Cristóbal de Castillejo

(† 1556)

CONTRA LOS QUE DEJAN LOS METROS CASTELLANOS Y SIGUEN LOS ITALIANOS

Pues la santa Inquisición 15

Suele ser tan diligente

En castigar con razón

Cualquier secta y opinión

Levantada nuevamente,

Resucítese Lucero 20

A corregir en España

Una muy nueva y extraña,

Como aquella de Lutero

En las partes de Alemaña.

Bien se pueden castigar 25

A cuenta de Anabaptistas,

Pues por ley particular

Se tornan á bautizar

Y se llaman Petrarquistas.

Han renegado la fe

De las trovas castellanas, 5

Y tras las italianas

Se pierden, diciendo que

Son más ricas y galanas.

El juicio de lo cual

Yo lo dejo á quien más sabe; 10

Pero juzgar nadie mal

De su patria natural

En gentileza no cabe;

Y aquella cristiana musa

Del famoso Juan de Mena, 15

Sintiendo desto gran pena,

Por infieles los acusa

Y de aleves los condena.

«Recuerde el alma dormida,»

Dice don Jorge Manrique; 20

Y mostróse muy sentida

De cosa tan atrevida,

Porque más no se platique.

Garci-Sánchez respondió:

«¡Quién me otorgase, Señora, 25

Vida y seso en esta hora

Para entrar en campo yo

Con gente tan pecadora!»

«Si algún Dios de amor había,

Dijo luego Cartagena, 30

Muestre aquí su valentía

Contra tan gran osadía,

Venida de tierra ajena.»

Torres Naharro replica:

«Por hacer, Amor, tus hechos

Consientes tales despechos,

Y que nuestra España rica

Se prive de sus derechos.»

Dios dé su gloria á Boscán 5

Y á Garcilaso, poeta,

Que con no pequeño afán

Y con estilo galán

Sostuvieron esta seta,

Y la dejaron acá 10

Ya sembrada entre la gente;

Por lo cual debidamente

Les vino lo que dirá

Este soneto siguiente:

SONETO

Garcilaso y Boscán, siendo llegados 15

Al lugar donde están los trovadores

Que en nuestra lengua y sus primores

Fueron en este siglo señalados,

Los unos á los otros alterados

Se miran, demudadas las colores, 20

Temiéndose que fuesen corredores

Ó espías ó enemigos desmandados;

Y juzgando primero por el traje,

Pareciéronles ser, como debía,

Gentiles españoles caballeros; 25

Y oyéndoles hablar nuevo lenguaje,

Mezclado de extranjera poesía,

Con ojos los miraban de extranjeros.

. . . . . . . . . .

. . . . . . . . . .

SONETO

Musas italianas y latinas,

Gente en estas partes tan extraña,

¿Cómo habéis venido á nuestra España,

Tan nuevas y hermosas clavellinas?

Ó ¿quién os ha traído á ser vecinas 5

Del Tajo y de sus montes y campaña?

Ó ¿quién es el que os guía ó acompaña

De tierras tan ajenas peregrinas?—

Don Diego de Mendoza y Garcilaso

Nos trujeron, y Boscán y Luis de Haro, 10

Por orden y favor del dios Apolo,

Los dos llevó la muerte paso á paso,

El otro Solimán, y por amparo

Solo queda don Diego, y basta solo.