Esteban Manuel de Villegas
(1596–1669)
CANTILENA: DE UN PAJARILLO
Yo ví sobre un tomillo
Quejarse un pajarillo, 20
Viendo su nido amado,
De quien era caudillo,
De un labrador robado.
Víle tan congojado
Por tal atrevimiento
Dar mil quejas al viento,
Para que al cielo santo 5
Lleve su tierno llanto,
Lleve su triste acento.
Ya con triste armonía,
Esforzando el intento,
Mil quejas repetía; 10
Ya cansado callaba,
Y al nuevo sentimiento
Ya sonoro volvía.
Ya circular volaba,
Ya rastrero corría, 15
Ya pues de rama en rama
Al rústico seguía;
Y saltando en la grama,
Parece que decía:
«Dame, rústico fiero, 20
Mi dulce compañía;»
Y que le respondía
El rústico: «No quiero.»
CANTILENA: DEL AMOR Y LA ABEJA
Aquellos dos verdugos
De las flores y pechos, 25
El amor y la abeja,
A un rosal concurrieron.
Lleva armado el muchacho
De saetas el cuello,
Y la bestia su pico 30
De aguijones de hierro.
Ella va susurrando,
Caracoles haciendo,
Y él criando mil risas
Y cantando mil versos;
Pero dieron venganza 5
Luego á flores y pechos,
Ella muerta quedando
Y él herido volviendo.
ODA: AL CÉFIRO
Dulce vecino de la verde selva,
Huésped eterno del Abril florido, 10
Vital aliento de la madre Venus,
Céfiro blando,
Si de mis ansias el amor supiste,
Tú, que las quejas de mi voz llevaste,
Oye, no temas, y á mi ninfa dile, 15
Dile que muero.
Filis un tiempo mi dolor sabía,
Filis un tiempo mi dolor lloraba;
Quísome un tiempo, mas agora temo,
Temo sus iras. 20
Así los dioses, con amor paterno,
Así los cielos, con amor benigno,
Niegan al tiempo que feliz volares
Nieve á la tierra.
Jamás el peso de la nube parda, 25
Cuando amenace la elevada cumbre,
Toque tus hombros, ni su mal granizo
Hiera tus alas.