José de Cadalso

(1741–1782)

SOBRE SER LA POESÍA UN ESTUDIO FRÍVOLO

Llegóse á mí con el semblante adusto, 10

Con estirada ceja y cuello erguido

(Capaz de dar un peligroso susto

Al tierno pecho del rapaz Cupido),

Un animal de los que llaman sabios,

Y de este modo abrió sus secos labios: 15

«No cantes más de amor. Desde este día

Has de olvidar hasta su necio nombre;

Aplícate á la gran filosofía;

Sea tu libro el corazón del hombre.»

Fuése, dejando mi alma sorprendida 20

De la llegada, arenga y despedida.

¡Adiós, Filis, adiós! No más amores,

No más requiebros, gustos y dulzuras,

No más decirte halagos, darte flores,

No más mezclar los celos con ternuras, 25

No más cantar por monte, selva ó prado

Tu dulce nombre al eco enamorado;

No más llevarte flores escogidas,

Ni de mis palomitas los hijuelos,

Ni leche de mis vacas más queridas,

Ni pedirte ni darte ya más celos,

Ni más jurarte mi constancia pura, 5

Por Venus, por mi fe, por tu hermosura.

No más pedirte que tu blanca diestra

En mi sombrero ponga el fino lazo,

Que en sus colores tu firmeza muestra,

Que allí le colocó tu airoso brazo; 10

No más entre los dos un albedrío;

Tuyo mi corazón, el tuyo mío.

Filósofo he de ser, y tú, que oíste

Mis versos amorosos algún día,

Oye sentencias con estilo triste 15

Ó lúgubres acentos, Filis mía,

Y di si aquel que requebrarte sabe,

Sabe también hablar en tono grave.