XIV

Pensando estaba así la señá Torcuata, y ya se dirigía a las
hornillas con una sartén en cada mano, cuando se oyeron sonar
en la calle gritos y silbidos de viejas y chicuelos, y voces de
gente más formal que decía:

20 —¡Señor Alcalde! ¡Abra usted la puerta! ¡La Justicia
de la ciudad está entrando en el pueblo con mucha tropa!

Jaime Olot se puso más amarillo que la cera al oír aquellas
palabras, y dijo, cruzando las manos:

—¡Escóndame usted, señor Alcalde! ¡De lo contrario,[[106-2]] no
25 tendremos tesoro! ¡La justicia viene en mi busca!

—¿En busca de usted? ¿Por qué razón? ¿Es usted algún
criminal?

—¡Bien lo decía yo!—gritó la tía Torcuata.—¡De esa
cara triste no podía venir nada bueno! ¡Todo esto es cosa
30 de Lucifer!
(p107)
—¡Pronto! ¡pronto!—añadió el forastero.—¡Sáqueme
usted por la puerta del corral!

—¡Bien! Pero déme usted antes las señas del tesoro....—expuso
el tío Hormiga.

05 —Señor Alcalde....—seguían diciendo los que llamaban a
la puerta. —¡Abra usted! ¡El pueblo está cercado! ¡Parece
que buscan a ese hombre que habla con usted hace una
hora!...

—¡Abrid al Juzgado de primera instancia![[107-1]]—gritó por
10 último una voz imperiosa, acompañada de fuertes golpes
dados a la puerta.

—¡No hay remedio!—dijo el Alcalde, yendo a abrir, mientras
que el forastero se encaminaba por la otra puerta en busca
del corral.

15 Pero el mayoral y el cabrero, advertidos de todo, le cerraron
el paso, y entre ellos y los soldados, que ya penetraban también
por aquella puerta, lo cogieron y ataron sin contratiempo
alguno, aunque aquel diablo de hombre desplegó en la lucha
las fuerzas y la agilidad de un tigre.

20 El alguacil del Juzgado, a cuyas órdenes iban un escribano y
veinte soldados de infantería, contaba entre tanto al despavorido
Alcalde las causas y fundamentos de aquella prisión tan
aparatosa.

—Ese hombre—decía—con quien usted estaba encerrado
25 ... no sé por qué, hablando de ... no sé qué asunto, es el
célebre gallego Juan Falgueira, que degolló y robó hace quince
años a unos señores, de quienes era mulero, en cierta casería
de la vega de Granada, y que se escapó de la capilla la víspera
de la ejecución vestido con el hábito del fraile que lo auxiliaba,
30 a quien dejó allí medio estrangulado. El mismísimo Rey
(q.D.g.[[107-2]] recibió hace quince días una carta de Ceuta,
firmada por un moro llamado Manos-gordas, en que le decía
que Juan Falgueira, después de haber residido largo tiempo en(p108)
Orán y otros puntos de África, iba a embarcarse para España,
y que sería fácil echarle mano[[108-1]] en Aldeire del Cenet,
pensaba comprar una torre de moros y dedicarse a la minería....
Al propio tiempo el Cónsul español en Tetuán escribía a
05 nuestro Gobierno participándole que una mora llamada Zama
se le había presentado quejándose de que el renegado español
ben-Munuza, antes Juan Falgueira, acababa de embarcarse
para España después de asesinar al moro Manos-gordas, marido
de la querellante, y de haberle robado cierto precioso pergamino....
10 Por todo ello, y muy principalmente por el atentado
contra el fraile en la capilla, S.M. el Rey ha recomendado
con particular encarecimiento a la Chancillería[[108-2]] de Granada la
captura del tal facineroso y su inmediata ejecución en aquella
misma capital.

15 Imagínese el que leyere el espanto y asombro de todos los
que oyeron esta relación, así como la angustia del tío Hormiga,
a quien no podía caber ya duda de que el pergamino estaba en
poder de aquel hombre ¡sentenciado a muerte!

Atrevióse, pues, el codicioso Alcalde, aun a riesgo de comprometerse
20 más de lo que ya estaba, a llamar a un lado a Juan
Falgueira y a hablarle al oído, bien que anunciando antes al
concurso que iba a ver si lograba que confesase a Dios y a los
hombres sus delitos. Pero lo que hablaron en realidad ambos
socios fué lo siguiente:

25 —¡Compadre![[108-3]]—dijo el tío Hormiga.—¡Ni la Caridad[[108-4]]
lo salva[[108-5]] a usted! Pero ya conoce que será lástima que ese
pergamino se pierda.... ¡Dígame dónde lo ha escondido!

—¡Compadre!—respondió el gallego.—Con ese pergamino,
o sea[[108-6]] con el tesoro que representa, pienso yo negociar
30 mi indulto. Proporcióneme usted la Real gracia, y le entregaré
el documento; pero, por lo pronto,[[108-7]] se lo ofreceré a los
jueces para que declaren que mi crimen ha prescrito[[108-8]] en estos
quince años de expatriación....
(p109)
—¡Compadre!—replicó el tío Hormiga—es usted un
sabio, y celebraré que le salgan bien todos sus planes. Pero,
si fracasan, ¡por Dios le pido que no se lleve a la tumba un
secreto que no aprovechará a nadie!

05 —¡Vaya si me lo llevaré![[109-1]]—contestó Juan Falgueira
—¡De algún modo me he de vengar[[109-2]] del mundo!

—¡Vamos andando![[109-3]]—gritó en esto el alguacil, poniendo
término a aquella curiosa conferencia.

Y, cargado que fué de grillos y esposas el condenado a
10 muerte, salieron con él los curiales y los soldados en dirección
a la ciudad de Guadix, de donde habían de conducirlo a la de
Granada.

—¡El demonio! ¡El demonio!—seguía diciendo la mujer
del tío Juan Gómez una hora después, al colocar de nuevo el
15 lomo y la longaniza en sus respectivas orzas.—¡Malditos sean
todos los tesoros habidos y por haber![[109-4]]