones màs ſecretas ſe paſsò a Portugal.

(22) Fue recebido en Lisboa, con grande applauſo. Ruy de Pina, dize, que el Regimiento, i Conſejos, le ſalieron a encontrar en la playa, i de alli le llevaron, a manera de triumpho, a la Igleſia maior, donde en un Panegyrico, ſe refirieron ſus hechos, i hazañas, al pueblo. Eſte modo de agradecimiento publico, pareciò novedad en eſte Reyno, por la cortedad, con que ſe uſa en el, de engrandecer las coſas de ſus naturales. Però bien merecen ſus alabanças tan grandioſas demonſtraciones: por lo mucho, que con ſu exemplo, deſpiertã, i obligã los animos. Hallò el Conde al Rey en Santaren. Paſsô a beſarle la mano, i a dos leguas, le eſperò el Iffante D. Duarte, primogenito (aun entonces, no ſe llamavan Principes) i a dos pieças, el Rey en palacio. Hõrólo deſpues, con extraordinarios favores: dandole ſu meſa, lado, i amiſtad publicamente.

(23) Mientras eſto paſſava en Portugal, Don Duarte en Ceuta, adminiſtrava ſu cargo con templança, i prudencia; procurando conocer las coſas, i ſer conocido de todos; que es de grandiſsima importancia a los principios. Però los Moros como vieron auſente al Cõde, convertieron ſu temor en eſperança; haviẽdo reconocido la ciudad, por un Alfaqueque, por nombre Cidemus, q̃ con ocaſion de reſcatar eſclavos (ſon los mercaderes, que tratan en eſto) entrava con familiaridad en Ceuta. Notô el eſtado, en que eſtavan los Portugueſes; con los ſemblantes triſtes, por la auſencia del Conde: i juzgò eſta triſteza, a que procedia de miedo de ſu falta, i no de aficiõ, que le tenian; pues era capitan, q̃ a los moços havia criado i a los viejos honrado, i engrãdecido a todos. Eſte engaño de Cidemus, hizo juntar los Xeques de aquella ſierra, i deſpues que hablaron en ſecreto, començaron a diſcurrir entre ſi de los males, i daños, que ſufrian; i a repreſentar las injurias, i exagerarlas, diziendo; que la ocaſion los eſtava llamando, para que reſtauraſſen ſus vidas, honras, i caſas; que ſu gran Propheta ſe enojaria de que dilataſſen en acabar con tan vil gente como eran los Portugueſes; la qual ſin razon, ni juſticia, de puros codicioſos, aſpiravã a introduzirſe en imperios agenos: q̃ ſegun andavan ſeñores, i arbitros de ſu tierra parecia, que no deſcanſarian, haſta ponerla toda debaxo de ſu yugo; que era afrentoſa coſa, imaginarlo; i mucho màs la aflicion, en q̃ andavan, ſin lograr los frutos de ſus coſechas; que de ſus ganados, i ſementeras, quien ſino los Chriſtianos cogian el provecho? q̃ Dios ſe movia, ſin duda, a eſta vengança, pues tenia auſente el capitan, que los amedrentava, ô por mejor dezir, huydo, por no ver la deſtruycion de los ſuyos; q̃ dexava en ſu lugar un moço, q̃ a penas tenia edad para ceñir eſpada, quãto mâs para defender fortalezas; q̃ con eſto juzgava por gloria poca, el vencer aquella gente medroſa, i ſin cabeça: q̃ otra coſa no era ſu triſteza, ſino adivinar ſu ruina; que era tiempo ya, que bolvieſſen a cobrar reputacion, i vengaſſen ſus injurias. Provocados con eſtas, i ſemejantes razones, tomaron las armas, debaxo del govierno de Marzoco Xeque, principal, valiente, i determinado, jurando primero morir, ò vencer. Convocò luego gran multitud de gente, de que formò un numeroſo exercito, repartido en dos tropas. Y el dia ſeñalado, apartando la una, para correr la ciudad, ſe emboſcò con la otra en los molinos de los cañaverales; ſitio a propoſito para el engaño, por ſer boſque mui ſerrado, i poco deſviado de Ceuta; a penas media legua. Don Duarte ſabia mui enteramẽte, por ſus atalayas, lo que paſſava. Y aſsi jũtando a conſejo a los Fidalgos, i fronteros de maior cuenta; deſpues de darſela de todo, les hablo deſta manera.

Grande immodeſtia fuera la mia, ſi os juntara (ſeñores) con el intento, que acoſtumbran, en eſtas ocaſiones, los demás capitanes; para repreſentar peligros, i exortar a la virtud. Pues una, i otra coſa, ſe eſcuſa, con ſaber las razones, que os obligan a ello, i me iſentan de ſemejantes raſonamientos: maiormẽte, quando reconoſco, lo que el Conde mi ſeñor me encareciô el obedeceros. Oy comienço a militar debaxo de vueſtra bãdera, con maior guſto, pues veo, que ſois tales, que me acredita igualmente, el ſer vuestro ſoldado, que vueſtro capitan. Conſentidme eſte nombre, ya que es vueſtro el govierno; pues de honrarme con el, os ſigue maior gloria. Eſta ha de ſer vueſtra, como tambien la culpa, en todo lo que nos fuere ſucediendo. Porq̃ no ignora el mundo, que mis pocos años obedecen a vueſtra experiencia; i que a ella principalmente dexo encargado el Conde mi padre ſu reputacion. Bolved por ella, pues deveis a eſta confiança, morir por ſu defenſa. Vueſtras canas, i conſejo, me forman otro del que ſoy; i eſto es lo que me haze no correr en vueſtra preſencia: porque conoſco, que no paßo de executor de vueſtras ordenes. Las q̃ me dieredes puntualmente vereis obſervadas; i eſpero gloriarme tanto de vueſtra obediencia, como de la victoria. Compañeros ſois todos, en las que mi padre tiene alcançado en eſta plaça: aſsi que ſu auſencia, no puede cauſarme deſconfiãça, ni a nueſtro enemigo ſoberbia: pues en vueſtro valor tenemos el Conde presẽte.