Fray Diego González

(1733–1794)

TRADUCCIÓN DEL SALMO VIII

¡Cuán grande y admirable,

Oh Señor, en quien nuestro bien se encierra, 30

Es tu nombre adorable

En todo cuanto cierra

La redondez inmensa de la tierra!

Pues la magnificencia

Que en tus excelsas obras se ha mostrado, 35

En poderío y ciencia

Así ha sobrepujado,

Que más que el alto cielo se ha elevado.

Sacaste tú alabanza

De infantil boca, que aun enjuga el pecho; 40

La enemiga alianza

Confundida, y deshecho

El odio vengador y su despecho.

Que si los cielos miro,

Esmero de tu mano omnipotente,

Y el desvelado giro 5

De la luna luciente,

Y de estrellas el coro refulgente,

Luego digo, admirando:

¿Qué es el hombre, que tanto le encareces

Tu amor, ó el engendrado 10

Del hombre, que mil veces

Con tu visitación le favoreces?

Poco menos le hiciste

Que el ángel, y de honor le coronaste

Y gloria, y le pusiste, 15

Luego que le formaste,

Sobre todas las cosas que criaste.

Y todo sometido

Lo dejaste á sus pies y á su mandado;

El rebaño vestido 20

De lana, el buey pausado,

Y cuanto pace yerba en monte ó prado;

Y las ligeras aves,

Que alzan el vuelo á la región vacía.

Y los pescados graves, 25

Que cruzan á porfía

Las sendas de la mar salada y fría.

¡Cuán grande y admirable,

Oh Señor, en quien nuestro bien se encierra,

Es tu nombre adorable 30

En todo cuanto cierra

La redondez inmensa de la tierra!

Al Padre poderoso,

Al Hijo sin fin sabio, y al supremo

Espíritu amoroso

Se dé el honor eterno

Ahora y siempre y por siglo sempiterno.

EL MURCIÉLAGO ALEVOSO

Estaba Mirta bella

Cierta noche formando en su aposento, 5

Con gracioso talento,

Una tierna canción, y porque en ella

Satisfacer á Delio meditaba,

Que de su fe dudaba,

Con vehemente expresión le encarecía 10

El fuego que en su casto pecho ardía.

Y estando divertida,

Un murciélago fiero, ¡suerte insana!

Entró por la ventana;

Mirta dejó la pluma, sorprendida, 15

Temió, gimió, dió voces, vino gente;

Y al querer diligente

Ocultar la canción, los versos bellos

De borrones llenó, por recogellos.

Y Delio, noticioso 20

Del caso que en su daño había pasado,

Justamente enojado

Con el fiero murciélago alevoso,

Que había la canción interrumpido,

Y á su Mirta afligido, 25

En cólera y furor se consumía,

Y así á la ave funesta maldecía:

«Oh monstruo de ave y bruto,

Que cifras lo peor de bruto y ave,

Visión nocturna grave, 30

Nuevo horror de las sombras, nuevo luto,

De la luz enemigo declarado,

Nuncio desventurado

De la tiniebla y de la noche fría,

¿Qué tienes tú que hacer donde está el día?

«Tus obras y figura 5

Maldigan de común las otras aves,

Que cánticos suaves

Tributan cada día á la alba pura;

Y porque mi ventura interrumpiste,

Y á su autor afligiste, 10

Todo el mal y desastre te suceda

Que á un murciélago vil suceder pueda.

«La lluvia repetida,

Que viene de lo alto arrebatada,

Tan sólo reservada 15

A las noches, se oponga á tu salida;

Ó el relámpago pronto reluciente

Te ciegue y amedrente;

Ó soplando del Norte recio el viento,

No permita un mosquito á tu alimento. 20

«La dueña melindrosa,

Tras el tapiz do tienes tu manida,

Te juzgue, inadvertida,

Por telaraña sucia y asquerosa,

Y con la escoba al suelo te derribe; 25

Y al ver que bulle y vive,

Tan fiera y tan ridícula figura,

Suelte la escoba y huya con presura.

«Y luego sobrevenga,

El juguetón gatillo bullicioso, 30

Y primero medroso

Al verte, se retire y se contenga,

Y bufe y se espeluce horrorizado,

Y alce el rabo esponjado,

Y el espinazo en arco suba al cielo,

Y con los pies apenas toque el suelo.

«Mas luego recobrado,

Y del primer horror convalecido,

El pecho al suelo unido, 5

Traiga el rabo del uno al otro lado,

Y cosido en la tierra, observe atento;

Y cada movimiento

Que en ti llegue á notar su perspicacia,

Le provoque al asalto y le dé audacia. 10

«En fin sobre ti venga,

Te acometa y ultraje sin recelo,

Te arrastre por el suelo,

Y á costa de tu daño se entretenga;

Y por caso las uñas afiladas 15

En tus alas clavadas,

Por echarte de sí con sobresalto,

Te arroje muchas veces á lo alto.

«Y acuda á tus chillidos

El muchacho, y convoque á sus iguales, 20

Que con los animales

Suelen ser comúnmente desabridos;

Que á todos nos dotó naturaleza

De entrañas de fiereza,

Hasta que ya la edad ó la cultura 25

Nos dan humanidad y más cordura.

«Entre con algazara

La pueril tropa, al daño prevenida,

Y lazada oprimida

Te echen al cuello con fiereza rara; 30

Y al oirte chillar alcen el grito

Y te llamen maldito;

Y creyéndote al fin del diablo imagen,

Te abominen, te escupan y te ultrajen.

«Luego por las telillas

De tus alas te claven el postigo,

Y se burlen contigo,

Y al hocico te apliquen candelillas,

Y se rían con duros corazones 5

De tus gestos y acciones,

Y á tus tristes querellas ponderadas

Correspondan con fiesta y carcajadas.

«Y todos bien armados

De piedras, de navajas,de aguijones, 10

De clavos, de punzones,

De palos por los cabos afilados

(De diversión y fiesta ya rendidos),

Te embistan atrevidos,

Y te quiten la vida con presteza, 15

Consumando en el modo su fiereza.

«Te puncen y te sajen,

Te tundan, te golpeen, te martillen,

Te piquen, te acribillen,

Te dividan, te corten y te rajen, 20

Te desmiembren, te partan, te degüellen,

Te hiendan, te desuellen,

Te estrujen, te aporreen, te magullen,

Te deshagan, confundan y aturrullen.

«Y las supersticiones 25

De las viejas creyendo realidades,

Por ver curiosidades,

En tu sangre humedezcan algodones;

Para encenderlos en la noche oscura,

Creyendo sin cordura 30

Que verán en el aire culebrinas

Y otras tristes visiones peregrinas.

«Muerto ya, te dispongan

El entierro, te lleven arrastrando,

Gori, gori, cantando,

Y en dos filas delante se compongan

Y otras, fingiendo voces lastimeras,

Sigan de plañideras,

Y dirijan entierro tan gracioso 5

Al muladar más sucio y asqueroso;

«Y en aquella basura

Un hoyo hondo y capaz te faciliten,

Y en él te depositen,

Y allí te den debida sepultura; 10

Y para hacer eterna tu memoria,

Compendiada tu historia

Pongan en una losa duradera,

Cuya letra dirá de esta manera.

Epitafio

«Aquí yace el murciélago alevoso, 15

Que al sol horrorizó y ahuyentó el día,

De pueril saña triunfo lastimoso,

Con cruel muerte pagó su alevosía:

No sigas, caminante, presuroso,

Hasta decir sobre esta losa fría: 20

Acontezca tal fin y tal estrella

A aquel que mal hiciere á Mirta bella.»