Ignacio de Luzán
(1702–1754)
CANCIÓN
I
Ya vuelve el triste invierno,
Desde el confín del Sármata aterido,
A turbar nuestros claros horizontes
Con el ceñudo aspecto y faz rugosa,
Con que, á influjos de la Osa, 5
Manda intratable en los rifeos montes
Y en la Zembla polar, donde temido
Señor de eterna nieve y hielo eterno,
Con tirano gobierno,
La entrada niega á todo trato humano; 10
El piloto holandés se atreve en vano,
Ávido pescador del Ceto inmenso,
A surcar codicioso
El piélago glacial; el frío intenso
Pára su rumbo, y deja riguroso 15
En remota región, lejos del puerto,
La quilla inmoble, el navegante yerto.
II
La hermosa primavera
Desterrará al invierno, coronada
La bella frente de jazmín y rosa, 20
Cual iris que en las nubes aparece;
Se alegra y reverdece
A su vista la tierra, y olorosa
Recrea los sentidos, recobrada
La lozanía y juventud primera.
Poco antes prisionera 5
La fuentecilla de enemigo hielo,
Ya entonces libre fertiliza el suelo,
Y nuevas yerbas alimenta y cría;
Robles, hayas y pinos
Vuelven á hacer la selva más umbría; 10
En tanto al aire mil suaves trinos
Esparcen las canoras avecillas,
Más agradables cuanto más sencillas.
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