¿Adónde me iré, Dios mio?

¿Quién me librará de muerte,

De muerte que he merecido?

No te asustes, Gerineldo,

Que siempre estaré contigo:

Márchate por los jardines

Que luego al punto te sigo.—

Luego obedece á la infanta,

Haciendo cuanto le ha dicho:

Pero el rey, que está en acecho,