Francisco de Borja, Principe de Esquilache
(1581–1658)
CANCIÓN
Fuentecillas que reis,
Y con la arena jugáis,
¿Dónde vais? 15
Pues de las flores huis
Y los peñascos buscáis,
Si reposáis
Donde con calma dormís,
¿Por qué corréis y os cansáis? 20
CANCIÓN
Pajarillo que cantas
Cuando con tristes quejas
Al dispertar el día te levantas,
Y enternecida dejas
La umbrosa selva que escuchó tu llanto,
Calla, no llores tanto:
Que es agravio y desdicha del que llora
Sentir sus quejas y reir la aurora.
Canta la noche fría 5
En las dormidas ramas,
De tu dolor funesta compañía;
Descansa, cuando llamas
Al sol hermoso que los campos viste,
Logra su ausencia triste; 10
Que es agravio y desdicha del que llora
Sentir sus quejas y reir la aurora.
En este verde soto
Escucharán tus males
Del más vecino al sauce más remoto, 15
Y el agua en sus umbrales
De verde yerba, de doradas flores,
Prenderán tus amores;
Que es agravio y desdicha del que llora
Sentir sus quejas y reir la aurora. 20
No quieras más aliento
Que en tus tristes congojas
La piadosa atención del manso viento,
Y que duerman las hojas
Al dulce son de tus querellas graves, 25
Envidia de otras aves;
Que es agravio y desdicha del que llora
Sentir sus quejas y reir la aurora.
CANCIÓN
Si alegres y risueñas
Corren las claras fuentes 30
Entre perlas lucientes,
A reir las enseñas;
Y si corren aprisa,
Imitan más la gracia de tu risa.
No ríe la mañana,
Que soñolienta y fría 5
Sale á hospedar el día,
Vestida de oro y grana,
Si primera no ríes,
Y dejas qué copiar en tus rubíes.
También quiere imitarle, 10
Cuando el sol reverbera,
La dulce primavera;
Y cuando Abril se parte,
Hace el primer ensayo
Al paso de tu risa el suave Mayo. 15
Pensaban, engañados,
Que las selvas reían
Los mismos que creían
La risa de los prados.
Todos, Silvia, mintieron; 20
Que sin verte reir, jamás rieron.
Los más fieros tiranos,
Que menos se recatan,
No ríen cuando matan;
Y aunque muere á sus manos 25
Con piedad el aurora,
La dulce muerte de la noche llora.
Tu risa son enojos,
Porque matas riendo,
Y lloran (desmintiendo 30
A tu boca) mis ojos;
Y es lo que precian tanto,
Risa en tus labios, y en mis ojos llanto.