Juan Meléndez Valdés
(1754–1817)
ODA: Á UN RUISEÑOR
¡Con qué alegres cantares 20
Oh ruiseñor, celebras
Tu dicha, y de tu amada
El tierno afán recreas!
Ella del blando nido
Te responde halagueña 25
Con piadas süaves,
Y se angustia si cesas.
Las otras aves callan;
Y el eco tus querellas
Con voz aduladora
Repite por la selva;
Mientras el cefirillo, 5
De invidioso, te inquieta,
Las hojas agitando
Con ala más traviesa.
Tú cesas y te turbas:
Atento adonde suena 10
Te vuelves, y cobarde
De ramo en ramo vuelas.
Mas luego ya seguro,
Los silbos le remedas,
El triunfo solemnizas, 15
Y tornas á tus quejas.
Así la noche engañas,
Y el sol, cuando despierta,
Aun goza la armonía
De tu amorosa vela. 20
¡Oh avecilla felice!
¡Oh! ¡qué bien la fineza
De tu pecho encareces
Con tu voz lisonjera!
Ya pías cariñoso, 25
Ya más alto gorjeas,
Ya al ardor que te agita,
Tu garganta enajenas.
¡Oh! no ceses, no ceses
En tan dulce tarea, 30
Que en delicias de oirte
Mi espíritu se anega.
Así el cielo tu nido
De asechanzas defienda,
Y tu amable consorte
Fiel por siempre te sea.
Yo también soy cautivo:
También yo, si tuviera
Tu piquito agradable, 5
Te diría mis penas;
Y en sencillos coloquios
Alternando las letras,
Tú cantaras tus glorias,
Y yo mi fe sincera; 10
Que los malignos hombres
Burlan de la inocencia,
Y expónese á su risa
Quien su dicha les cuenta.
ROMANCE: LA LLUVIA
Bien venida ¡oh lluvia! seas 15
A refrescar nuestros valles,
Y á traernos la abundancia
Con tu rocío agradable.
Bien vengas á dar la vida
A las flores, que fragantes, 20
Para mejor recibirte,
Rompen ya su tierno cáliz;
Do á sus galanos colores,
En primoroso contraste,
Tus perlas, del sol heridas, 25
Brillan cual ricos diamantes.
Bien vengáis, alegres aguas,
Fausto alivio del cobarde
Labrador, que ya temía
Malogrados sus afanes. 30
Bajad, bajad; que la tierra
Su agostado seno os abre,
Do os aguardan mil semillas
Para al punto fecundarse.
Bajad, y del mustio prado
Vuestro humor la sed apague,
Y su lánguida verdura 5
Reanimada se levante;
Tejiendo un muelle tapete,
Cuyo hermoso verde manchen
Los más vistosos matices
Como en agraciado esmalte. 10
Bajad, bajad en las alas
Del vago viento; empapadle
En frescura deleitosa,
Y el pecho lo aspire fácil.
Bajad; ¡oh, cómo al oído 15
Encanta el ruido süave
Que entre las trémulas hojas,
Cayendo, las gotas hacen!
. . . . . . . . . .
LETRILLA: Á UNOS LINDOS OJOS
Tus lindos ojuelos
Me matan de amor.
Ora vagos giren,
Ó párense atentos, 20
Ó miren exentos,
Ó lánguidos miren,
Ó injustos se aïren
Culpando mi ardor,
Tus lindos ojuelos 25
Me matan de amor.
Si al fanal del día
Emulando ardientes,
Alientan clementes
La esperanza mía, 30
Y en su halago fía
Mi crédulo error,
Tus lindos ojuelos
Me matan de amor.
Si evitan, arteros, 35
Encontrar los míos,
Sus falsos desvíos
Me son lisonjeros.
Negándome fieros
Su dulce favor,
Tus lindos ojuelos
Me matan de amor.
Los cierras burlando, 5
Y ya no hay amores,
Sus flechas y ardores
Tu juego apagando:
Yo entonces, temblando,
Clamo en tanto horror: 10
Tus lindos ojuelos
Me matan de amor.
Los abres riente,
Y el amor renace,
Y en gozar se place 15
De su nuevo oriente;
Cantando demente
Yo al ver su fulgor:
Tus lindos ojuelos
Me matan de amor. 20
Tórnalos, te ruego,
Niña, hacia otro lado,
Que casi he cegado
De mirar su fuego
¡Ay! tórnales luego; 25
No con más rigor
Tus lindos ojuelos
Me matan de amor.