XV
Excusado es decir que ni el tío Hormiga halló medio de
negociar el indulto de Juan Falgueira, ni los jueces se rebajaron
a oír seriamente los ofrecimientos que éste les hizo de un
20 tesoro porque sobreseyesen su causa, ni el terrible gallego accedió
a revelar el paradero del pergamino ni el sitio del tesoro
al impertérrito Alcalde de Aldeire, quien, con tal pretensión,
tuvo todavía estómago para ir a visitarlo a la capilla en la Cárcel
Alta de Granada.
25 Ahorcaron, pues, a Juan Falgueira el Viernes de Dolores[[109-5]] en
el paseo del Triunfo, y regresado que hubo[[109-6]] a Aldeire el tío
Hormiga el Domingo de Ramos,[[109-7]] cayó enfermo con calentura
tifoidea, agravándose de tal modo en pocos días que el Miércoles
Santo[[109-8]] se confesó e hizo testamento, y expiró el Sábado
30 de Gloria[[109-9]] por la mañana.
(p110)
Pero antes de morir mandó poner una carta[[110-1]] a D. Matías
de Quesada, reconviniéndole por su traición y latrocinio (que
habían dado lugar a que tres hombres perdiesen la vida) y perdonándole
05cristianamente, a condición de que devolviese a la
seña Torcuata los treinta y dos duros de la jícara de chocolate.
Llegó esta formidable carta a Ugíjar al mismo tiempo que la
noticia de la muerte del tío Juan Gómez; todo lo cual afectó
por tal extremo al viejo abogado que no volvió a echar más
luz,[[110-2]] y murió de allí a poco, no sin escribir a última hora una
10 terrible epístola, llena de insultos y maldiciones, a su sobrino
el maestro de la capilla de la catedral de Ceuta, acusándole de
haberle engañado y robado, y de ser causa de su muerte.
De la lectura de tan justificada y tremenda acusación dicen
que se originó la apoplejía fulminante que llevó al sepulcro a
15 D. Bonifacio.
Por manera que[[110-3]] solamente los barruntos de la existencia de
un tesoro fueron causa de cinco muertes y de otras desventuras,
quedando a la postre las cosas tan ignoradas y ocultas como
estaban al principio, puesto que la señá Torcuata, única persona
20 que ya sabía en el mundo la historia del fatal pergamino,
guardóse muy bien de volver a mentarlo en toda su vida, por
juzgar que todo aquello había sido obra del diablo y consecuencia
necesaria del trato de su marido con los enemigos del Altar
y del Trono.
25 Preguntará el lector: ¿cómo es que nosotros, sabedores de
que el tesoro está allí escondido, no hemos ido a desenterrarlo
y apoderarnos de él? Y a esto le responderemos que la curiosísima
historia del hallazgo y empleo de aquellas riquezas, con
posterioridad a[[110-4]] la muerte de la señá Torcuata, nos es también
30 perfectamente conocida, y que tal vez la refiramos, andando el
tiempo,[[110-5]] si llega a nuestra noticia que el público tiene interés en
leerla.
VALDEMORO, 6 de Julio de 1881.
(p111)
EL AÑO EN SPITZBERG[[111-1]]