VI

30 Luego soñé que estaba tendido en una camilla, en mi prisión.

No veía.

Llevéme la mano a los ojos como para quitarme una venda, (p21)
y me toqué los ojos abiertos, dilatados....—¿Me había
quedado ciego?

No....—Era que la prisión se hallaba llena de tinieblas.

Oí un doble de campanas..., y temblé.

05 Era el toque de Animas.[[21-1]]

—Son las nueve.... (pensé.)—Pero ¿de qué día?

Una sombra más obscura que el tenebroso aire de la prisión
se inclinó sobre mí.

Parecía un hombre....

10 ¿Y los demás? ¿Y los otros diez y ocho?

¡Todos habían muerto fusilados!

¿Y yo?

Yo vivía, o deliraba dentro del sepulcro.

Mis labios murmuraron maquinalmente un nombre, el nombre
15 de siempre,[[21-2]] mi pesadilla....

—¡«Ramón!»

—¿Qué quieres?—me respondió la sombra que había a mi
lado.

Me estremecí.

20 —¡Dios mío! (exclamé.)—¿Estoy en el otro mundo?

—¡No!—dijo la misma voz.

—Ramón, ¿vives?

—Sí.

—¿Y yo?

25 —También.

—¿Dónde estoy?—¿Es ésta la ermita de San Nicolás?—¿No
me hallo prisionero?—¿Lo he soñado todo?

—No, Basilio; no has soñado nada.—Escucha.