Carolina Coronado
(B. 1823)
EL AMOR DE LOS AMORES
¿Cómo te llamaré para que entiendas
Que me dirijo á ti, ¡dulce amor mío!
Cuando lleguen al mundo las ofrendas
Que desde oculta soledad te envío? 25
A ti, sin nombre para mí en la tierra,
¿Cómo te llamaré con aquel nombre
Tan claro que no pueda ningún hombre
Confundirlo al cruzar por esta sierra?
¿Cómo sabrás que enamorado vivo
Siempre de ti, que me lamento sola
Del Gévora que pasa fugitivo 5
Mirando relucir ola tras ola?
Aquí estoy aguardando en una peña
A que venga el que adora el alma mía;
¿Por qué no ha de venir, si es tan risueña
La gruta que formé por si venía. 10
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Pero ¡te llamo yo, dulce amor mío,
Como si fueras tú mortal viviente!
Cuando sólo eres luz, eres ambiente,
Eres aroma, eres vapor del río.
Eres la sombra de la nube errante, 15
Eres el son del árbol que se mueve;
Y aunque á adorarte el corazón se atreve,
Tú sólo en la ilusión eres mi amante.
Mi amor, el tierno amor por el que lloro,
Eres tan sólo tú, Señor, Dios mío; 20
Si te busco y te llamo, es desvarío
De lo mucho que sufro y que te adoro.
Yo nunca te veré, porque no tienes
Ser humano, ni forma, ni presencia;
Yo siempre te amaré, porque en esencia 25
Al alma mía como amante vienes.
Nunca en tu frente sellará mi boca
El beso que al ambiente le regalo;
Siempre el suspiro que á tu amor exhalo
Vendrá á quebrarse en la insensible roca. 30
Pero cansada de penar la vida,
Cuando se apague el fuego del sentido,
Por el amor tan puro que he tenido
Tú me darás la gloria prometida.
¡Y entonces, al ceñir la eterna palma
Que ciñen tus esposas en el cielo,
El beso celestial que darte anhelo 5
Llena de gloria te dará mi alma.