Del jardin á un bosquecillo.
Enilda al despertarse,
Notando que estaba el filo
De la espada entre los dos,
Dijo asustada á su amigo:
—Levántate, Gerineldo,
Levántate, dueño mio,
Que del rey la fiera espada
Entre los dos ha dormido.—
—¿Adónde iré, mi señora?