VII

Como sabrás,[[21-3]] ayer maté al Teniente Coronel en buena lid....—¡Estoy
30 vengado!—Después, loco de furor, seguí matando...,
y maté ... hasta después de anochecido..., hasta
que no había un cristino[[21-4]] en el campo de batalla....
(p22)
Cuando salió la luna, me acordé de ti.—Entonces enderecé
mis pasos a la ermita de San Nicolás con intención de
esperarte.

Serían las diez de la noche. La cita era a la una, y la noche
05 antes no había yo pegado los ojos....—Me dormí, pues,
profundamente.

Al dar la una, lancé un grito y desperté.

Soñaba que habías muerto....

Miré a mi alrededor, y me encontré solo.

10 ¿Qué había sido de ti?

Dieron las dos..., las tres..., las cuatro....—¡Qué
noche de angustia!

Tú no parecías....

¡Sin duda habías muerto!...

15 Amaneció.

Entonces dejé la ermita, y me dirigí a este pueblo en busca
de los facciosos.

Llegué al salir el sol.[[22-1]]

Todos creían que yo había perecido la tarde antes....

20 Así fué que, al verme, me abrazaron, y el General me colmó
de distinciones.

En seguida supe que iban a ser fusilados veintiún[[22-2]] prisioneros.

Un presentimiento se levantó en mi alma.

—¿Será Basilio uno de ellos?—me dije.

25 Corrí, pues, hacia el lugar de la ejecución.

El cuadro estaba formado.

Oí unos tiros....

Habían empezado a fusilar.

Tendí la vista...; pero no veía....

30 Me cegaba el dolor; me desvanecía el miedo.

Al fin te distingo....

¡Ibas a morir fusilado!

Faltaban dos víctimas para llegar a ti....

¿Qué hacer?
(p23)
Me volví loco; dí un grito; te cogí entre mis brazos, y, con
una voz ronca, desgarradora, tremebunda, exclamé:

—¡Éste no! ¡Éste no, mi General!...

El General, que mandaba el cuadro, y que tanto me conocía[[23-1]]
05 por mi comportamiento de la víspera, me preguntó:

—Pues qué, ¿es músico?

Aquella palabra fué para mí lo que sería para un viejo ciego
de nacimiento ver de pronto el sol en toda su refulgencia.

La luz de la esperanza brilló a mis ojos tan súbitamente, que
10 los cegó.

—¡Músico (exclamé); sí..., sí..., mi General! ¡Es
músico! ¡Un gran músico!

Tú, entretanto, yacías sin conocimiento.

—¿Qué instrumento toca?—preguntó el General.

15 —El ... la ... el ... el...; ¡si!... ¡justo!...,
eso es..., ¡la corneta de llaves!

—¿Hace falta un corneta[[23-2]] de llaves?—preguntó el General,
volviéndose a la banda de música.

Cinco segundos, cinco siglos, tardó la contestación.

20 —Sí, mi General; hace falta—respondió el Músico mayor.

—Pues sacad a ese hombre de las filas, y que siga la ejecución
al momento....—exclamó el jefe carlista.

Entonces te cogí en mis brazos y te conduje a este calabozo.